Bruselas se compromete con Washington a cerrar el acuerdo arancelario antes de julio bajo la amenaza de Trump

La Comisión Europea ha trasladado este martes a la Administración estadounidense su voluntad de acelerar todos los trámites legislativos necesarios para que el acuerdo arancelario quede plenamente implementado antes del mes de julio, en un contexto marcado por la presión de Washington y la advertencia de nuevos gravámenes impulsados por el presidente republicano sobre sectores estratégicos como la automoción europea

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Tras el último órdago arancelario del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de aplicar un arancel del 25% a los coches europeos, el responsable comercial de la Comisión Europea, Maroš Šefčovič, se ha reunido este martes con su homólogo estadounidense, Jamieson Greer, con el objetivo de rebajar la tensión entre ambas potencias y evitar una escalada que desemboque en un conflicto comercial de mayor alcance.

Después de un encuentro de algo más de una hora, en el que se habrían abordado los detalles del acuerdo arancelario al que llegaron los equipos negociadores en el mes de julio en Escocia, Bruselas mantiene la intención de culminar la tramitación del expediente legislativo relativo a esta cuestión antes de que se cumpla el primer aniversario de la firma. Es decir, en los próximos dos meses, un calendario exigente que obliga a acelerar los trabajos técnicos y políticos en paralelo.

Negociaciones a contrarreloj

“Sería beneficioso que los aspectos principales del acuerdo estuvieran en vigor antes de su primer aniversario”, afirma un funcionario del Ejecutivo comunitario conocedor de estas discusiones, subrayando la urgencia que impera en las instituciones europeas. En este contexto, la presión no solo responde a una cuestión de plazos, sino también a la necesidad de ofrecer certidumbre a los mercados y a los sectores industriales más expuestos, especialmente el automovilístico.

“Resulta útil e importante mantener un diálogo frecuente para aclarar la posición de cada parte en el proceso de implementación del acuerdo”, apuntan desde el Ejecutivo comunitario. El próximo miércoles, los colegisladores de las instituciones europeas volverán a sentarse en la mesa de los trílogos para tratar de cerrar un acuerdo lo antes posible, respetando las prerrogativas de cada institución implicada en el proceso legislativo.

En esa negociación, el Parlamento Europeo estaría presionando para introducir una cláusula de salvaguarda en el acuerdo. Esta permitiría a la Unión Europea poner fin a los beneficios comerciales concedidos a Washington en caso de que la Casa Blanca volviera a amenazar a sus empresas y productores. Se trata de una herramienta defensiva que busca evitar situaciones de vulnerabilidad ante decisiones unilaterales.

Bruselas endurece el tono

Hasta que se consiga la aprobación final por parte del Consejo, la Comisión y el Parlamento, ambas partes habrían acordado “intensificar el diálogo tanto a nivel político como técnico, así como promover con mayor firmeza una agenda positiva”, que incluya medidas de reducción de riesgos y la protección de las reservas de acero, un sector especialmente sensible en las relaciones comerciales transatlánticas.

“El trabajo continúa y la Comisión seguirá esforzándose por lograr avances en todos los frentes clave”, mantienen confiados en Bruselas. Sin embargo, el tono conciliador de los equipos técnicos contrasta con las declaraciones más firmes de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien ha recordado al líder estadounidense durante la primera cumbre bilateral entre la UE y Armenia que “un acuerdo es un acuerdo”, en una clara advertencia sobre la necesidad de respetar los compromisos adquiridos.

La máxima dirigente comunitaria ha querido recalcar que la Unión Europea se encuentra en la “etapa final” de la implementación de los compromisos arancelarios, pero ha dejado claro que los Veintisiete están preparados para “cualquier escenario”. Esta afirmación no es menor: implica que Bruselas contempla la posibilidad de una ruptura parcial o total del pacto si Washington decide finalmente aplicar el gravamen del 25% a los automóviles europeos.

Por su parte, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha mostrado su respaldo a la posición de Von der Leyen y ha asegurado que los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete apoyan “plenamente” la labor de la Comisión Europea y de su presidenta en esta negociación con Washington. Este respaldo político refuerza la posición negociadora de Bruselas en un momento clave.

Desde la Comisión Europea subrayan con firmeza que la certidumbre y un marco regulatorio estable son activos indispensables para el tejido empresarial del viejo continente. En este sentido, Šefčovič aprovecha cada intervención pública para recalcar que el cumplimiento íntegro de los pactos suscritos entre Washington y Bruselas es una prioridad absoluta.

La preocupación en Bruselas no es solo política, sino también económica. Una guerra comercial abierta podría afectar gravemente a sectores estratégicos, desde la automoción hasta la industria siderúrgica, pasando por el agroalimentario. Además, en un contexto global marcado por la fragmentación geopolítica y las tensiones comerciales, la UE busca consolidarse como un espacio de estabilidad y previsibilidad.

España, entre el discurso público y la realidad interna

Por su parte, el Gobierno de España mantiene un doble discurso. Si bien de cara a la galería el Ejecutivo rechaza los aranceles por considerarlos una herramienta comercial dañina que genera inestabilidad para los agentes económicos, el sentimiento en los despachos es más matizado.

Fuentes del área económica de la Moncloa no ocultaban su satisfacción tras la aprobación del Parlamento Europeo, ya que consideran que, frente a la volatilidad de las decisiones estadounidenses, la Unión Europea está logrando posicionarse como un referente de seguridad jurídica. Esta percepción es clave para atraer inversiones y reforzar la confianza de los mercados.

“Cualquier incumplimiento de este acuerdo —lo ha dicho también la Comisión Europea— implicaría que nos reservaríamos la capacidad de responder con los instrumentos y herramientas a nuestra disposición”, señaló el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, a su llegada a la reunión con los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona.

Este complejo proceso legislativo refleja las tensiones que marcan el pulso actual entre ambas potencias. Cabe recordar que la tramitación sufrió su primer bloqueo cuando Estados Unidos amenazó con una ofensiva arancelaria a gran escala, como represalia directa al apoyo militar que varios socios europeos brindaron a Groenlandia en un momento de máxima fricción diplomática. Aquel episodio, que muchos interpretaron como un amago de guerra comercial, encendió todas las alarmas en las instituciones europeas y aceleró los esfuerzos para blindar el acuerdo. Desde entonces, cada paso en la negociación ha estado condicionado por la desconfianza mutua y la necesidad de evitar nuevas crisis.

Las claves técnicas del acuerdo

Como respuesta al pacto alcanzado en julio, la Comisión presentó dos propuestas legislativas para allanar su implementación. Por un lado, una primera ley que contemplaba la eliminación de los aranceles sobre los productos industriales estadounidenses, así como el acceso preferencial al mercado europeo para determinados productos del mar y productos agrícolas no sensibles procedentes de Estados Unidos.

La segunda propuesta planteaba prolongar la exención arancelaria de la langosta, incluyendo además la langosta procesada, lo que ampliaba el alcance del acuerdo inicial. Aunque pueda parecer un detalle menor, este tipo de concesiones sectoriales suelen ser clave para desbloquear negociaciones comerciales de mayor envergadura.

Debía ser el Parlamento Europeo quien aprobara ambas propuestas para que pudiera comenzar el proceso de trílogos. Tal y como se acordó, una vez entrasen en funcionamiento estas reducciones arancelarias, Estados Unidos rebajaría del 27,5% al 15% los aranceles impuestos a los productos europeos.

“Nos interesa mutuamente que ambas partes cumplan sus compromisos y garanticen la plena aplicación del acuerdo”, declaró en otra ocasión Šefčovič, insistiendo en la idea de que la cooperación transatlántica sigue siendo un pilar fundamental del comercio internacional, pese a las tensiones actuales.  Los próximos dos meses serán decisivos para determinar si ambas potencias logran consolidar el acuerdo o si, por el contrario, se abre un nuevo capítulo de tensiones comerciales que podría tener consecuencias de largo alcance para la economía global.