El Guernica vuelve a dividir a Madrid y Euskadi: los antecedentes del nuevo pulso entre el Gobierno vasco y Cultura

Un informe técnico del Museo Reina Sofía, donde actualmente se expone la obra magna de Pablo Picasso, desaconseja "rotundamente" su traslado al Guggenheim, como solicita el Gobierno vasco

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Cuadro del Guernica en el Museo Reina Sofía | Europa Press

Cuadro del Guernica en el Museo Reina Sofía | Europa Press

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Qué hacer con el Gernica es un interrogante que el Gobierno vasco lleva años poniendo sobre la mesa. El lienzo más reconocido del pintor malagueño Pablo Picasso fue encargado por el Gobierno de la República para la Exposición Internacional de París celebrada en 1937, convirtiéndose en un auténtico símbolo de la resistencia antifranquista, un grito contra los horrores de la guerra y, también, un emblema para el pueblo vasco.

Esta semana, el Gobierno de Euskadi ha solicitado formalmente que el cuadro se traslade temporalmente al Museo Guggenheim de Bilbao entre octubre de 2026 y junio de 2027, coincidiendo con el 90º aniversario del primer Ejecutivo Vasco y del bombardeo de Guernica.

La localidad vizcaína fue atacada en una ofensiva aérea el 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil, a manos de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana. Era día de mercado y la cifra de víctimas mortales oscila entre las 150 y 1.500 personas, según la fuente.

Para las autoridades vascas, esta operación no sería únicamente cultural, sino que se enmarca en lo que a su entender es una reparación simbólica y política que llevan años reclamando sin éxito.

La obra, que mide casi ocho metros y pesa más de 500 kilos con su estructura de transporte, lleva más de cuatro décadas instalada en la sala 206 del Museo Reina Sofía de Madrid. Regresó de Nueva York en 1981, seis años después de la muerte del dictador Francisco Franco y tras más de cuatro décadas de exilio. Cada petición de préstamo ha sido rechazada por razones de conservación, y esta vez no ha sido diferente.

Varios periódicos que componen la exposición ‘Picasso. El viaje del Guernica’ | Patricia Galindo
Varios periódicos que componen la exposición ‘Picasso. El viaje del Guernica’ | Patricia Galindo -

El informe técnico que desaconseja "rotundamente" su traslado

Me parecería un grave error político cerrar la puerta a esta cuestión”. Así se lo trasladó el lehendakari, Imanol Pradales, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una visita al Palacio de la Moncloa. Para Pradales, su traslado se traduciría en un gesto de memoria histórica y “reparación simbólica”.

El lienzo cubista compartió espacio con la Alemania nazi en ese pabellón instalado en Paris en plena Guerra Civil. "Luchamos por la independencia de nuestro país y por el derecho del pueblo español a determinar su propio destino", rezaba el cartel instalado por el Gobierno republicano junto a la obra.

Pero las pretensiones republicanas se vieron frustradas tras la victoria sublevada, y el cuadro se embarcó en un viaje de no retorno. Picasso insistió en que la obra no debía regresar a España hasta que las libertades públicas no se vieran restauradas en el país, por lo que se trasladó para quedarse a Estados Unidos, donde se expuso en el hoy conocido como el MoMa (Museo de Arte Moderno de Nueva York).

Pero en ese y otros viajes, el lienzo sufrió daños irreparables. El pasado 26 de marzo, el Departamento de Conservación-Restauración del Museo Reina Sofía emitió un dictamen de 16 páginas en el que se “desaconseja rotundamente” mover la obra por los riesgos que conlleva. Grietas, craquelados, microfisuras y pérdidas de policromía, son algunas de las condiciones que la convierten en un lienzo extremadamente frágil.

Los técnicos subrayan que los daños actuales se deben tanto a la técnica pictórica de Picasso como a los más de 30 traslados que ha sufrido la obra entre la década de 1930 y su llegada a España.

Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido acompañando al Guernica de Picasso en su regreso a España”. Con estas palabras comunicó la tripulación de un vuelo de Iberia, que aterrizó en Barajas a las 8:27 del 10 de octubre de 1981, a sus 319 pasajeros la valiosa mercancía que les acompañaba en bodega.

El informe del Reina Sofía alerta de que las vibraciones en un nuevo traslado podrían generar nuevas grietas, levantamientos de pintura y desgarros en el soporte, y que la obra “no puede enrollarse”, debiendo permanecer siempre en posición vertical bajo condiciones de temperatura y humedad estables.

Las condiciones para un traslado seguro

El Gobierno Vasco no pone en duda la fragilidad de la obra. Lo que reclama es que se estudien las condiciones bajo las que un traslado seguro sería posible.

En línea con las palabras de Pradales, la vicelehendakari Ibone Bengoetxea, insistió por su parte esta semana en que no han solicitado un informe sobre la conservación del cuadro, sino saber "cuáles serían las condiciones óptimas para que ese cuadro pudiera venir a casa".

A la petición del Gobierno vasco se ha sumado el propio Ayuntamiento de la villa vizcaína de Gernika.

En un acto institucional celebrado con motivo del pasado 1 de abril -día en que Francisco Franco, pero de 1939, ofrecía su reconocido parte oficial de guerra anunciando el fin de la contienda- el consistorio desplegó dos grandes pancartas en la fachada del Consistorio con el lema “No a la Guerra”, además de reclamar que la obra de Picasso sea trasladada a la localidad en homenaje a las víctimas del bombardeo. 

El Gobierno insiste en que su responsabilidad es proteger el patrimonio nacional

El rechazo del Reina Sofía tiene precedentes. En 1997, museo madrileño se negó a exhibir la obra en la inauguración del Guggenheim bilbaíno. En el año 2000 se lo negó al Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 2006, al Museo Real de Ontario y en 2007 al propio Gobierno vasco.

Al rechazo de la iniciativa se ha sumado también el Gobierno central. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, asegura que su responsabilidad es proteger el patrimonio nacional, por lo que el Guernica, que "no es un cuadro cualquiera", deberá permanecer en Madrid para garantizar su integridad. 

"Celebrar el 90º aniversario de Guernica significa garantizar que esta obra pueda cumplir 90 años más”, resaltó el martes durante la sesión de control al Gobierno en el Senado, donde fue interpelado por el senador del PNV Igotz López

En escenarios como estos, matizó el ministro, conviene a su juicio "escuchar siempre a los técnicos" y "particularmente a aquellos que llevan más de 30 años cuidando la obra para conservarla como es debido".

Para Ayuso, una "catetada"

Coincide con el ministro la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Lo hace en la forma, aunque no en el tono.

La dirigente madrileña llegó a tildar el lunes de "catetada" la petición vasca y sotuvo que la iniciativa responde, a su juicio, a dinámicas vinculadas al “nacionalismo” y al “agravio político”, asegurando que este tipo de planteamientos contribuyen a una división del patrimonio cultural común.

Asimismo, la dirigente autonómica reconoció que las obras de arte pueden desplazarse entre museos, pero advirtió de los riesgos que, en su opinión, implicaría el traslado del cuadro, tanto por motivos de conservación como por el uso político del debate.

La obra nómada que cerró una etapa política

Oslo, Copenhague, Estocolmo y Gotemburgo en 1938. Londres, Leeds, Liverpool y Mánchester entre ese año y 1939. Tras su gira europea, y con una parada en la Bienal de São Paulo (Brasil) en 1953, el transatlántico SS Normandie puso rumbo a la costa oeste estadounidense con la preciada obra en su  interior. Desde 1958, el Guernica permaneció en el MoMA hasta su regreso a España.

En 1968, Franco llegó a mostrar interés por el lienzo, según apunta una carta documentada del almirante Luis Carrero Blanco. Pero el dictador pasó por alto un detalle. España no garantizaba esas libertades públicas anheladas por Picasso, sobre las que el pintor condicionó el regreso de su obra. Tras su muerte en 1973, y la del dictador, en 1975, el Gobierno español inició los trámites para traer de vuelta el lienzo. 

Una vez constituidas las Cortes en el verano de 1977, sus señorías acordaron solicitar la obra al gobierno de Estados Unidos. En abril de ese año, se conmemoró el 40º aniversario del bombardeo de Gernika. Por su parte, el Congreso estadounidense resolvió que el cuadro debía ser devuelto cuanto antes al "pueblo español".

Adscrito en un primer momento al Museo del Prado de Madrid, fue expuesto algo más de una década en el Casón del Buen Retiro, donde permaneció un tiempo protegido por un vidrio antibalas y bajo vigilancia policial. Posteriormente, en 1992, en el contexto de la reorganización de las colecciones nacionales, fue trasladado al Museo Reina Sofía, transportado, sin enrrollar, por el Paseo de la Castellana.

"Es un reto que tenía muchos flancos, decidimos que no se volviera a enrrollar porque era muy delicado (...) Escogimos hasta el día y la ruta: el día siguiente a la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona, para que el eco mediático fuera menor". Lo explica Felipe Garín Llombart, director del Prado entre 1991 y 1993, en una entrevista que recoge en su página web el propio museo.

Su traslado a Madrid cerró otra etapa política en una joven democracia que se abría camino.