Swatch desata la locura con un reloj de 400 dólares junto a Audemars Piguet que ya se revende por miles

La colaboración entre Swatch y Audemars Piguet ha provocado colas, debate y especulación entre coleccionistas. Muchos esperaban una versión accesible del mítico Royal Oak, pero las marcas han lanzado Royal Pop: ocho relojes de bolsillo de colores, con precios desde 400 dólares y una fiebre de reventa que ya apunta a cifras muy superiores.

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Logo de Swatch en una de sus tiendas en Alemania. Peter Kneffel/dpa
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Swatch ha vuelto a hacerlo: convertir un reloj relativamente asequible en un objeto de deseo global. Esta vez no ha sido con Omega ni con Blancpain, sino con Audemars Piguet, una de las firmas más prestigiosas de la alta relojería suiza. El resultado se llama Royal Pop y ha provocado exactamente lo que toda marca sueña y teme a la vez: colas, debate, frustración, memes, reventa y una atención mundial difícil de comprar.

Según ha publicado The Wall Street Journal, la colaboración entre Swatch y Audemars Piguet ha generado una expectación inesperada y un intenso debate entre aficionados y coleccionistas. Muchos esperaban una reinterpretación barata del mítico Royal Oak, el reloj más reconocible de Audemars Piguet. Lo que llegó fue otra cosa: un reloj de bolsillo multicolor con códigos del Royal Oak y espíritu pop.

El precio arranca en 400 dólares, o 420 dólares en algunas versiones con pequeño segundero, según el diario estadounidense. Pero el interés de los compradores y de los revendedores ha disparado la conversación: el mismo reloj que sale a precio Swatch ya se mira como una pieza de especulación, con expectativas de reventa que pueden multiplicar varias veces su valor inicial.

Qué es Royal Pop, el reloj de Swatch y Audemars Piguet

Royal Pop es la nueva colección conjunta de Audemars Piguet x Swatch. No es un reloj de pulsera tradicional, sino una colección de ocho relojes de bolsillo fabricados en Bioceramic, el material desarrollado por Swatch a partir de cerámica y componentes de origen biológico.

La colección mezcla dos universos muy distintos: por un lado, los códigos del Royal Oak de Audemars Piguet, con su bisel octogonal, tornillos hexagonales y esfera tipo “tapisserie”; por otro, la línea POP de Swatch de los años 80, más colorista, modular y juguetona.

El movimiento también es parte del atractivo. Swatch explica que los relojes incorporan una nueva versión de cuerda manual de su SISTEM51, un calibre mecánico fabricado en Suiza. Audemars Piguet añade que el movimiento cuenta con más de 90 horas de reserva de marcha, espiral antimagnética Nivachron y ajuste de precisión por láser en fábrica.

Por qué ha provocado tanta polémica

La polémica nace de la expectativa. Cuando Swatch y Audemars Piguet anunciaron la colaboración, parte del mundo relojero imaginó una especie de “MoonSwatch del Royal Oak”: un reloj de pulsera barato, con forma reconocible y estética de alta relojería. En otras palabras, un Audemars Piguet de acceso masivo.

Pero Royal Pop no es eso. Es un reloj de bolsillo. Colorido, pop, modular y pensado para llevar al cuello, en el bolsillo, como accesorio o incluso sujeto a un bolso. Audemars Piguet lo presenta como una forma de sacar el reloj de la muñeca y llevarlo de otra manera.

Y ahí estalla el debate. Para unos, es una genialidad: lujo suizo jugando con la cultura pop sin tomarse demasiado en serio. Para otros, una decepción: esperaban un Royal Oak de pulsera accesible y se encontraron con una pieza más cercana al accesorio de moda que al reloj aspiracional clásico.

Colas, campamentos y compradores esperando durante días

La colección se ha vendido en tiendas seleccionadas de Swatch y con una limitación clara: un reloj por persona, por tienda y por día, según la información oficial de la marca.

Business Insider relató colas de aficionados frente a tiendas Swatch en Estados Unidos antes del lanzamiento del 16 de mayo. En Times Square, algunos compradores acamparon durante días para intentar hacerse con una pieza. Varios entrevistados reconocían que habían empezado a esperar incluso antes de saber exactamente cómo sería la colección.

En Houston, la situación fue todavía más tensa. El Houston Chronicle informó de que la tienda Swatch de The Galleria acabó cerrando el día del lanzamiento por motivos de seguridad, después de que más de un centenar de personas esperaran durante días y la multitud se intensificara durante la mañana.

La reventa: el otro motor de la fiebre Swatch

La reventa es el combustible oculto de este fenómeno. No todo el mundo hace cola porque quiera llevar el reloj. Una parte del público compra pensando en el mercado secundario, igual que ocurre con zapatillas, bolsos, cromos, consolas o ediciones limitadas de moda urbana.

Business Insider cita estimaciones del sector que situaban el posible pico de reventa en torno a los 2.500 dólares el día del lanzamiento. The Wall Street Journal apunta incluso a revendedores intentando colocar piezas por varios miles de dólares.

El patrón es conocido: precio de entrada relativamente bajo, colaboración con una marca de lujo, distribución limitada, venta física, una unidad por persona y una narrativa de escasez. Swatch ya había probado esta fórmula con el MoonSwatch junto a Omega. Ahora la lleva a un terreno más arriesgado: el de una marca independiente de ultra lujo como Audemars Piguet.

Por qué Audemars Piguet se mete en una colaboración así

La pregunta de fondo es por qué una firma como Audemars Piguet, asociada a relojes de altísimo precio, decide colaborar con Swatch. La respuesta está en la visibilidad y en el acceso emocional a nuevas generaciones.

Audemars Piguet defiende que la colaboración busca acercar la relojería mecánica a un público más amplio y joven. La compañía también afirma que destinará el 100% de sus beneficios procedentes de esta colaboración a una iniciativa para preservar y transmitir conocimientos relojeros, con foco en oficios raros y nuevas generaciones de talento.

La jugada de Swatch: convertir el lujo en cola

Swatch ha entendido algo esencial del consumo actual: el valor de un producto ya no depende solo del material, del movimiento o del precio. Depende del relato, de la escasez, de la foto, del acceso y de la sensación de estar participando en algo que otros no podrán tener.