El FMI insta a China a reducir a la mitad las ayudas públicas a su industria

El FMI urge a China a reducir en dos puntos de PIB sus ayudas industriales para corregir distorsiones internas y rebajar tensiones comerciales globales.

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El presidente de China, Xi Jinping (archivo) Benoit Doppagne/Belga/dpa

El presidente de China, Xi Jinping (archivo) Benoit Doppagne/Belga/dpa

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha instado a Pekín a recortar en torno a dos puntos porcentuales de PIB los apoyos a su tejido industrial, lo que implicaría dejar prácticamente a la mitad el volumen actual de subvenciones y ayudas públicas. La institución calcula que estos incentivos han rondado el 4% del PIB en los últimos ejercicios, un nivel muy por encima del de otras grandes economías.

En su informe anual “Artículo IV” sobre China, los expertos del FMI detallan que el Gobierno chino mantiene un respaldo muy amplio a sectores industriales considerados estratégicos, especialmente las manufacturas de alta tecnología. Este apoyo se articula mediante subvenciones directas, ventajas fiscales y condiciones de crédito favorables, con un coste fiscal equivalente cercano al 4% del PIB en 2023 y estable en los últimos años, frente a unas ayudas estatales en la UE de aproximadamente el 1,5% del PIB en 2022.

Junto a los subsidios, el FMI subraya que China recurre también a otros instrumentos de política industrial, como medidas comerciales y regulatorias, además de un acceso preferente a financiación de capital privado a través de fondos promovidos por el propio Estado, con el fin de impulsar los sectores prioritarios.

El organismo reconoce que estas políticas pueden generar beneficios, como un mayor ritmo de innovación, más autosuficiencia en áreas estratégicas, corrección de determinadas externalidades y apoyo a industrias nacientes con fuertes economías de escala. Sin embargo, advierte de que también acarrean importantes costes fiscales y de eficiencia, ya que los subsidios tienden a provocar exceso de producción. De este modo, el FMI alerta de que el uso intensivo y prolongado de estas medidas “está provocando una importante asignación inadecuada de recursos en China”, lo que podría estar mermando el nivel del PIB chino en torno a un 2%.

El documento añade que la política industrial de Pekín ha acentuado los desequilibrios internos y está generando crecientes efectos y tensiones en el exterior. El fuerte aumento de la producción manufacturera impulsada por las ayudas, junto con una demanda interna débil, incrementa la dependencia de las exportaciones como motor de crecimiento y ejerce presión a la baja sobre los precios de venta al exterior.

Así, el auge de las ventas al extranjero de productos chinos muy competitivos ha disparado la inquietud entre sus socios por el exceso de capacidad, lo que podría derivar en nuevas medidas comerciales defensivas que pondrían en peligro las exportaciones chinas y elevarían el riesgo de conflictos comerciales. El FMI avisa de que el exceso de capacidad o el dominio de China en determinados sectores puede agravar las vulnerabilidades de las cadenas de suministro globales.

Ante este escenario, el Fondo considera que una reducción de las medidas de apoyo industrial y una mayor transparencia sobre su alcance contribuirían a corregir las distorsiones internas y a contener los efectos negativos sobre el resto del mundo.

“Reducir las medidas de política industrial injustificadas, incluidas las subvenciones y los beneficios fiscales para las empresas, en aproximadamente un 2% del PIB a medio plazo reduciría la mala asignación de factores, aumentaría la productividad y reduciría los costes fiscales”, señalan los técnicos del organismo.

Al mismo tiempo, aunque admiten que reorientar el patrón de crecimiento del país “requiere una importante transformación cultural y de las políticas económicas”, el FMI valora los pasos dados por las autoridades para hacer frente a la “involución”, entendida como competencia excesiva en precios. No obstante, subraya que la estrategia “antiinvolución” de Pekín necesita una definición más clara y debería acompañarse de incentivos adicionales para contener la sobreinversión de los gobiernos locales.

“El modelo de crecimiento de la segunda economía más grande del mundo se enfrenta a desafíos crecientes”, advierte el FMI, aludiendo a las limitaciones de la demanda interna, condicionada en parte por la prolongada crisis inmobiliaria y por una red de protección social insuficiente. Este contexto ha minado la disposición de los hogares a consumir y está generando presiones deflacionistas, lo que hace que el avance del PIB dependa cada vez más del sector exterior.

“Sin embargo, China no puede contar con un aumento cada vez mayor de las exportaciones para impulsar un crecimiento duradero en los próximos años”, insiste el Fondo, remarcando que la transición hacia un modelo de crecimiento apoyado principalmente en el consumo doméstico debe convertirse en la prioridad central de la política económica.

En esta línea, el informe reconoce que las autoridades chinas están avanzando en la dirección adecuada con una política fiscal más expansiva prevista para 2025, pero recalca que “China puede hacer más para aumentar el consumo y la demanda interna en los próximos años”.

Para lograrlo, el FMI propone un paquete amplio de medidas macroeconómicas basado en un estímulo fiscal adicional, acompañado de una mayor relajación de la política monetaria y de un tipo de cambio más flexible. A su juicio, este enfoque ayudaría a llevar la inflación a niveles más saludables y a reforzar la demanda interna, reduciendo la excesiva dependencia del sector exterior.

De forma paralela, el organismo recomienda modificar la composición del gasto público, recortando la inversión estatal y las políticas industriales dirigidas a sectores concretos, con el fin de otorgar un mayor peso a las fuerzas de mercado y liberar recursos presupuestarios. Esos fondos podrían destinarse a reforzar el gasto social y a hacer frente a la contracción del mercado inmobiliario, incluyendo ayudas específicas a los compradores de viviendas aún en construcción.

“La política fiscal debería priorizar el fortalecimiento de la protección social para que las personas tengan la confianza de gastar más”, concluye el FMI.