Los aranceles aprobados durante 2025 por el Gobierno de Donald Trump impactaron con especial intensidad en las compañías estadounidenses de tamaño medio, que no cuentan con el poder de negociación de las grandes multinacionales ni con la escala suficiente para compensar con facilidad pérdidas en un área mediante ganancias en otra.
Un análisis difundido este jueves por JPMorgan Chase Institute señala que la evolución estable de los probables pagos mensuales de aranceles por parte de las empresas medianas “se vio interrumpida por un fuerte aumento a partir de abril de 2025”, coincidiendo con la entrada en vigor de los primeros incrementos arancelarios. A partir de ese momento, los desembolsos totales siguieron al alza durante todo 2025 “y finalmente alcanzaron un nivel aproximadamente tres veces superior al registrado hasta principios de 2025”.
El informe detalla que, aunque en 2025 comenzaron a abonar aranceles muchas compañías medianas que antes no lo hacían, el grueso del repunte en los pagos se concentró en las firmas que ya venían soportando estos gravámenes antes de octubre de 2024. Esto sugiere que el endurecimiento arancelario incrementó sobre todo la factura de los importadores ya existentes, en lugar de repartir el coste entre un número mayor de empresas.
El documento también destaca que los cambios en la política comercial de 2025 no solo elevaron de forma considerable los aranceles aplicados a algunos países que ya estaban sometidos a ellos, como China, sino que añadieron nuevos aranceles generales a una amplia lista de países que hasta entonces habían estado exentos en numerosas categorías de productos. En consecuencia, era previsible que parte de los importadores que no pagaban aranceles pasaran a estar obligados a hacerlo.
“Las empresas medianas, también conocidas como el mercado medio, podrían estar entre las más afectadas por estos cambios en la política comercial”, advierten los autores, que recuerdan que estas compañías emplean a alrededor de 48 millones de personas en Estados Unidos y generan un tercio del PIB del sector privado.
No obstante, recalcan que, aunque son lo bastante grandes como para actuar como referentes económicos en sus zonas de influencia, no alcanzan el tamaño necesario para compensar con rapidez las pérdidas en un segmento con beneficios en otro.
“Al responder a los cambios en la política comercial, pueden ser más ágiles que las empresas más grandes, pero carecen del poder de negociación de estas últimas”, añaden los responsables del trabajo.
El estudio del JPMorgan Chase Institute se suma a otros análisis recientes que coinciden en que empresas y hogares estadounidenses han soportado la mayor parte del coste derivado de los aranceles.
La semana pasada, una investigación publicada por la Reserva Federal de Nueva York en su blog, cuyas conclusiones no representan necesariamente la postura oficial de la institución, concluía que los consumidores y las empresas del país fueron quienes acabaron asumiendo “casi el 90%” del impacto económico de los aranceles.
Según dicho trabajo, el 94% de la incidencia arancelaria recayó en Estados Unidos durante los ocho primeros meses de 2025, dado que un arancel del 10% solo se tradujo en una caída de 0,6 puntos porcentuales en los precios de exportación de los proveedores extranjeros.
Sin embargo, la traslación de los aranceles a los precios de importación se redujo en el tramo final del año y una parte mayor del ajuste pasó a recaer sobre los exportadores foráneos. En noviembre, un arancel del 10% se asoció con una bajada del 1,4% en los precios de las exportaciones extranjeras, “lo que sugiere una repercusión del 86% en los precios de las importaciones estadounidenses”.
Las conclusiones de la Fed de Nueva York coinciden con las de un estudio reciente del Instituto Kiel, en Alemania, que en enero calculó que los importadores y consumidores estadounidenses soportan el 96% del coste arancelario, mientras que los exportadores extranjeros solo absorben en torno al 4%, por lo que calificó las tarifas impulsadas desde Washington como “un autogol”.
En la misma línea, un informe de la Oficina Nacional de Análisis Económico (NBER), dirigido por Gita Gopinath, exsubdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI), sostiene que la transmisión de los aranceles es amplia y que, aunque el shock arancelario de 2025 aún no alcanza la magnitud sugerida por los anuncios políticos, “sus costes recaen en gran medida sobre Estados Unidos”, ya que los exportadores, en promedio, no han reducido sus precios.
Con la metodología aplicada, la NBER estima una tasa de repercusión arancelaria del 80% durante el episodio proteccionista de 2018-2019 y del 94% en 2025, si bien matiza que esta cifra más elevada probablemente responde al horizonte temporal más corto analizado.
Por su parte, la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO) ha elaborado sus propios cálculos sobre el efecto económico de los aranceles y proyecta que el 5% del impacto recaería en los exportadores extranjeros, un 30% en las empresas estadounidenses y el 70% restante en los hogares de EEUU.
El debate se ha trasladado también al plano político. El director del Consejo Económico Nacional de EEUU, Kevin Hassett, cargó ayer contra el estudio de la Reserva Federal de Nueva York, al que llegó a tildar de “vergüenza”.
“Lo que han hecho es publicar unas conclusiones que han generado muchas noticias muy tendenciosas basadas en un análisis que no se aceptaría en una clase de economía de primer semestre”, afirmó en declaraciones a la “CNBC” recogidas por Europa Press, añadiendo que las personas involucradas deberían ser “castigadas”.