Bruselas se encuentra ante el reto de impulsar su competitividad en un escenario gepolítico que se muestra cada vez más volátil. Marcado por tensiones comerciales, dependencias estratégicas y un mercado único que no ha terminado de desplegar todo su potencial. La respuesta que trata de armar la Comisión Europea pasa, en buena medida, por simplificar normas y eliminar obstáculos que siguen fragmentando la actividad económica dentro del continente.
Daniel Calleja es una de las personas que mejor conoce el entramado comunitario. Actual director de la Representación de la Comisión Europea en España, y antes director de sus servicios jurídicos, adelanta en una entrevista en Demócrata una de las iniciativas clave del Ejecutivo: el llamado régimen 28, una estructura societaria común que permitiría a las empresas operar en todo el territorio europeo con un único marco normativo. “Queremos crear una nueva estructura societaria verdaderamente europea”, señala, una propuesta que, a su juicio, puede tener “un impacto enorme” sobre el crecimiento y la inversión.
Dado su rango en el departamento jurídico, era una de las pocas personas con acceso a las reuniones del Colegio de Comisarios sin formar directamente parte de él. Su trayectoria en la alta dirección europea abarca también cargos anteriores al frente de la Dirección General de Medio Ambiente (DG ENV) y de la Dirección General de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes (DG GROW). Durante la conversación, Calleja aborda además la autonomía estratégica europea, la capacidad de la UE para responder a amenazas comerciales, la simplificación legislativa y los desafíos pendientes en ámbitos como la agricultura, el comercio internacional o la transposición de las normas europeas por parte de los Estados miembros.

Pregunta: Europa se juega ahora su credibilidad en un mundo más inestable. ¿Qué papel debe adoptar?
Respuesta: Vivimos en un mundo mucho más peligroso, mucho más inestable, mucho más multipolar. Se dice que la lógica transaccional se ha impuesto frente al Estado de derecho y Europa tiene que encontrar su papel en este nuevo escenario.
La presidenta de la Comisión hablaba de un movimiento sísmico, de una geopolítica disruptiva, y eso nos interpela. ¿Qué papel podemos jugar y qué tenemos que hacer? Europa tiene que desempeñar un papel. No en vano somos una de las zonas económicas más importantes del mundo. Somos un continente que tiene unos valores (los valores fundacionales de la libertad, la democracia, el Estado de derecho); que tiene además empresas competitivas, ciudadanos bien formados, universidades, un modelo social del que nos sentimos muy orgullosos.
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Por eso cada vez se habla más de autonomía estratégica, de construir una nueva forma de independencia, y de acelerar la integración, reforzar la soberanía tecnológica, energética, digital, económica y también militar.
Ese es el gran desafío que tenemos ahora: que Europa se constituya como uno de los polos de poder y que pueda desarrollar todo su potencial y hablar con una sola voz cada vez de forma más clara. Para ello tenemos que reducir nuestras dependencias, reforzar nuestra autonomía estratégica y ser capaces de desplegar nuestra influencia en este nuevo contexto.
P: En este contexto, ¿qué capacidad tiene Europa para responder a amenazas como los aranceles?
R: Europa se ha ido dotando estos años de una serie de medidas y tenemos un arsenal de instrumentos que podemos utilizar. Pero es muy importante subrayar que Europa defiende mercados abiertos. Somos multilateralistas, defendemos el orden internacional que sigue siendo parte de nuestro ADN.
¿Qué tenemos que hacer? Europa tiene que ser menos ingenua en un mundo que está cambiando y ser capaces de reaccionar y defender sus intereses con mayor eficacia. El llamado Instrumento Anti-Coerción es un ejemplo.
Tenemos instrumentos dentro de la política comercial común, que es competencia exclusiva de la Unión, para reaccionar cuando hay prácticas abusivas. Tenemos legislación, la estamos desarrollando y podemos ponerla en marcha si es necesario.
Dicho lo cual, a nadie le interesan las guerras comerciales ni los conflictos. Europa cree en el diálogo y en la cooperación. Manteniendo nuestros instrumentos, tenemos que buscar soluciones, negociar acuerdos, y si en última instancia tenemos que actuar, actuaremos.
Acción legislativa
P: En 2025, la Comisión presentó distintos paquetes de simplificación. ¿Cuáles son ahora las prioridades legislativas?
R: La presidenta en Davos fue muy clara. Hay tres grandes prioridades. La primera es reforzar la competitividad. No estamos aprovechando suficientemente el mercado único europeo, que sigue teniendo muchos obstáculos. Es la joya de la corona y puede ser el gran factor de crecimiento. El Fondo Monetario Internacional estimaba que los obstáculos a la libre circulación de bienes equivalen a un arancel del 45% y en servicios del 110%.
Si eliminamos esos obstáculos, tenemos un enorme potencial de crecimiento. Tenemos que poner en marcha el régimen número 28, una posibilidad optativa para las empresas de disponer de un régimen único, independiente de los 27 nacionales.
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Tenemos que avanzar en la Unión de Ahorros e Inversiones y en la libre circulación de servicios. Europa ahorra más que Estados Unidos, pero 300.000 millones de euros salen cada año porque no tenemos suficientes vehículos de capital riesgo.
Tenemos que continuar con la transición energética, porque la energía es un factor de competitividad. Todo esto, junto con la simplificación, es una prioridad. Ya hay diez paquetes de simplificación adoptados - dos se han aprobado en materia de diligencia debida y responsabilidad corporativa y agricultura - que ahorrarían miles de millones a las empresas.

P: Ahí entra el nuevo Régimen 28. ¿Cuándo llegará?
R: Se espera presentarlo en este primer trimestre. Es una propuesta ambiciosa, pero con un enorme interés por parte de los sectores económicos. Es una propuesta que es compleja desde el punto de vista jurídico. Y la presidenta tiene el máximo interés en ella, aunque luego tendrá que pasar por los colegisladores.
El impacto puede ser enorme. Queremos crear una nueva estructura societaria verdaderamente europea. La presidenta la ha bautizado EU Inc. y será un conjunto único y sencillo de normas que se aplicarán sin problemas en toda la Unión. Así, las empresas podrán operar en todos los Estados miembros con mucha más facilidad. Nuestros emprendedores y empresas innovadoras podrán registrar una empresa en cualquier Estado miembro en 48 horas, totalmente en línea. Disfrutarán del mismo régimen de capital en toda la UE.
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Si al final se impone, ese sistema daría daría un impulso extraordinario al crecimiento y a las transacciones entre los Estados miembros y atraería inversión al mercado único europeo, que es de lo que estamos hablando.
P: En el Parlamento hubo un debate sobre repartir beneficios entre empleados para aumentar la lealtad en los proyectos empresariales.
R: La propuesta todavía no ha sido hecha. Hay muchas cuestiones que hay que adoptar de índole societario, de índole fiscal, de índole laboral. Tiempo habrá para la discusión. La propuesta de la Comisión, como hacemos en estos casos, irá precedida de un estudio de impacto. La propuesta tendrá que pasar por el procedimiento de codecisión.
Ha habido una consulta y ha generado un enorme interés. Es voluntad de la presidenta que se presente en este primer trimestre para que, si el procedimiento legislativo avanza rápidamente, podamos tener ese ese nuevo sistema que yo creo que daría un gran impulso. Sabemos que hay sectores económicos muy interesados.

P: Otro paquete ómnibus era el agrícola, aquí se podrían introducir las demandas del sector en el debate sobre Mercosur.
R: La técnica del llamado paquete ómnibus es agrupar medidas legislativas relativas a un sector o tipo de empresa y hacer una sola propuesta con disposiciones que simplifican varias normas. Y de hecho los paquetes ómnibus ya propuestos abarcan varios sectores, desde el automóvil a la agricultura, el medio ambiente, los piensos y alimentos.
Me preguntas por el campo. El objetivo del paquete agrícola, ya adoptado, era precisamente reducir el papeleo para los agricultores de manera que puedan concentrarse en fomentar la innovación e impulsar su productividad. El paquete de simplificación sobre alimentos y piensos de diciembre del 2025 aborda otros problemas clave revelados en una evaluación exhaustiva de la legislación de la UE sobre plaguicidas. Son, por ejemplo, los retrasos sistemáticos en la realización de evaluaciones científicas para aprobar y renovar las aprobaciones de sustancias activas y el escaso reconocimiento mutuo de las autorizaciones de productos fitosanitarios entre los Estados miembros. Está ahora en manos de los co-legisladores.
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P: ¿Cómo legislar de un modo que cree menos complejidad?
R: El ejercicio de la simplificación va más allá y toca también a la producción de nuevas normas. Esta es otra de las cuestiones también que se han suscitado. La legislación europea es compleja. Necesitaríamos más reglamentos y menos directivas, ya que las directivas requieren medidas de transposición por parte del Estado miembro. Los Estados muchas veces van más allá de lo que dice la directiva y añaden requisitos no previstos en ella, el denominado gold- plating. El objetivo de la simplificación tiene que ser un componente muy importante porque hay grandes ahorros de costes para los operadores económicos si la legislación europea pues se hace más sencilla. Si es más comprensible, también será más fácil de aplicar para los Estados miembros.
El debate sobre Mercosur
P: El Parlamento Europeo finalmente aprobó solicitar al TJUE que se pronuncie sobre la legalidad del Acuerdo comercial con el bloque de Mercosur.
R: Es importante recordar que el acuerdo brinda importantes oportunidades para las exportaciones de alimentos y bebidas de la Unión Europea, al tiempo que garantiza que los alimentos importados en la UE cumplan nuestras estrictas normas en materia de salud y seguridad. Hemos escuchado la inquietud de nuestro sector agroalimentario, clave para nuestra seguridad alimentaria, y se han propuesto sólidas salvaguardias mediante mecanismos que limitan las importaciones procedentes de Mercosur en caso necesario.
Volviendo a tu pregunta, el Parlamento puede solicitar un dictamen al Tribunal de Justicia. Es un procedimiento consultivo y preventivo. La Comisión lamenta mucho esta decisión.
Como se vio tras el último Consejo Europe el pasado jueves, hay un claro interés entre los Estados miembros en que podamos beneficiarnos de las oportunidades que brinda el Acuerdo lo antes posible. El Consejo ya se pronunció sobre la posibilidad de aplicación provisional de este acuerdo, como se ha hecho en otros acuerdos. En todo caso, ésta solo podría tener lugar una vez uno o varios Estados del Mercosur hayan finalizado sus procedimientos internos.

P: También se ha pausado la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos.
R: Como dijo la presidenta von der Leyen tras el último Consejo Europeo, un acuerdo es un acuerdo y requiere que ambas partes lo implementen. Los compromisos estipulados en el acuerdo deben ser respetados por ambas partes. La UE sigue abogando por aranceles bajos, estabilidad y previsibilidad, de las que dependen las empresas de ambas orillas del Atlántico.
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Con la estabilidad restablecida, esperamos que el Parlamento Europeo continúe su trabajo democrático sobre los elementos del acuerdo que tiene ante sí.
Conexión Madrid-Bruselas
P: España sigue retrasada en la transposición de un amplio conjunto de normas europeas.
R: Por desgracia, sí, en parte por las dificultades parlamentarias. La Comisión, como guardiana de los tratados, tiene que actuar. Sería deseable acelerar la transposición de las directivas europeas, que dan derechos y oportunidades a empresas y ciudadanos.
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P: En estos 40 años, ¿qué ha aportado España a Europa?
R: El 40 aniversario de la adhesión de España a las Comunidades Europeas ha sido probablemente el acontecimiento histórico más importante de la segunda mitad del siglo XX. España se ha beneficiado sin duda extraordinariamente, pero hay que subrayar que España ha aportado mucho, muchísimo, a Europa.
España era un país profundamente europeísta, con un entusiasmo enorme.
Mirábamos a Europa como un ideal político de democracia y de libertad, pero también de prosperidad. Y ha hecho aportaciones muy importantes a Europa. Yo destacaría, por ejemplo, la iniciativa española que se plasmó en la ciudadanía europea para otorgar nuevos derechos a los ciudadanos europeos. La noción de ciudadanía europea complementa la de ciudadano de un Estado miembro, sin negar la nacionalidad de cada Estado, pero aportando nuevos derechos.
Otro ejemplo evidente es la política de cohesión. España está detrás de la creación del Fondo de Cohesión y de las perspectivas financieras del marco financiero plurianual, que han dado estabilidad financiera a las políticas de la Unión Europea.
Podemos hablar también de la importancia que ha tenido España en la apertura de la Unión Europea hacia el Mediterráneo y hacia América Latina. Antes de la llegada de España, la Unión Europea no tenía esa presencia.
Hay proyectos emblemáticos que llevan marca española, y voy a mencionar dos: el programa Erasmus, que se impulsa bajo el comisario español Manuel Marín, tristemente desaparecido; o el programa Galileo, el GPS europeo, que hubiera sido imposible sin la presencia y el liderazgo de la inolvidable Loyola de Palacio.
España ha tenido, además, todas las carteras importantes en la Comisión Europea: competencia, el euro, transportes, energía, reformas institucionales, Mediterráneo, relaciones exteriores, competitividad. Ha habido tres presidentes del Parlamento Europeo, un presidente del Tribunal de Justicia y la primera vicepresidenta del Tribunal de Justicia y dos vicepresidentas de la Comisión.
España ha sido uno de los países que han apostado por la Unión durante estos años, y esto ha sido así desde el principio de las negociaciones.

P: ¿Era previsible esa evolución de la Unión?
R: Nunca se sabe. Yo creo que el secreto de la Unión Europea es que ha sabido avanzar a través del método funcionalista de integración, esa solidaridad de hecho, cooperando y avanzando. Probablemente en aquel momento no se podía imaginar hasta dónde llegaríamos, pero nos ha llevado a lo que es hoy Europa.
El éxito de la Unión Europea ha sido saber adaptarse a los retos. Lo que empezó con el carbón y el acero se ha desarrollado en el ámbito económico y hoy tenemos una Unión Europea a la que se le reclama cada vez más acción en áreas que inicialmente no estaban previstas. España ha sabido contribuir en cada momento decisivo, aportando su contribución y apoyando las iniciativas necesarias.
P: ¿Qué puede estar fallando para que ese proyecto no llegue del todo a la ciudadanía? ¿Cómo se cuenta Bruselas?
R: El proyecto europeo reviste complejidades. Poner de acuerdo a 27 democracias y actuar conjuntamente no es fácil, y al ciudadano europeo le puede costar entender todos los aspectos técnicos.
Sin embargo, hay que destacar los datos del último Eurobarómetro, presentados hace unos días. En España son impresionantes: tres de cada cuatro españoles consideran que la pertenencia a Europa ha sido un éxito y el 77% cree que deberían tomarse más decisiones a nivel europeo.
Aunque a veces sea difícil explicar los detalles técnicos de algunas iniciativas o del funcionamiento de los procedimientos, los ciudadanos se dan cuenta de la importancia de Europa y apoyan la construcción europea. Desde el punto de vista del sentido de pertenencia, los datos de la Comisión muestran que está aumentando.
P: Siempre surge la comparación con Estados Unidos, incluso a nivel simbólico.
R: Es verdad que los símbolos son importantes. Estados Unidos empezó antes; en los años 50, la Unión Europea no tenía ni siquiera edificios institucionales. Hay que dar tiempo. Hoy los ciudadanos se reconocen como europeos y saben de qué se está hablando cuando nos referimos à la Unión Europea.
Además, todos saben que hay una legislación europea que les protege, que les da derechos y que influye en todos los ámbitos de su vida. Y algo muy importante: Europa ha dado oportunidades.