El Comité de Política Monetaria (Copom) del Banco Central de Brasil (BCB) ha acordado una nueva rebaja de los tipos de interés de 25 puntos básicos, situándolos en el 14,50%. El organismo considera que esta decisión es “coherente” con su hoja de ruta para estabilizar los precios, al tiempo que “atempera” las “fluctuaciones económicas” y favorece el pleno empleo.
Este nuevo ajuste continúa el recorte aplicado el pasado 19 de marzo, también de 25 puntos básicos, y rompe con las cinco reuniones anteriores en las que el precio del dinero permaneció sin cambios. La decisión se adopta en un contexto internacional que el banco emisor califica de muy incierto por la guerra en Oriente Próximo.
“Esta situación exige cautela por parte de las economías emergentes ante un contexto de mayor volatilidad en los precios de los activos y las materias primas”, ha señalado el BCB en su nota oficial.
En el frente interno, el banco central ha detectado una desaceleración en el ritmo de expansión de la economía brasileña, aunque el mercado de trabajo sigue mostrando un comportamiento “resiliente”. No obstante, tanto la inflación general como la subyacente han repuntado y se han situado por encima de la meta oficial del 3%.
Las proyecciones de inflación del BCB apuntan a un 4,9% para el ejercicio en curso y un 4% para el próximo año, mientras que en su escenario base prevé una tasa del 3,5% para el cuarto trimestre de 2027.
El Copom advierte de que los riesgos inflacionistas, tanto al alza como a la baja, son “más elevados de lo normal” y se ven intensificados por el estallido de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio energético mundial.
El banco central alerta de que los precios podrían subir con mayor intensidad si se “desanclan” las expectativas de inflación a más largo plazo, si los costes de los servicios permanecen elevados o si el efecto combinado de las políticas internas y externas refuerza las presiones inflacionistas.
En cambio, una ralentización más acusada de la economía brasileña contribuiría a aliviar las tensiones sobre los precios, al igual que una mayor contención del crecimiento global derivada de un ‘shock’ energético y comercial o de una caída adicional en las cotizaciones de las materias primas.
“Los indicadores actuales de la actividad económica muestran una recuperación con respecto al último trimestre de 2025, aunque siguen apuntando a una trayectoria de desaceleración en lo que va de 2026, mientras que el panorama sigue caracterizándose por expectativas desancladas, previsiones de inflación elevadas y tensiones en el mercado laboral”, ha explicado el Copom.
“La incertidumbre en torno a estas estimaciones aumentó considerablemente debido a la falta de claridad sobre la duración de los conflictos y sus efectos en los parámetros de los modelos de proyección analizados”, ha añadido el organismo, subrayando la complejidad del entorno actual para la política monetaria.