La Europa a dos velocidades que deslizó la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, podría comenzar a materializarse apenas unos días después del retiro informal de los líderes europeos celebrado en Bélgica. En la antesala de una reunión decisiva del Eurogrupo, Alemania, Italia, Francia, Países Bajos, Polonia y España han pactado los principios de una agenda estratégica industrial que aspiran a impulsar durante los próximos años.
El movimiento llega en un momento en el que Bruselas constata que la agenda de competitividad diseñada en los últimos ejercicios no ha tenido el impacto esperado sobre el tejido productivo europeo. Ante este escenario, la Comisión Europea ha abierto la puerta a recurrir a la cláusula de cooperación reforzada, una herramienta prevista en los Tratados que permite a un grupo reducido de Estados avanzar más rápido cuando el consenso a Veintisiete se vuelve imposible.
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“Cuando la falta de avances o de ambición amenaza con socavar la competitividad o la capacidad de actuar de Europa, no debemos dejar de utilizar las posibilidades previstas en los Tratados sobre la cooperación reforzada”, defendió la dirigente alemana.
El “E6” toma la iniciativa
Este mismo lunes, los titulares de Economía del bloque bautizado como “E6” habrían acordado dar un paso adelante en la propuesta de “preferencia europea” que está promoviendo París. La iniciativa pretende reforzar la posición de las empresas comunitarias frente a competidores externos en sectores considerados estratégicos.
Demócrata Bruselas
España apoya la propuesta
Demócrata ha confirmado que el Ejecutivo español habría dado su visto bueno a la medida como "intrsumento de política industrial". Así, sostienen fuentes del Ministerio de Economía, el país estaría respaldado "el refuerzo de la autonomía estratégica y la resilencia industrial" del continente.

A la hora de determinar sobre qué sectores estratégicos debería abarcar la propuesta de la Comisión, Economía sentencia que "las preferencias deben ser basadas en la contribución real en la UE". Por eso detectan necesidades en: inversión local, empleo europeo, transferencia tecnológica, y altividades de alto valor añadido.
“Si China cambia las reglas del juego, si nos enfrentamos a sobrecapacidades y subvenciones que inundan nuestros mercados europeos, entonces Europa también debe defenderse”, expresó el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, a su llegada a la capital belga.
La declaración supone un giro significativo. Berlín había sido una de las capitales más reticentes a la propuesta impulsada por el vicepresidente de la Comisión Europea, el francés Stéphane Séjourné. Su equipo presentará la próxima semana una iniciativa que priorizaría a compañías del continente en los procesos de licitación pública para determinados sectores estratégicos.
Hasta ahora, Alemania temía que un mecanismo de este tipo pudiera interpretarse como una deriva proteccionista. Sin embargo, el Gobierno del canciller Friedrich Merz parece dispuesto a respaldarlo al considerar que puede ser una forma de “reforzar las fortalezas europeas sin violar las normas internacionales”.
“No vamos a ser los perjudicados y actuaremos con confianza”, apuntó Klingbeil, aunque matizó que Berlín sigue defendiendo la apertura de los mercados y el comercio internacional como pilares de su modelo económico.
El riesgo para la industria alemana
El impacto que esta medida podría tener sobre la economía alemana afectaría principalmente a su industria automovilística, uno de los motores exportadores del país. Berlín no depende únicamente del mercado interno comunitario: Estados Unidos, China y el Reino Unido figuran entre sus principales destinos de exportación y son fuente de superávit externo.
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Si la propuesta se percibe como un giro proteccionista, estas potencias podrían responder con medidas “en espejo” que penalizarían a los fabricantes alemanes. La automoción, además, opera mediante cadenas de valor globales, con grandes volúmenes de contenido importado, como baterías o materiales críticos procedentes de China y Estados Unidos.
Los requisitos estrictos de contenido europeo propuestos por Séjourné amenazan con obligar a reorganizar proveedores en plazos reducidos. Fuentes consultadas por Demócrata advierten de que esto podría encarecer la producción y reducir márgenes o inversión en desarrollo tecnológico.
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Para desbloquear la tramitación, Alemania quiere que sus aliados europeos respalden una limitación clara: que la preferencia europea se aplique únicamente a aquellos sectores que se definan formalmente como estratégicos.
“No debemos quedarnos atrapados en intereses nacionales ni escondernos detrás de ellos. Debemos estar dispuestos a llegar a compromisos europeos”, reconoce la parte socialdemócrata del Ejecutivo de Merz.
Un nuevo método de coordinación política
Los seis países aliados han sellado también un método de trabajo de cara al futuro. Se establecerán reuniones periódicas —“a veces por videoconferencia, a veces presenciales”— con el objetivo explícito de acelerar decisiones y trasladarlas posteriormente al Eurogrupo y al Consejo de Economía.
El planteamiento responde a una lógica cada vez más presente en Bruselas: ante la dificultad de alcanzar acuerdos amplios, grupos reducidos de países buscan marcar el ritmo político y empujar al resto del bloque.
En estas conversaciones, la Moncloa habría puesto sobre la mesa la propuesta del “Laboratorio de Competitividad”, ideado por el ministro de Economía español, Carlos Cuerpo. Desde el Ejecutivo defienden que esta herramienta “ya está avanzando en una etiqueta a escala europea para fomentar la inversión en proyectos europeos”.
El Ministerio trabaja también en una plataforma de titulización destinada a reforzar la movilización de activos financieros en todo el continente.
“El laboratorio permite poner a prueba proyectos específicos de la Unión de Ahorros e Inversiones en ámbitos en los que la armonización regulatoria a nivel europeo sigue siendo insuficiente”, confirman fuentes del gabinete de Cuerpo.
Tensiones políticas en la cumbre de Alden Biesen
Durante la cumbre informal de los jefes de Gobierno de los Veintisiete en el castillo de Alden Biesen la semana pasada, España protagonizó un desencuentro a raíz de una reunión paralela organizada por países como Italia o Alemania.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez acusó al de la primera ministra Giorgia Meloni de socavar los principios de la Unión mediante este tipo de encuentros reducidos, interpretados por algunos socios como una forma de fragmentar la toma de decisiones comunitaria.
Ante posibles críticas, Klingbeil respondió que la alianza de estos seis países actuará “con transparencia”, informando en cada caso al resto de miembros del Eurogrupo.
“No se trata de crear estructuras paralelas, sino de avanzar en decisiones importantes dentro de los marcos existentes”, insistió el ministro alemán, subrayando que no se hace “a costa de nadie, sino con el objetivo de hacer avanzar Europa conjuntamente”.
La nueva legislación industrial europea
Está previsto que durante la reunión del Colegio de Comisarios de la próxima semana se dé luz verde a la nueva legislación industrial del continente. Bruselas busca articular un marco que combine competitividad, autonomía estratégica y capacidad de respuesta ante la presión exterior.
Antes del anuncio, Séjourné declaró que “sin una política industrial ambiciosa, eficaz y pragmática, la economía europea está condenada a ser un mero patio de recreo para sus competidores”.
La frase resume el diagnóstico que comparten cada vez más gobiernos: Europa no puede limitarse a regular, sino que necesita también proteger, incentivar y proyectar su base industrial si quiere mantener peso en un mundo marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China.
La apuesta del “E6” podría ser, en este sentido, el primer paso concreto hacia esa Europa que avanza a distintas velocidades, pero con un objetivo común: no quedarse atrás en la carrera global por la industria del futuro.