Isabel Yglesias es, desde hace cuatro años, directora de Asuntos Europeos de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), la delegada permanente de la gran empresa en Bruselas. La entrevista, empero, tiene lugar en Madrid.
Yglesias está de visita en España esta semana, dentro de una intensa agenda de encuentros con instituciones --entre ellas la propia vicepresidenta de la Comisión, la española Teresa Ribera--. Recibe a Demócrata en la madrileña sede de la patronal, en la calle Diego de León.
Esta especialista en derecho de la competencia y ayudas de estado pilota los intereses del empresariado español en Bruselas en un momento en el que la Comisión plantea su redefinición. Un tema que le apasiona y, como ella misma reconoce, le persigue.
PREGUNTA: El retraso en la trasposición de directivas siempre ha sido objeto de preocupación en España, que ahora pasa un momento de parálisis legislativa por el bloqueo en el Congreso. ¿Qué valoración hacen?
RESPUESTA: Es un problema que se identifica en muchos Estados miembros, no es solo un problema de España, aunque en los últimos años están aumentando los retrasos. Nos preocupa, no sólo porque genera una evidente desigualdad en el mercado único, sino porque genera inseguridad jurídica para las empresas.
Nos preocupa mucho algo que nuestro legislador acostumbra a hacer, ir más allá de lo que prevé una directiva. Muchas veces se dejan demasiados flecos abiertos para que los Estados miembros se explayen y añadan carga regulatoria. Por eso nos alegra que la Comisión hable de simplificación en su propuesta sobre la mejora de la legislación.
También vemos cómo ganan peso los reglamentos frente a las directivas, algo que el sector empresarial apoya por claridad y rapidez. Pero nos preocupa que queden flecos abiertos que luego se tienen que cerrarse con actos delegados, un instrumento menos transparente y en el que hay menos diálogo y participación. Estamos en una fase de transición en el modo europeo de legislar que luego va a tener su reproducción a nivel nacional.
“Para asegurar el éxito de las empresas españolas es importante que juguemos todos a una"
P: ¿Qué temas les preocupan especialmente ahora en el ámbito europeo? Ha hablado de simplificación y me viene a la cabeza el Régimen 28…
R: La agenda para pasar del Single Market al One Market es apasionante. Comisión, Parlamento y Consejo se comprometen a acelerar la toma de decisiones en materias clave para la competitividad europea. Hay una parte de integración de mercado único que implicará mejorar la libertad de prestación de servicios y, entre ellas, como dice, el Régimen 28, un régimen simple y unificado para la creación de empresas que apoyamos desde Business Europe.
La propuesta de la Comisión es muy ambiciosa. Estamos trabajando en nuestro posicionamiento, tanto a través de Business Europe como en el Comité Económico y Social Europeo, donde ya hay bastante oposición. Hay temas como el laboral o el fiscal que van a ser difícil, pero es una prueba del compromiso de los Estados con esta agenda de competitividad. Si en esta situación geopolítica no logramos sacar adelante este proyecto va a ser un batacazo, porque es uno de los grandes proyectos de la Comisión.
P: ¿Cómo valoran el giro de los últimos años hacia la autonomía estratégica?
R: Trabajamos en el concepto de autonomía estratégica abierta. Está en el ADN de la UE seguir siéndolo. Ahora tenemos sobre la mesa dos propuestas que nos ponen a prueba para definir hasta dónde quiere llegar la UE en, yo no lo llamaría protección, sino refuerzo de sus industrias: la Ley de Aceleración de la Industria y la revisión de las directivas de contratación pública. Ahí hay conflicto porque algunos Estados lo ven como un movimiento casi antinatural para ellos, pero creo que se llegará a posiciones de consenso. No serán las que están en la propuesta de la Comisión, pero habrá movimiento.
"La Comisión dice que sólo prohíbe un 2-3% de operaciones de concentración, pero hay muchas que no llegan a nacer porque las empresas ni se lo plantean"
P: ¿Por qué dice que son propuestas ‘antinatura’?
R: Bueno, hay Estados miembros que se oponen mucho porque son absolutamente pro apertura de los mercados. Es casi una cuestión filosóficas.
P: Una posición histórica, por así decirlo.
R: Sí. Se supone que en esta agenda One Market y en las últimas reuniones del Consejo hay un compromiso para que la ley de la aceleración de la industria se adopte antes de final de año. Estamos a mayo, no creemos que vayamos a llegar. Es muy difícil para que la propuesta, que es técnicamente muy difícil, sea equilibrada e implementable.
P: ¿No ha llegado demasiado tarde este debate, sobre todo en cuestiones de carácter tecnológico o que puedan poner en riesgo la seguridad o la soberanía de Europa?
R: Creo que la Unión Europea ha estado muy cómoda en relaciones de confianza que estaban muy asentadas y que en ningún caso nos habíamos puesto en una situación como la actual. Era casi imposible de prever. Hay una frase recurrente y muy cierta: la Unión Europea da pasos agigantados en su integración en las crisis.
Estamos ante un catalizador para unirnos en asuntos que estaban latentes e impulsar tecnologías que ya tenemos. Llevamos unos años olvidando o autoinfringiéndonos culpa y dolor, cuando realmente somos una bolsa de talento y tecnología. Tenemos empresas súper punteras. Sólo tenemos que dejar que se desarrolle y allanar el camino, y eso es lo que pretende la Comisión con propuestas como el E-Market, con algunos ajustes en contratación pública que no excluyan a terceros países, ni desde luego al país vecino.
"No somos el país más fácil en cuanto a unidad de acción, pero seguimos empeñados en conseguirla"
P: ¿Qué les preocupa en la Ley de Aceleración de la Industria?
R: R: Estamos todavía desarrollando la posición. Es muy compleja, porque dentro de las cadenas de valor que se identifican hay diferentes posiciones dentro de un mismo sector. Sí nos preocupa el tema de los permisos para proyectos industriales. La ley plantea la simplificación y aceleración de permisos y nos cuesta ver cómo en un Estado tan descentralizado como el nuestro cómo se va a implementar. Se habla mucho de la preferencia europea pero la propuesta de reglamento tiene otras cosas, como los permisos o las zonas de aceleración industrial, que pueden ser modelo para otras propuestas en el futuro.
P: El sector industrial es precisamente uno los más afectados por la política arancelaria de Donald Trump. ¿Qué medidas pueden adoptarse para reforzar la capacidad industrial europea?
R: Hay que distinguir medidas temporales y enfocadas a las crisis actuales de otras a largo plazo. Una preocupación transversal de la industria y el empresariado europeo son los precios de la energía. La Comisión acaba de presentar un nuevo paquete de ayudas de Estado para los sectores más afectados que contiene la flexibilización del sistema de ayudas, que es un tema que nos preocupa siempre por la desigual capacidad fiscal entre los Estados y las distorsiones que pueden generar en la fijación de precios. En cuanto a lo estructural, la Ley de Aceleración de la Industria, propone llegar a un 20% del PIB europeo generado por la industria. Eso siempre ha estado entre las prioridades históricas de CEOE, no podemos sino apoyarlo, siempre y cuando se respeten especificidades y necesidades de cada sector.
P: Otro asunto arancelario, este en sentido inverso, es el reciente acuerdo con Mercosur. ¿Ven con preocupación las advertencias lanzadas sobre sus efectos en el sector primario? ¿Creen que los controles que se han prometido son suficientes?
R: Siempre hemos defendido ese acuerdo, no sólo por su importancia a nivel comercial sino por su enlace a nivel geopolítico, en una zona importantísima para España por el papel de puente que debe y que ya está ejerciendo. Siempre hemos escuchado las preocupaciones del sector primario. Lo importante es que se apliquen de manera decidida la salvaguardas que se han introducido. Se necesitan recursos suficientes para el control de fronteras, y es algo que nos preocupa en Mercosur pero también en otros ámbitos.
P: Está también encima de la mesa la revisión de las normas de competencia en la Unión. ¿Qué posición tiene CEOE? ¿Cómo ven el debate que se está dando?
R: Es un asunto que habían puesto encima de la mesa los informes Draghi y Letta, hablando de estos campeones europeos. Creo que es un término que no ayuda y que despista de lo que realmente tiene que hacer la Unión Europea para avanzar en competitividad. No es una cuestión de tener campeones europeos, sino avanzar en todas las propuestas que van viniendo del Clean Industrial Deal y demás. Es una terminología que no me gusta emplear.
Estas directrices son una oportunidad para agilizar y modernizar el examen de las operaciones de concentración, dando más peso a criterios como la innovación, la sostenibilidad, la resiliencia… Muchos grandes sectores están llamados a un cierto nivel de consolidación para invertir en estos criterios y parece que las directrices dejan atrás un examen quizás más cortoplacista, que se fijaba en precios inmediatos. Esperamos que así sea.
La Comisión Europea siempre dice que el 90% de las operaciones de concentración se aprueban en tres semanas, que solo hay un 2-3% de operaciones que se prohíben. Pero hay operaciones de las que se desisten y muchas que no llegan a nacer porque las empresas ni se lo plantean.
P: ¿Qué papel juega CEOE en Bruselas? ¿Cuál es la relación con el resto de grupos patronales y el ecosistema de influencia?
R: En los últimos años venimos reforzando la presencia en Bruselas, con un refuerzo del equipo humano. Somos un equipo de nueve personas pero nuestro equipo no es nada sin Madrid, donde se trabajan posiciones y donde vienen nuestros asociados a transmitir sus inquietudes. Trabajamos muchísimo en Business Europe para liderar temas y ejercer como cuarta economía de la UE. Y reforzamos también nuestro trabajo con el resto de patronales nacionales. Con las del mediterráneo estamos emulando un formato que existe a nivel gubernamental para agregar la visión empresarial a todo ese trabajo. En los últimos años ha crecido muchísimo el interés y la representación empresarial en Bruselas y eso es un placer y un orgullo porque nos da contenido. Ahora hay un boom del sector de la defensa y CEOE ha creado una comisión específica.
P: ¿Cree que existe una defensa del interés nacional como lo hay en otros países o echa de menos un poco eso por parte de España?
R: No somos el país más fácil en cuanto a unidad de acción. Hay muchos grandes exembajadores que han escrito libros y artículos sobre ello. Pero seguimos empeñados en eso. No sólo unidad de acción empresarial, sino unidad de acción como país para poder estar coordinados, ir tan a una como están otros y poder tomar el rol que nos toca como cuarta economía del euro. Para poder asegurar el éxito de las empresas españolas y el éxito de España es muy importante que juguemos todos a una; pero en todos los ámbitos, incluyendo el Parlamento Europeo.
“Para asegurar el éxito de las empresas españolas es importante que juguemos todos a una"
P: Es vicepresidenta en el Consejo Económico Social Europeo (CESE). ¿Cómo es la interlocución con los sindicatos europeos? ¿Encuentra diferencias con la que puede haber en España?
R: Como se basa en consensos, es una dinámica completamente diferente a la de otros ámbitos. Es muy positiva y constructiva, desde el primer borrador estamos enfocados en que todos los grupos –empresarios, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil—estén a gusto. Hay puntos de desacuerdo, pero es un trabajo muy intenso y es un lugar con gente con muchísima experiencia y conocimiento y en el que la representación española es muy fuerte. Somos una delegación súper respetada y la relación es muy buena.
P: Se llevan menos riñas de casa a Europa que otros ámbitos…
R: Exacto. Porque ahí se trabaja con otra perspectiva y con la perspectiva de que la posición del Comité Económico y Social se ha tomado en cuenta por las instituciones en el proceso legislativo.
P: ¿Cómo ve la representatividad española en las instituciones europeas? ¿Cree que la tendencia es positiva?
R: España siempre ha tenido puestos muy importantes de decisión porque, entre otras cosas, tenemos a grandes juristas, grandes economistas… Quizás en los últimos años puede parecer que no tenemos las grandes carteras, pero seguimos teniendo una dinastía de directores del Servicio Jurídico de la Comisión. Tenemos una directora general de la Dirección General de Justicia muy activa. Tenemos, además, gente muy experta y muy buena en muchos de los gabinetes de la Comisión. Durante un tiempo teníamos los tres economistas jefe en las grandes direcciones generales de ámbito empresarial: Competencia, Mercado Único y Energía. Se ha llegado a un nivel de profesionalización muy elevado. Somos muy respetados.