Indra coloca a España en el centro de la defensa aérea de Ucrania con un radar clave frente a los drones rusos

Ucrania ha encontrado en Indra una de las piezas tecnológicas que llevaba meses reclamando a sus aliados. La entrega del radar Lanza LTR-25, desarrollado por la compañía española, supone un salto cualitativo en la capacidad de defensa aérea ucraniana frente a los ataques masivos con drones y misiles lanzados por Rusia

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El presidente de Indra Group, Ángel Escribano, durante una rueda de prensa, en la sede de Indra, a 26 de febrero de 2025, en Madrid (España). Alberto Ortega - Europa Press

El presidente de Indra Group, Ángel Escribano, durante una rueda de prensa, en la sede de Indra, a 26 de febrero de 2025, en Madrid (España). Alberto Ortega - Europa Press

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Desde el inicio de la invasión, Kiev ha librado una batalla paralela al frente militar: convencer a sus socios de qué capacidades necesitaba y hasta dónde podían llegar las ayudas sin cruzar líneas políticas sensibles. En ese contexto, la defensa aérea de largo alcance se convirtió durante meses en uno de los grandes cuellos de botella del conflicto.

Un radar que cambia el cálculo defensivo

La llegada del LTR-25 permite cubrir ese vacío. El sistema ofrece detección de amenazas a más de 450 kilómetros, lo que amplía de forma significativa el tiempo de reacción frente a drones Shahed, misiles de crucero, sistemas balísticos e incluso aeronaves con baja firma radar.

No se trata de un prototipo ni de una tecnología en desarrollo. El radar, diseñado y fabricado por Indra, está ya validado por la OTAN y desplegado en el flanco oriental de la Alianza, donde ha demostrado su eficacia en entornos saturados de interferencias y guerra electrónica. Además, está preparado para integrarse sin fricciones con las baterías occidentales que protegen el espacio aéreo ucraniano.

Tecnología española en el escenario más exigente

El LTR-25 opera en banda L, con arquitectura de matriz en fase y formación digital de haz, lo que le permite rastrear cientos de objetivos simultáneamente incluso bajo ataque electrónico. Esta capacidad es clave en un conflicto donde Rusia ha apostado por ataques aéreos combinados y de saturación como instrumento principal de desgaste.

Fuentes militares subrayan que el valor del sistema no reside solo en la interceptación, sino en proporcionar los “ojos” necesarios para anticipar los ataques, coordinar defensas y reducir vulnerabilidades estructurales. En la práctica, el radar amplía la profundidad defensiva de Ucrania y refuerza la eficacia de los sistemas ya desplegados.

Indra y el liderazgo industrial español

El envío del LTR-25 se inscribe en un giro más amplio de la política española hacia Ucrania, pero también consolida a Indra como uno de los actores industriales clave de Europa en sistemas de defensa aérea. La compañía, con más de 61.000 empleados y una amplia red de proveedores tecnológicos, actúa como empresa tractora de un ecosistema industrial que combina soberanía tecnológica, empleo cualificado y capacidad exportadora.

No es un movimiento aislado. En paralelo a su impacto industrial y estratégico, Indra ha sido recientemente una de las primeras compañías del Ibex 35 en obtener el certificado ‘Quality Assessment Review’ del Institute of Internal Auditors (IIA), un reconocimiento internacional a la solidez de sus prácticas de auditoría interna y gobierno corporativo.

Más que armamento: capacidad estructural

Mientras otros aliados han mostrado reticencias a ceder sensores estratégicos de largo alcance, España -a través de Indra- ha aportado una capacidad crítica que Ucrania llevaba tiempo reclamando. No son solo interceptores: es la capacidad de ver venir el ataque, anticiparse y organizar la defensa.

En un conflicto marcado por la tecnología y la guerra electrónica, el LTR-25 sitúa a la industria española en una posición central. Indra no solo suministra un radar: aporta una capacidad estructural que altera el equilibrio defensivo sobre el terreno.