El gestor de activos y proveedor global de fondos cotizados (ETFs) WisdomTree proyecta que el precio del oro repuntará hasta los 5.500 dólares por onza en el primer trimestre del próximo año, recuperando así los niveles más elevados registrados hasta la fecha en cierre.
Ese avance implicaría, en la práctica, un nuevo máximo histórico de cierre, ya que el récord intradía de 5.600 dólares la onza alcanzado en enero de 2026 apenas se sostuvo durante unos instantes.
Si se compara con la cotización actual del metal, que este martes ronda los 4.690 dólares, el margen de subida que plantea la firma supera el 17%, lo que refuerza su visión constructiva sobre el principal activo refugio.
Para este escenario central, el valor del oro estaría respaldado por una inflación en Estados Unidos (EEUU) del 2,8% en marzo de 2027; una rentabilidad de la deuda estadounidense en torno al 4,1%; un tipo de cambio (DXY) cercano a los 96 puntos y un incremento del posicionamiento especulativo hasta los 200.000 contratos, desde los 160.000 actuales.
No obstante, el documento de la gestora incorpora un supuesto aún más optimista, en el que la onza podría aproximarse a los 5.900 dólares en un contexto económico más turbulento y con mayores tensiones inflacionistas.
En este marco alternativo, el responsable de Materias Primas e Investigación Macroeconómica de WisdomTree y autor del informe, Nitesh Shah, anticipa que la inflación se situaría en el 4% en el país presidido por Donald Trump, reflejando una crisis energética y nuevas presiones sobre las cadenas de suministro.
Además, Shah sostiene que, incluso si la Reserva Federal evita endurecer de forma agresiva la política monetaria al considerar que el repunte de los precios responde a factores de oferta, es probable que los rendimientos de los bonos sigan escalando y puedan alcanzar el 5% de interés.
Al mismo tiempo, la depreciación del dólar sería “más pronunciada” que en el escenario de consenso y el índice DXY podría caer hasta la zona de los 90 puntos.
La mayor demanda de oro, en cualquier caso, vendría impulsada por la negativa del banco central estadounidense a subir con fuerza el precio del dinero. Según el analista, si la inflación se aproxima al 4% y la Reserva Federal mantiene una postura acomodaticia, el banco central “podría verse acusado de cometer un error de política o de capitular ante presiones políticas”.
En una coyuntura así, el experto de WisdomTree argumenta que “es probable” que el atractivo del oro se refuerce “considerablemente”, al percibirse cada vez más como escudo frente a la pérdida de valor de las divisas fiduciarias. En este caso, el posicionamiento especulativo se ampliaría hasta los 250.000 contratos.
Escenario bajista: el oro anclado en 4.600 dólares
El informe también contempla un escenario menos favorable, en el que el oro se mantendría dentro de un año en torno a los 4.600 dólares, niveles similares a los actuales.
En este supuesto, la Reserva Federal conseguiría reconducir la inflación hasta su meta del 2%, un umbral que no se ha alcanzado en los últimos ejercicios, pero a costa de un crecimiento económico más moderado. Esta trayectoria de los precios permitiría, a su vez, una caída de la rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años hasta el 3,5%.
Paralelamente, el incremento de los tipos de interés oficiales impulsaría una apreciación notable del dólar, revirtiendo buena parte de la depreciación acumulada en 2025 y llevando el DXY hasta los 108 puntos. Aun así, Shah subraya que, aunque este escenario sea “el menos probable, no se puede descartar”.
La volatilidad del oro por la guerra en Oriente Próximo
Al analizar lo ocurrido en los tres primeros meses de 2026, el informe identifica las sucesivas crisis geopolíticas como uno de los detonantes clave de la fuerte volatilidad registrada por el oro.
Solo en enero, el metal precioso llegó a encarecerse más de 1.000 dólares por onza, marcando un máximo histórico cercano a 5.600 dólares el día 30 de ese mes. Sin embargo, el movimiento se dio la vuelta con rapidez y las cotizaciones descendieron hasta un mínimo intradía de 4.402 dólares por onza el 2 de febrero.
A 23 de marzo, el oro había retrocedido aún más, situándose en torno a los 4.100 dólares y borrando todo el avance acumulado en el año. Pese a ello, en menos de una semana los precios rebotaron de nuevo por encima de los 4.600 dólares por onza.
Durante ese intervalo se produjo un cambio de régimen en Venezuela, resurgieron los debates sobre la posible compra de Groenlandia por parte de Estados Unidos, se intensificó la presión política sobre la independencia de la Reserva Federal y estalló la guerra entre EEUU e Israel, por un lado, e Irán, por el otro.
En relación con este último foco de tensión, el analista de WisdomTree considera que debería haber tenido “un efecto positivo más duradero” sobre el oro. No obstante, Shah explica que el conflicto comenzó en un momento en el que el metal ya atravesaba una corrección, lo que limitó su función tradicional de refugio.
Asimismo, el experto recuerda que “es importante tener en cuenta que el oro suele mostrar una reacción negativa inicial ante las crisis geopolíticas antes de acabar subiendo”, un patrón que se ha repetido en episodios como los atentados del 11 de septiembre o la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
El oro como reserva de liquidez en tiempos de crisis
En paralelo, una crisis como la de Oriente Próximo suele provocar desplomes en los activos de riesgo, especialmente en la renta variable. Ante estas caídas, Shah apunta que se producen llamadas de margen que fuerzan a muchos inversores a obtener liquidez de forma inmediata.
En ese contexto, el oro, al ser un activo muy líquido y cercano al efectivo, se vende con frecuencia para cubrir esas necesidades, generando una presión bajista transitoria sobre los precios por exceso de oferta.
El investigador de WisdomTree subraya que la intensidad y la duración de la caída inicial y del posterior rebote “nunca son iguales” y dependen de los demás factores que influyen en el mercado del oro en cada momento.
También señala que en el episodio actual podría haberse sumado una presión vendedora adicional desde los hogares de las zonas afectadas, en particular en Oriente Medio, donde se ha liquidado oro para sufragar gastos urgentes como desplazamientos y traslados.
Con todo, el responsable de Materias Primas e Investigación Macroeconómica aclara que este tipo de ventas no debe interpretarse como una pérdida de confianza en el metal, sino como muestra de su papel como reserva de liquidez en periodos de tensión.
“Históricamente, una vez que estas dinámicas de ventas forzadas remiten, los precios del oro suelen recuperarse y subir, ya que la prima de riesgo geopolítico subyacente se convierte en el factor determinante”, concluye Shah.