El Banco de España identifica el conflicto abierto en Oriente Próximo, que enfrenta a Estados Unidos e Israel con Irán, como el principal foco de riesgo para la estabilidad financiera global. Al mismo tiempo, advierte de la fragilidad que implica el elevado endeudamiento de las administraciones públicas españolas, con una deuda que rebasa el 100% del producto interior bruto (PIB).
“Las tensiones geopolíticas globales se han intensificado de manera significativa, situándose el conflicto en Oriente Medio como el principal foco de riesgo. El estallido de la guerra en febrero ha provocado un aumento sustancial de la incertidumbre económica global, que ya se encontraba en niveles elevados”, recoge la edición de primavera del Informe de Estabilidad Financiera, publicado por el Banco de España este jueves.
El organismo detalla que el principal canal de transmisión de este choque geopolítico está siendo el energético, donde el impacto ha sido “especialmente intenso”, sobre todo por las alteraciones registradas en el estrecho de Ormuz.
En circunstancias habituales, por el estrecho de Ormuz pasa en torno al 20% del crudo que se comercializa en el mundo y una proporción similar de las exportaciones globales de gas natural licuado. Además, la producción de petróleo del conjunto del golfo Pérsico supone cerca del 30% del total mundial, según recuerda el Banco de España.
El conflicto ha llegado a interrumpir alrededor de 10 millones de barriles diarios de crudo, aproximadamente el 10% de la oferta global previa a la guerra. Esta magnitud supera la perturbación derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022 y se considera “de más difícil sustitución”.
El informe subraya que este shock puede tener consecuencias prolongadas sobre la oferta energética. La normalización de la producción exige tiempo y, en ciertos yacimientos, una parada prolongada de la extracción puede mermar de forma permanente el volumen recuperable. A ello se añaden los daños ya sufridos por las infraestructuras energéticas en la zona de conflicto y los que pudieran producirse en el futuro, lo que reforzaría estos efectos persistentes.
Más allá de la energía, la guerra también entraña “riesgos más amplios” para las cadenas globales de valor. Por el estrecho de Ormuz transita una “parte sustancial” del comercio mundial de fertilizantes, además de suministros críticos de helio y neón, indispensables para la producción de semiconductores. El Banco de España apunta, asimismo, a los efectos indirectos derivados de la necesidad de desviar rutas marítimas estratégicas y del encarecimiento del combustible, factores que pueden presionar al alza los costes de transporte y producción de numerosos sectores a escala internacional.
Frente a este escenario, el supervisor considera que las familias, las empresas y el sistema bancario españoles afrontan la situación desde una posición financiera “relativamente favorable”. En contraste, el fuerte endeudamiento de las administraciones públicas se mantiene como un foco de vulnerabilidad relevante.
En su análisis, el Banco de España señala que la evolución de las rentas de los hogares y de los beneficios empresariales fue positiva en la segunda mitad de 2025, aunque con una desaceleración en el ritmo de avance. No obstante, reconoce que existen núcleos de mayor fragilidad entre los hogares de menor renta, que deben destinar una parte muy elevada de sus ingresos a cubrir gastos básicos.
En cuanto a las cuentas públicas, el Banco de España advierte de que la elevada ratio de deuda se “ve agravada por la persistencia de déficits públicos relativamente elevados” asociados al momento del ciclo económico, al aumento de las necesidades de gasto y a la ausencia de un plan concreto para cumplir los compromisos fiscales asumidos en el marco europeo.
El organismo añade que, aunque el coste medio de financiación de la deuda continúa “contenido” gracias al entorno todavía favorable de los mercados financieros, esta situación “podría revertirse si hay un deterioro de las condiciones globales o por contagio ante la posición fiscal “desfavorable” de economías sistémicas como Estados Unidos o Francia.
“Las presiones de gasto a medio y largo plazo no son equilibradas mediante medidas compensatorias, el consiguiente empeoramiento del déficit y el endeudamiento público españoles también podrían elevar los rendimientos requeridos por los inversores”, ha apostillado el Banco de España.
Al examinar la estructura del sistema bancario, el supervisor destaca que las entidades españolas se encuentran en una situación “favorable” en términos de rentabilidad, solvencia y calidad de los activos. El Banco de España precisa que sus vínculos con el sector financiero no bancario son reducidos y que la exposición al crédito privado tiene un peso marginal sobre el volumen total de financiación.
“En España y en el conjunto del área del euro, el crédito privado representa un peso limitado pero creciente de la financiación a empresas, sin que se detecte un perfil de riesgo significativamente más elevado de aquellas que recurren a él”, ha dicho el organismo en el documento que se ha publicado este jueves.
NO HAY BURBUJA INMOBILIARIA
En lo relativo al mercado residencial, el Banco de España advierte de que los aumentos reales de los precios de la vivienda “siguen siendo altos”, aunque reitera que no aprecia indicios de una burbuja. “No estamos observando ni tensionamiento de la situación financiera de los hogares ni una actividad desmedida desde el punto de vista de originación de crédito”, ha señalado el director general de Estabilidad Financiera, Regulación y Resolución, Daniel Pérez Cid.
El organismo sitúa los niveles de riesgo asociados al sector inmobiliario en cotas similares a las de 2002 o 2004, por lo que los considera “contenidos”. A su juicio, el encarecimiento de los inmuebles obedece, principalmente, a un aumento de la demanda frente a una oferta “inelástica”.