En la capital comunitaria existe una sensación compartida en el sector de la defensa. Los europeos han comenzado a incrementar sus esfuerzos para garantizar no solo la seguridad del continente, sino también la de sus aliados, en un contexto en el que las amenazas se perciben cada vez más cercanas. Sin embargo, en Bruselas crece la impresión de que esto todavía no es suficiente. Las compañías del bloque no terminan de despegar ni de hacerse con el liderazgo global, lo que estaría llevando a los Veintisiete a una suerte de decepción contenida respecto a las capacidades reales de la industria europea de defensa.
Así lo trasladó la propia jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, durante una reunión celebrada este martes en la capital belga con los ministros de Defensa de todos los Estados miembros, así como con representantes de la industria que acudieron a la cita. “Comparto su frustración porque mi sensación es la misma. De alguna manera, la industria no ha estado a la altura de nuestras expectativas en términos de producción”, llegó a afirmar al término del encuentro.
Noticia destacada
El gobierno transforma su política de defensa con un giro hacia la innovación y la superioridad tecnológica
6 minutos
Las palabras de Kallas reflejan una preocupación creciente en las instituciones comunitarias. Aunque la guerra de Ucrania provocó un aumento sin precedentes del gasto militar europeo y aceleró los planes de rearme, la realidad es que Bruselas sigue detectando importantes carencias estructurales en el sector. Los funcionarios de la Comisión Europea se muestran más cautelosos que la propia alta representante, aunque reconocen abiertamente que el sistema actual presenta numerosas deficiencias.
Los despachos comunitarios se mueven ahora en una nueva dicotomía. Por un lado, defienden que la industria de defensa europea constituye un motor fundamental para la competitividad del continente y para su autonomía estratégica. Por otro, admiten que el sector “carece de escala y no está alcanzando todo su potencial”. “Si bien las empresas de la UE en el sector de la defensa son competitivas a nivel mundial, sufren debilidades estructurales, décadas de subinversión y una fuerte fragmentación del mercado”, explica el portavoz comunitario encargado del ramo, Thomas Regnier, en conversación con Demócrata.
Un mercado fragmentado y dependiente
La fragmentación del mercado europeo sigue siendo uno de los principales obstáculos para el desarrollo de una auténtica industria militar común. A diferencia de Estados Unidos, donde existe una estrategia centralizada y grandes conglomerados capaces de producir a gran escala, Europa continúa funcionando mediante múltiples sistemas nacionales de adquisición, producción y certificación.
Esto genera duplicidades, eleva los costes y dificulta la interoperabilidad entre los distintos ejércitos europeos. En la práctica, Bruselas considera que la respuesta para revertir esta situación pasa por impulsar una mayor coordinación a nivel comunitario, algo que podría resultar “fundamental” para financiar, desarrollar, producir y mantener todas las capacidades e infraestructuras de defensa necesarias en el continente.
Noticia destacada
El rearme europeo abre un negocio estratégico para la industria española
7 minutos
“Nuestra industria de defensa debe ser capaz de ofrecer todo el abanico de capacidades y convertirse en un motor de innovación para toda la economía”, sentencia Regnier. La idea que comienza a imponerse en las instituciones europeas es que la defensa ya no puede entenderse únicamente desde el prisma militar, sino también como un factor económico, tecnológico e industrial clave para el futuro del continente.
La primera piedra de esta estrategia comunitaria sería el reglamento propuesto por Bruselas sobre movilidad militar, cuya intención es proporcionar un marco común “adecuado” para garantizar un transporte militar fluido y sin contratiempos “a gran velocidad y a gran escala”. La iniciativa busca eliminar obstáculos regulatorios, armonizar permisos transfronterizos y garantizar una infraestructura resiliente y una capacidad operativa preparada para responder rápidamente ante posibles crisis.
Este denominado “Schengen militar” establece un plazo máximo de tramitación de tres días y contempla normas específicas para situaciones de emergencia dentro de los nuevos procedimientos para el transporte militar. Además, el nuevo Sistema Europeo de Respuesta Mejorada a la Movilidad Militar se activará en tiempos de crisis y permitirá, según el Ejecutivo comunitario, priorizar rápidamente los movimientos militares en toda la Unión Europea.
El desafío tecnológico europeo
No obstante, más allá de la coordinación logística y del aumento de las inversiones, Europa se enfrenta a otro reto especialmente delicado: la fuga de talento y de tecnología hacia terceros países. El problema preocupa particularmente a Bruselas porque afecta directamente a la competitividad futura del continente en ámbitos considerados estratégicos.
Como indicó recientemente el jefe de la División de Desarrollo de la Fuerza del Estado Mayor Conjunto de la Defensa, el general de división Carlos Javier Frías, la innovación tecnológica y la inteligencia artificial aplicada al ámbito militar constituyen ya una auténtica “cuestión de supervivencia” para las Fuerzas Armadas. El militar insistió además en la necesidad de “buscar un mercado europeo” que permita retener tanto la inversión como el conocimiento dentro de las fronteras comunitarias.
La preocupación no es menor. Numerosas empresas emergentes europeas especializadas en inteligencia artificial, ciberseguridad, sistemas autónomos o tecnologías duales terminan buscando financiación en Estados Unidos o en mercados asiáticos, donde encuentran mayores facilidades de inversión y una escala empresarial mucho más desarrollada.
En esta línea, la Nueva Agenda Europea de Innovación, presentada por Bruselas, constituye uno de los pilares “estratégicos” de la soberanía tecnológica del continente. El objetivo es posicionar a la Unión Europea “como líder mundial en la revolución de las tecnologías avanzadas”.
Fuentes comunitarias explican que, al priorizar el acceso a la financiación para las empresas en fase de expansión y crear los denominados “Valles Regionales de Innovación”, se pretende garantizar que las start ups con alto potencial dispongan de los recursos necesarios para crecer dentro de las fronteras europeas, evitando así la dependencia de capital extranjero. El objetivo final consiste en construir un ecosistema donde los innovadores puedan sentirse respaldados durante todo su ciclo de vida empresarial.
La batalla por el talento
Otro de los grandes frentes abiertos es el de la captación de talento. Bruselas teme quedarse atrás en la carrera global por atraer especialistas en inteligencia artificial, computación avanzada, biotecnología o tecnologías verdes.
Por ello, el reglamento sobre la Reserva de Talento estableció la primera plataforma a nivel de los Veintisiete destinada a conectar sistemáticamente a especialistas internacionales con puestos tecnológicos de alta demanda. “Simplifica el complejo proceso de contratación para puestos con escasez de personal en IA, tecnologías verdes y biotecnología, convirtiendo a la UE en un competidor más ágil en la captación de capital humano global”, defienden desde la Dirección General de Defensa del Ejecutivo comunitario.
La estrategia europea parte de una premisa clara: sin talento no habrá autonomía tecnológica ni capacidad militar competitiva. En Bruselas son conscientes de que la defensa moderna depende tanto de los ingenieros y científicos como de los propios sistemas armamentísticos.
Infraestructuras para retener la innovación
El último eslabón del plan comunitario es la Estrategia de la UE sobre Infraestructuras de Investigación y Tecnología, basada en el principio de que el talento de primer nivel siempre se dirigirá hacia las herramientas físicas y digitales más avanzadas disponibles.
Mediante la modernización y la integración del acceso a instalaciones de vanguardia —como superordenadores de alto rendimiento o laboratorios biológicos avanzados—, la Comisión Europea pretende ofrecer un incentivo tangible para que investigadores y empresas permanezcan en el continente.
Noticia destacada
Susana del Río: “El fortalecimiento de la Defensa europea es la llave de nuestra Seguridad común”
12 minutos
Estas infraestructuras funcionan, en la práctica, como auténticos polos de atracción para la innovación, proporcionando entornos especializados donde pueden desarrollarse las próximas generaciones de avances tecnológicos europeos.
OTAN a la europea
En un momento en el que empieza a hablarse cada vez más de un posible “brazo europeo de la OTAN”, el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, se mostró esta misma semana optimista al afirmar que el bloque “está extraordinariamente fuerte” tras las decisiones adoptadas en La Haya el pasado año y a pocos meses de la próxima cumbre anual que se celebrará en Ankara, Turquía.
Sin embargo, Rutte comparte el diagnóstico de Kallas sobre la necesidad de dar un nuevo paso. Según defendió, el gran desafío ahora será “convertir el dinero de las inversiones en defensa en capacidades críticas reales”.
Bruselas insiste en que hacer frente a amenazas como Rusia, la inestabilidad en Oriente Medio o los desafíos híbridos requiere una estrecha colaboración con los socios internacionales. Cuando los funcionarios comunitarios hablan de cooperación estratégica están pensando especialmente en Reino Unido, Noruega, Canadá, Estados Unidos y los socios del Indo-Pacífico, además de los países candidatos a la ampliación y los vecinos europeos más alineados con la política comunitaria.
Con la cautela que caracteriza tradicionalmente los movimientos europeos en materia de defensa, los Veintisiete observan ahora el desarrollo de estas nuevas políticas industriales con la esperanza de que logren transformar la posición del continente en los próximos años. La eficacia de esta estrategia, admiten en Bruselas, se medirá finalmente en función de tres grandes indicadores: el aumento de las adquisiciones conjuntas, la mejora de la preparación militar europea y la capacidad de mantener el apoyo sostenido a Ucrania.