Las elecciones autonómicas en Andalucía del 17-M no se decidirán en grandes bloques, sino en décimas. Ese es el verdadero ángulo que dibujan las encuestas: la mayoría absoluta de Juanma Moreno depende, literalmente, de unos pocos miles de votos y del reparto final de escaños en cada provincia.
En 2022, el PP logró una mayoría histórica con el 43,1% de los votos, pero con un margen extremadamente estrecho en términos reales: apenas 7.223 votos decidieron cuatro escaños clave en Sevilla, Málaga, Cádiz y Córdoba. Es decir, solo dos décimas del voto total convirtieron una victoria amplia en una mayoría absoluta.
Ese precedente es clave hoy: las encuestas actuales sitúan al PP en torno al 42%/43%, justo en la zona crítica donde el sistema electoral puede dar o quitar la mayoría por un solo escaño.
Andalucía y los 'restillos': la batalla real está en el último diputado
El reparto en Andalucía no responde solo a porcentajes, sino al efecto del sistema D’Hondt y a la distribución provincial. En cada circunscripción, el último escaño -el más “barato” en votos- es el que decide mayorías. Es la batalla por lo que se conoce en el argot político andaluz como los "restillos"
En 2022, el PP se llevó ese último escaño en varias provincias por márgenes mínimos:
- 1.060 votos en Cádiz
- 1.156 votos en Sevilla
- 1.215 votos en Córdoba
Ahora, el escenario se repite. La diferencia entre gobernar en solitario o depender de Vox puede estar en torno a 15.000 votos repartidos en ocho provincias. Esto explica por qué el propio Moreno ha puesto el foco en ese umbral, ademá para intentar movilizara los suyos y que no den por hecha la victoria el 17 de mayo.
Un nuevo factor decisivo: casi 370.000 jóvenes que votan por primera vez
A esa ecuación se suma un elemento nuevo respecto a 2022: el voto joven. En estas elecciones, 368.853 andaluces votarán por primera vez, un 5,4% del censo. Es un volumen suficiente para alterar el reparto de escaños en provincias clave como:
- Sevilla (más de 90.000 nuevos votantes)
- Málaga (casi 70.000)
- Cádiz (más de 58.000)
El dato es estructural: la mayoría absoluta no depende ya solo del voto tradicional, sino de una generación sin memoria del PSOE gobernando Andalucía y con patrones de voto más volátiles.
El PP domina en mayores, pero se juega la mayoría en los menores de 35. El electorado andaluz mantiene una estructura clara: cerca del 40% del censo tiene más de 55 años y este segmento sigue siendo la base electoral más estable del PP pero el equilibrio se rompe en los jóvenes donde hay mayor nivel de abstención, más volatilidad, mayor exposición a discursos identitarios, especialmente gracias a las redes sociales y, por supuesto, menor fidelidad a partidos tradicionales
Ahí está la clave: el PP tiene consolidado su suelo, pero la mayoría absoluta depende de captar parte de ese voto joven que hoy está más fragmentado.
¿Quién ganará entre los jóvenes?
Vox pierde fuerza estructural, pero mantiene ventaja en el voto joven más ideológico. El comportamiento del voto joven introduce una segunda derivada: Si bien Vox ha sido históricamente fuerte en este segmento y su discurso identitario y su presencia en redes le han dado ventaja ahora las encuestas apuntan a un desgaste reciente y claro, con menor capacidad de crecimiento en autonómicas y una clara pérdida de impulso.
De hecho, en las diversas encuestas que hemos ido conociendo estos días, tanto Vox como el PP y el PSOE lideran según el sondeo el voto joven.
La izquierda compite fragmentada y sin capacidad de concentración
Frente a la pujanza mayor o menor que en 2022, la izquierda llega de nuevo dividida: la encuestas apuntan a un PSOE que no será capaz de superar su resultado de 2022, pero también un Por Andalucía -donde se engloban tanto IU como Podemos o Sumar- que aunque tiene a un líder como Antonio Maíllo, con fuerza en Andalucía, solo aspira a repetir por ahora el resultado de las anteriores elecciones autonómicas y que no es capaz de contener la fuerte subida de Adelante Andalucía.
Esto redoblará la dificultad para concentrar voto en provincias pequeñas y es determinante en el sistema D’Hondt: la fragmentación penaliza más que la caída en porcentaje.