Cómo Indra se ha convertido en un actor clave en la defensa europea

Indra se ha convertido en una de las piezas más sensibles del engranaje industrial y estratégico de España en plena aceleración del gasto militar europeo

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Angel Escribano, presidente de Indra

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La tecnológica española Indra combina un peso creciente en Defensa -sensores, electrónica, mando y control, ciberseguridad y sistemas- con un papel cada vez más visible en el debate sobre soberanía estratégica de la Unión Europea. Esa doble condición -industrial y geopolítica- explica buena parte del rally bursátil que la llevó a liderar el Ibex 35 en 2025, con una revalorización del 184,19%, y a consolidarse como uno de los valores más observados del mercado en el inicio de 2026.

No solo una empresa: un activo estratégico

La relevancia de Indra trasciende el perímetro corporativo. Su papel como integrador de sistemas críticos y desarrollador de tecnologías clave encaja con uno de los grandes objetivos de Bruselas: reducir dependencias externas en capacidades militares y reforzar una base industrial europea propia.

En un contexto marcado por la guerra de Ucrania, la presión de la OTAN para elevar el gasto en defensa y el giro estratégico de la UE hacia su autonomía, Indra aparece como una de las pocas compañías españolas con capacidad real de ejecución en programas complejos.

El papel europeo: Fondo de Defensa y tecnologías multidominio

Indra subraya su protagonismo en el Fondo Europeo de Defensa (EDF) con participación en decenas de proyectos y liderazgo en varios de ellos. El foco está puesto en tecnologías multidominio -tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio-, exactamente el tipo de capacidades que la Comisión Europea quiere "europeizar" para sostener su autonomía estratégica a medio plazo.

Este posicionamiento refuerza la narrativa de Indra como algo más que un “campeón nacional”: un actor estructural del ecosistema de defensa europeo.

Espacio y satélites: la operación Hispasat

A esa estrategia se suma el movimiento corporativo aprobado por la junta de accionistas de la compañía: la compra del 89,68% de Hispasat por 725 millones de euros. La operación, según la información publicada, permite además a Indra tomar el control de Hisdesat, la rama militar del operador de satélites.

Con ello, gana peso en el ámbito espacial, uno de los vectores estratégicos más sensibles para la defensa, las comunicaciones seguras y la soberanía tecnológica.

El nudo estratégico: EM&E

En paralelo, la potencial integración de la empresa con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) se ha convertido en el gran nudo estratégico y de gobernanza de Indra. La operación permitiría reforzar capacidades industriales en defensa -plataformas terrestres, industrialización y cadena de suministro- y dotar de mayor coherencia a la ambición de la compañía como campeón nacional con capacidad de entrega real.

En pleno ciclo de rearme europeo, la capacidad de fabricar, integrar y escalar producción es un factor tan crítico como el desarrollo tecnológico.

Comportamiento bursátil

El viento de cola estratégico  de Indra se ha reflejado en el parqué. Tras liderar el Ibex 35 en 2025, Indra arrancó 2026 manteniendo el impulso: en los primeros compases del año sus acciones rozaron los 60 euros y marcaron un máximo histórico en 58,9 euros por título, lo que suponía una revalorización del 21,34% en apenas semanas.


Pese a la volatilidad del mercado estas últimas semanas -hoy el Ibex caía lastrado por Santander- el consenso sigue situando el precio objetivo medio de sus acciones por encima de las cotizaciones alcanzadas.