McKinsey alerta de que el aumento del gasto en defensa europeo será insuficiente sin impulsar industria, innovación y talento

McKinsey avisa: el fuerte aumento del gasto en defensa en Europa no bastará sin transformar industria, innovación, talento y modelos de adquisición.

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La firma de consultoría McKinsey & Company ha publicado un estudio en el que concluye que Europa atraviesa un momento decisivo para redefinir su modelo de defensa. Con el compromiso de varios países europeos de elevar el gasto militar hasta el 3,5% del PIB de aquí a 2035, el documento advierte de que este esfuerzo presupuestario no será suficiente si no se acelera el desarrollo industrial, la innovación tecnológica, la captación de talento y la capacidad de ejecución.

El informe “Cutting Europe's euro 800 billion Gordian knot: Five catalysts to transform defense” subraya que, aunque en el conjunto del continente existe un consenso amplio sobre la necesidad de reforzar la seguridad colectiva, el simple aumento de los presupuestos no garantiza una mejora proporcional de las capacidades militares.

Según las previsiones recogidas en el análisis, el gasto en defensa en Europa pasará previsiblemente del 2,4% del PIB actual al 2,9% en 2030, lo que situará la inversión anual en torno a 800.000 millones de euros. Este salto se suma a una trayectoria de fuerte expansión ya iniciada: desde 2019, los presupuestos de defensa europeos prácticamente se han duplicado, con un aumento cercano a 250.000 millones de euros, y se espera que en los próximos cinco años se sumen otros 300.000 millones adicionales.

En conjunto, el incremento acumulado del gasto en defensa a lo largo de esta década, frente a los niveles de 2021, rondará los 2,5 billones de euros, una magnitud similar al PIB actual de Italia. De los 800.000 millones de euros previstos para 2030, en torno a 335.000 millones se dirigirán a equipamiento y a actividades de investigación y desarrollo, mientras que los 465.000 millones restantes se dedicarán a personal, infraestructuras, mantenimiento y operaciones.

Los datos del informe muestran que el esfuerzo en equipamiento adquiere una importancia especial: será casi nueve veces mayor que el registrado en 2014 y prácticamente duplicará el nivel estimado para 2025 en apenas un lustro. De hecho, para 2028 Europa ya habrá superado el volumen de gasto en equipamiento militar alcanzado por Estados Unidos en 2025.

McKinsey & Company sostiene que este salto en la inversión tendrá consecuencias de gran calado en el plano económico y social. El incremento anual de 165.000 millones de euros en equipamiento podría dar lugar a la creación de hasta 1,2 millones de nuevos puestos de trabajo en Europa, reforzando el tejido industrial del continente.

No obstante, el estudio alerta de que este potencial se ve limitado por la pérdida aproximada de un millón de trabajadores al año debido al envejecimiento de la población. Por ello, considera imprescindible desplegar políticas ambiciosas de atracción de talento, recualificación y formación masiva de profesionales.

“El esfuerzo inversor de Europa en defensa tiene un enorme potencial para impulsar el crecimiento industrial y la creación de empleo en España y Europa, pero también se enfrenta a importantes limitaciones estructurales. No se trata solo de gastar más, sino de garantizar que la inversión en defensa se traduzca en capacidades productivas sostenibles, sobreanas y con impacto en empleo cualificado. Sin una transformación profunda de los modelos de planificación, adquisición, I+D+i y producción, una parte relevante de esta inversión podría no tener impacto en Europa”, ha afirmado el socio de McKinsey & Company Rafael Ocejo.

El análisis de la consultora identifica varias barreras estructurales que pueden frenar la materialización de estos objetivos, como la fragmentación regulatoria entre países, las divergencias en las prioridades nacionales o la duración excesiva de los procesos de contratación pública.

Asimismo, recuerda que la defensa, desde el punto de vista económico, tiene la particularidad de requerir grandes volúmenes de recursos para generar capacidades cuyo propósito último es no llegar a utilizarse. De este modo, la eficacia de las inversiones depende tanto de un respaldo político y social sostenido como de la capacidad para integrar de forma continua tecnologías avanzadas que aseguren una ventaja estratégica. Aunque los gobiernos financian estos esfuerzos, su impacto real está estrechamente vinculado a la fortaleza del tejido industrial y al nivel de innovación.

“Alcanzar una disuasión creíble en Europa requiere una inversión acumulada de cerca de 5 billones de euros en toda Europa hasta el 2030 (cerca de 250.000 millones en España), una aceleración de las capacidades industriales, una coordinación sin precedentes gobierno a gobierno, y con la industria, además de la participación activa de inversores y la industria financiera. El reto no es solo reconocer la necesidad del cambio, sino ser capaces de movilizar de manera conjunta todos los recursos, el talento y la capacidad de ejecución necesarios para convertir la ambición en resultados concretos”, señala Ocejo.

El ‘nudo gordiano’ de la defensa europea

En esta línea, el informe describe un conjunto de retos interconectados que conforman el denominado “nudo gordiano” de la defensa en Europa. Entre ellos, destaca la necesidad de definir con precisión qué capacidades serán imprescindibles en el futuro campo de batalla en un contexto de rápida evolución tecnológica; agilizar los procesos de adquisición de equipamiento militar, acortando los plazos sin sacrificar la transparencia, la supervisión ni el control del gasto público; y ampliar con urgencia la capacidad industrial, asegurando la escalabilidad y la resiliencia de las cadenas de suministro en territorio europeo.

Otros desafíos señalados son la movilización de capital público y privado con una visión de largo plazo, el refuerzo de los ecosistemas de innovación en defensa y la respuesta a las crecientes brechas de talento derivadas del envejecimiento demográfico, mediante políticas decididas de atracción, formación y recualificación profesional.

El documento de McKinsey plantea además cinco catalizadores prioritarios para acelerar la modernización y el fortalecimiento de la defensa europea, que exigen una cooperación estrecha entre gobiernos e industria y, en numerosos casos, la implicación activa de los proveedores de capital.

El primero es la implantación de un modelo de adquisición a múltiples velocidades, que permita ajustar los procedimientos según el tipo de programa, su urgencia y su perfil de riesgo. Este enfoque incluye la creación de vías rápidas de contratación, el uso de prototipos ágiles y una colaboración temprana y constante entre administraciones, empresas del sector y otros actores clave.

En segundo término, el informe enfatiza la importancia de construir una base industrial escalable y preparada para aumentar la producción con rapidez en situaciones de crisis. Para ello, considera esencial disponer de marcos contractuales claros que definan cómo se financia, mantiene y activa esta capacidad en tiempos de paz.

El tercer catalizador se centra en desbloquear la colaboración industrial para reforzar tanto la capacidad productiva como la innovación, fomentando relaciones basadas en la confianza y la transparencia entre gobiernos, compañías y proveedores de capital. A ello se suma la necesidad urgente de asegurar el suministro local de materias primas críticas, condición indispensable para sostener un aumento de la producción y reducir las dependencias externas.

Por último, el informe subraya la conveniencia de priorizar la disponibilidad y la modernización de las infraestructuras ya existentes, de manera que se logren mejoras operativas significativas en el corto plazo, reforzando la preparación y la operatividad sin tener que esperar al despliegue de nuevas plataformas.