La tensión geopolítica en Oriente Próximo vuelve a tener consecuencias directas en la economía europea a través del mercado energético. El precio del petróleo, que rondaba los 60 dólares por barril, ha superado los 110 dólares en apenas diez días, aunque posteriormente ha registrado una caída de unos 20 dólares hasta situarse en torno a los 80 en cuestión de horas. Cada uno de estos movimientos del crudo tiene efectos inmediatos en la economía europea: mayor presión sobre la inflación, nuevas dudas sobre la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) y un impacto potencial sobre la economía doméstica, que puede tener su efecto en las hipotecas.
“La energía es el primer eslabón. Cuando esa pieza se mueve, todo lo demás empieza a tambalearse”, resume Olivia Feldman, economista y cofundadora de HelpMyCash. El mecanismo, explica, es directo: si el precio del petróleo sube y se mantiene elevado, se encarece la energía, lo que a su vez aumenta el coste del transporte de mercancías, de la producción de alimentos, de la fabricación de bienes o de la calefacción de edificios.
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Ese incremento termina trasladándose al precio final que pagan los consumidores. “Eso es inflación”, señala Feldman. “No es un concepto abstracto: es simplemente que cada vez necesitas más dinero para comprar lo mismo”.
Europa llevaba años intentando cerrar el capítulo inflacionario que siguió a la pandemia y a la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania. Sin embargo, el encarecimiento del petróleo amenaza ahora con reabrir ese escenario de presión sobre los precios.
El dilema del Banco Central Europeo
En este contexto, como explican en HelpMyCash, la atención de los mercados se dirige hacia Fráncfort, sede del Banco Central Europeo. El BCE tiene como mandato mantener la estabilidad de precios en la Unión Europea, lo que se traduce en una inflación cercana al 2%, y su principal herramienta para lograrlo son los tipos de interés.
Hasta hace pocas semanas, los mercados daban por hecho que los tipos se mantendrían estables en torno al 2% durante 2026. Sin embargo, la volatilidad en el mercado energético ha cambiado las previsiones. “Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos otra vez”, advierte Feldman. De hecho, algunos analistas, entre ellos Goldman Sachs, contemplan ya dos posibles subidas en la segunda mitad del año, con una primera entre junio o julio y otra en septiembre.
El problema es que ninguna de las opciones resulta sencilla. Subir los tipos puede ayudar a contener la inflación, pero también ralentiza la actividad económica, en un momento en el que grandes economías europeas como Alemania o Francia no atraviesan su periodo de mayor dinamismo.
El euríbor reacciona y las hipotecas lo notan
Los mercados financieros suelen anticiparse a las decisiones de los bancos centrales. Esa reacción ya se ha reflejado en el euríbor, el índice al que están ligadas la mayoría de hipotecas variables en España. En una semana ha pasado del 2,22% al 2,31%, su nivel más alto desde marzo de 2025, y los mercados de futuros apuntan a que podría acercarse al 2,5% a finales de año.
“No estamos en los niveles de tensión de 2023 o 2024, cuando el euríbor llegó al 4%”, matiza Feldman. “Pero sí es un recordatorio de que el coste del dinero puede volver a subir”. La consecuencia directa se producirá cuando se revisen las hipotecas variables, que podrían experimentar aumentos en la cuota. Quienes tienen hipotecas fijas, en cambio, están protegidos de estos movimientos.
La incertidumbre también afecta a quienes estén pensando en firmar una nueva hipoteca, ya que si el escenario económico empeora las condiciones de financiación podrían endurecerse, tanto para hipotecas variables como mixtas o fijas. “En HelpMyCash llevamos al menos tres años advirtiendo a los españoles de evitar contratar hipotecas variables y animando a quienes tienen una a cambiarse a una fija. Es la única forma de protegerse de las subidas del euríbor”, afirma la economista.
Efectos en el ahorro y en los mercados
El aumento de los tipos de interés también tiene consecuencias para el ahorro. En teoría, cuando sube el precio del dinero los bancos deberían pagar más por los depósitos, aunque en España esto ocurre en menor medida que en otros países. “Hay entidades, aunque en España no muchas, que trasladan a sus clientes el tipo de interés del BCE para captar ahorro y nos tenemos que aprovechar de estos movimientos”, explica Feldman.
No obstante, advierte de que, si la inflación vuelve a repuntar con fuerza, ese mayor interés puede no compensar completamente la pérdida de poder adquisitivo. “Pero peor es nada. Recordemos que la inflación ya se come nuestros ahorros, hay que intentar remunerar lo más que podamos nuestro dinero”.
Los movimientos de tipos también afectan a los mercados financieros. En particular, a los fondos de renta fija, donde muchos pequeños ahorradores buscan refugio. “Cuando suben los tipos, los bonos antiguos pierden valor”, recuerda Feldman, lo que puede provocar pérdidas en estos fondos incluso sin que el inversor haya vendido sus participaciones.
La bolsa también ha registrado caídas en los últimos días, aunque por ahora contenidas. “En episodios de alta volatilidad siempre hay inversores que entran en pánico y venden, pero la calma suele ser mejor consejera”, explica Feldman. Según señala, la inversión en bolsa debe analizarse con una perspectiva de largo plazo, ya que atraviesa ciclos de subidas y bajadas, pero históricamente mantiene una tendencia ascendente.
En última instancia, el impacto económico dependerá de la evolución del conflicto. “Toda la ecuación depende de una única incógnita: el tiempo. Si el conflicto se resuelve en pocas semanas, el impacto económico será limitado”, concluye Feldman. “Pero si se enquista, Europa podría enfrentarse a un nuevo episodio de inflación y a tipos de interés más altos durante más tiempo”.