"La pyme española no está en crisis abierta, pero sí en una situación de presión estructural creciente que condiciona su presente y compromete su futuro. Esta es alguna de las conclusiones del último Barómetro realizado por el Consejo General de Colegios Gestores Administrativos de España (GA), y cuyo acceso comentado por su presidente, Fernando Santiago, ha tenido acceso Demócrata.
"El 26% de las empresas que están en pérdidas -recoge esta muestra realizada por 264 Gestores Administrativos en ejercicio, sobre un total de 7.496 profesionales-, han entrado en pérdidas en 2025. Esto implica -sostienen los GA-, que no estamos ante una situación heredada de ejercicios anteriores, sino ante un deterioro reciente". De modo que -apunta Santiago a este diario-, "podemos decir que el sistema empresarial aguanta, pero está perdiendo capacidad de generación de valor, luego -subraya-, no hay colapso, pero sí erosión progresiva de la rentabilidad".
"El problema es el entorno"
La pequeña y mediana empresa española sigue en pie. Produce, vende, sostiene el empleo y continúa siendo uno de los pilares esenciales de la economía nacional. El dinamismo que aportan más de 100.000 millones de euros anuales procedentes del turismo, junto con un superávit exterior que supera los 60.000 millones, permite mantener en funcionamiento la maquinaria empresarial, especialmente en el caso de grandes y medianas compañías. Sin embargo, ese impulso convive con una realidad menos visible, pero cada vez más determinante: un entorno que añade presión, complejidad y un riesgo estructural creciente, especialmente a la pequeña y la mediana empresa.
El Barómetro de primavera de 2026 del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos —elaborado a partir de una muestra representativa con un 95,5% de nivel de confianza y un error máximo del 6,05%— no dibuja una crisis inmediata, del mismo modo que tampoco lo hace el actual ciclo macroeconómico. Pero sí traza una línea de desgaste progresivo: una economía que aguanta, aunque cada vez con menos margen de maniobra.
“El problema no es la empresa. La pyme española está respondiendo. El problema es el entorno en el que tiene que hacerlo”, advierte Fernando Jesús Santiago Ollero. “Nos debatimos entre dónde estamos —objetivamente mejor que muchos socios europeos en términos macroeconómicos— y dónde podríamos estar si el marco regulatorio y las decisiones de política económica fueran los adecuados”.
Barómetro de los gestores administrativos
Contexto
Según el último Barómetro de los Gestores Administrativos, la economía de la pyme española no está creciendo. Está estabilizada. Y esta estabilización no es positiva, porque se produce en un contexto de:
*Incremento de costes. Los costes operativos y laborales siguen aumentando sin pausa.
*Mayor presión fiscal. La carga tributaria se percibe como creciente y condicionante.
*Aumento del riesgo. El entorno empresarial acumula incertidumbre y vulnerabilidad.
Una fotografía que obliga a mirar más allá del titular
A primera vista, los datos invitan a una lectura templadamente optimista. El 57,6% de las pymes cerró 2025 con beneficios, lo que confirma que el tejido empresarial sigue activo y generando valor.
Pero el análisis se vuelve más complejo cuando se incorporan el resto de cifras. Un 20,1% de las empresas terminó el ejercicio en pérdidas, mientras que un 22,3% adicional se situó en el umbral del equilibrio, sin generar beneficio. En términos agregados, más de cuatro de cada diez empresas no están siendo rentables, si se entiende la rentabilidad como la relación entre beneficios y activos o patrimonio neto.
El dato adquiere mayor relevancia al observar su evolución: del total de empresas en pérdidas, un 26,6% ha entrado en esa situación durante el propio año 2025. No se trata, por tanto, de un problema heredado, sino de un deterioro reciente que apunta a un cambio de tendencia, observa el Barómetro de los GA.
“Lo preocupante no es solo cuántas empresas están en pérdidas, sino cuántas han pasado a estarlo ahora. Ahí es donde se anticipa hacia dónde vamos”, subraya Santiago.
Se vende más… pero se gana menos
El comportamiento de la actividad económica introduce una de las principales paradojas del informe. El 41,3% de las empresas incrementó sus ventas en 2025, reflejo de una economía que, al menos en términos de demanda, sigue activa.
Sin embargo, ese crecimiento no se traduce en una mejora equivalente de los resultados. La consecuencia es una compresión generalizada de márgenes: el esfuerzo adicional no genera beneficio, sino que se destina, en muchos casos, a sostener la actividad.
“Las empresas están haciendo más para conseguir menos. Venden más, trabajan más, asumen más riesgo… pero con menor retorno. Y eso no es sostenible”, advierte el presidente del Consejo General. “Este comportamiento es coherente con un escenario en el que la palabra ‘estanflación’ describe bien la situación: crecimiento débil o estancado combinado con un aumento de los costes”.
Un entorno que presiona desde todos los ángulos
El informe identifica un conjunto de factores que, en su acumulación, configuran un contexto especialmente exigente. El 69,1% de los gestores administrativos percibe un aumento de la presión fiscal. El 81,85% señala los costes laborales como uno de los principales obstáculos. Y el 84,56% apunta a la incertidumbre económica como un condicionante clave.
No es un único problema, sino la superposición de todos ellos. Y sus efectos comienzan a trasladarse al terreno operativo: el 56,15% de los profesionales considera que el riesgo empresarial está aumentando, mientras que cerca del 19,2% de las empresas presenta problemas graves de liquidez.
Existe, además, una correlación significativa: un porcentaje muy similar al de empresas en pérdidas es el de aquellas que incrementan sus necesidades de financiación. Donde hay resultado neto negativo, también aparece un flujo de caja negativo, lo que compromete la viabilidad a medio plazo.
“Cuando la presión llega por todos los frentes -costes, impuestos e incertidumbre-, lo que se reduce no es solo el margen, sino también la capacidad de resistencia”, explica Santiago.

La percepción de un sistema que no acompaña
Más allá de los indicadores económicos, el barómetro incorpora un elemento cualitativo especialmente revelador: la percepción sobre el funcionamiento del entorno institucional.
El 86,1% de los gestores administrativos considera que la relación con la Administración no ha mejorado en el último año, mientras que un 39,9% afirma que hoy es más difícil gestionar que hace doce meses.
Los problemas son conocidos y persistentes: exceso de normativa (83,5%), lentitud administrativa (69,8%), falta de atención (62,8%) y dificultades asociadas a la digitalización (53,3%).
“Hemos avanzado en tecnología, pero no siempre en eficacia. Y eso está generando una sensación creciente de que el sistema no está acompañando a quien debería”, apunta el presidente del Consejo.
El informe sugiere, además, un cambio de fondo: la digitalización no está reduciendo la carga administrativa, sino que en muchos casos la está trasladando al propio empresario, añadiendo nuevas capas de complejidad. A día de hoy, sigue sin cuantificarse el coste real de esa burocracia asumida por las empresas, una tarea pendiente que resulta clave para dimensionar el problema.
Una cuestión de fondo: quién acompaña realmente a la pyme
En este contexto, el barómetro plantea una pregunta que trasciende los datos: en un entorno cada vez más exigente e incierto, ¿quién está acompañando realmente a la pyme en su día a día?
Porque, pese a todo, la respuesta empresarial sigue siendo significativa. El 64,7% de las empresas mantuvo su plantilla en 2025, evitando ajustes incluso en un escenario adverso. Pero lo hace en condiciones más frágiles: con menor margen, mayor presión y un riesgo creciente.
“Hoy el valor no está solo en analizar o representar, sino en acompañar de verdad a las empresas cuando tienen que tomar decisiones, cumplir obligaciones y seguir operando en un sistema cada vez más complejo”, señala Santiago.
¿Qué factores limitan el crecimiento?
El Barómetro de primavera de 2026 no anticipa una crisis inmediata, pero sí lanza una advertencia nítida: el desgaste es acumulativo. No es la falta de actividad lo que preocupa, sino las condiciones en las que esa actividad se desarrolla.
Fiscalidad, costes, burocracia y funcionamiento administrativo configuran un entorno que limita el crecimiento, reduce la rentabilidad y aumenta la vulnerabilidad del tejido empresarial.
“Las empresas están respondiendo. La cuestión es cuánto tiempo pueden seguir haciéndolo en estas condiciones. Y esa es una pregunta que, como país, deberíamos hacernos”, concluye el presidente del Consejo General.

Esfuerzo de las pymes como consecuencia de la morosidad
Esta semana, la gran patronal de la pequeña y la mediana empresa, Cepyme, publicaba el informe del Observatorio de Morosidad correspondiente al segundo semestre de 2025, según en el cual, el período medio de pago se redujo casi un día para el conjunto de las pymes, desde los 79,2 días en el cuarto trimestre de 2024 a los 78,3 días en el mismo período de 2025. Según este estudio, el esfuerzo financiero de las pymes como consecuencia de la morosidad se eleva ya a 1.957 millones de euros
En estos momentos -según los datos del Observatorio de Morosidad de Cepyme, correspondiente al segundo semestre de 2025, que la Confederación elabora con datos de Informa D&B y CESCE-, el periodo medio de pago (PMP) se situó en 80,5 días en promedio en 2025, 0,6 días menos que el año anterior, pero aún un 34% por encima del plazo máximo legal, establecido en 60 días.
Dicho informe señala la tendencia descendente de la morosidad, "coherente con un escenario de crecimiento cíclico de la economía y de caída de los costes de la financiación, si bien pese a esta tendencia, el período medio de pago sigue superando en más de veinte días el límite legal y representa un grave problema para la financiación y la gestión de las empresas".
Cepyme advierte, además, de que "nos encontramos ante un cambio de ciclo, en un escenario de mayor inestabilidad e incertidumbre, con incrementos de los precios energéticos y de las materias primas. De hecho -subraya-, el euríbor a 12 meses ya ha experimentado un importante incremento y descuenta posibles aumentos de tipos por parte del BCE como respuesta al alza de la inflación. En conjunto, se da un escenario, que, de mantenerse en el tiempo, hace temer por un repunte de la morosidad".
5.000 millones frente a las amenazas arancelarias
En el nuevo marco de incertidumbre geopolítica, el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, se pronunciaba en el Congreso de los Diputados, destacando que se han movilizado más de 5.500 millones de euros en seguros, avales y créditos para apoyar a las empresas expuestas a las amenazas arancelarias de Estados Unidos.
En una comparecencia en la Comisión de Economía del Congreso, Cuerpo desglosó las diferentes incitativas de apoyo a empresas aprobadas mediante el decreto ley con el plan de respuesta y de relanzamiento comercial frente a los aranceles norteamericanos, que se aprobó de forma definitiva en mayo del año pasado.
Ese decreto -señaló- activó 7.720 millones de euros en avales y créditos principalmente a las empresas. Entre otros puntos, se incluyó una línea de avales ICO de 5.000 millones para atender las necesidades de liquidez de las empresas afectadas y para apoyar posibles procesos de reconversión industrial a entidades con una exposición significativa, directa o indirecta, al mercado estadounidense.
Y de Oriente Medio, y no de los aranceles de Estados Unidos, se ha manifestado también la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), cuyo presidente, Lorenzo Amor, anticipa a Demócrata uno de los temas centrales del Barómetro que presentará el próximo lunes, subrayando que, "sólo el 5,6% de los autónomos considera suficientes las medidas adoptadas por el Gobierno para paliar los efectos económicos de la guerra en Oriente Medio".