Se apagan los focos. Uno de los discursos más ovacionados de la velada que congregó a escasos metros de los leones, en el Hotel Palace, a representantes institucionales, empresariales y de la sociedad civil. Los parlamentarios presentes entre las butacas alaban, de forma susurrada para no interrumpir la ceremonia, su capacidad de síntesis ante uno de los asuntos que moldea el nuevo orden mundial. Las mismas buenas palabras para su diagnóstico: Europa se encuentra en un momento en el que no lucha solo por defender a sus aliados como Ucrania o su soberanía, está ante el reto de hacer valer sus propios principios. En la práctica, su credibilidad.
Josep Borrell (1947) es consciente de que sus palabras han empujado al auditorio a un golpe de realidad. Una llamada a la acción desde el pleno centro de Madrid tras recibir el galardón "Demócrata Europa". Mientras los invitados del evento empiezan a cenar y a convertir un salón de baile en el epicentro del "networking", el que un día fuera jefe de la diplomacia europea accede a conversar con Demócrata. Es 24 de febrero. El continente conmemora los cuatro años que dura la invasión de la guerra que el líder ruso Vladimir Putin perpetró sobre Ucrania. "Para Rusia, esta guerra ha durado más que su participación durante la Segunda Guerra Mundial", apunta al inicio de nuestra charla.

Las negociaciones en Ginebra entre las delegaciones del este avanzan, con la intermediación de Estados Unidos bajo la batuta de su director de orquesta, el presidente norteamericano Donald Trump. La actual responsable de la política exterior comunitaria, la ex primera ministra de Estonia Kaja Kallas, reclama constantemente un sitio en esa mesa desde donde se reordenan las fronteras del continente. Sin embargo, Borrell reconoce que los europeos carecen de influencia en las conversaciones actuales: "no cuentan con nosotros".
Josep Borrell:“El estado natural de las cosas es la guerra”
El expresidente del Parlamento Europeo no comparte la autosatisfacción de la Comisión Europea por su rol en el camino hasta la paz en Kiev. "No creo que tengamos un papel decisivo en estas negociaciones", lamenta. Unas afirmaciones que combina con el pragmatismo que concede el respaldo financiero y armamentístico que Bruselas ha brindado a los de Volodímir Zelenski. "En la práctica nuestro papel se basa en la ayuda que ofrecemos. Sin esta ayuda Ucrania no se podría defender", afirma.
"Estados Unidos ha dejado de ayudar. Su contribución en este plano se limita a vender sus recursos", explica desde uno de los pasillos del hotel. En este contexto, los europeos son los que estarían poniendo a disposición "todo el apoyo" para que los ucranianos hayan resistido en los 1.464 días que se alarga el conflicto. Borrell considera que ahora Europa se ha resignado a ser receptora de la historia, después de haberla escrito en los últimos quinientos años. A su parecer, ahora la pluma está en la mano de líderes como Putin y Trump; "que no nos quieren mucho", bromea. "Sabíamos que teníamos algunos enemigos, desde dentro y desde fuera, pero no sabíamos que teníamos tantos", resume al ser preguntado por las fuerzas que deciden el devenir de los acontecimientos internacionales.
Razona y argumenta como solo aquel que ha estado presente en los mayores órganos de decisión de la política internacional y diplomática es capaz de hacer. De esta forma, parece tener claro el mensaje que debería llegar a las nuevas generaciones de jóvenes europeos, entre ellos el joven corresponsal que aguanta la grabadora. Lejos de la complacencia europea por una idea de "paz natural", advierte de que el "estado natural de las cosas es la guerra". "Haberla superado es una de las grandes acciones del ser humano", sentencia. Defender esta paz y su vigencia en los días actuales "no es gratis", cuesta y requiere compromiso, como él mismo insiste a lo largo de toda la entrevista. El compromiso europeo, a su parecer, "lleva ligada la palabra democracia".
Un día antes de la cita en la capital madrileña, a más de mil kilómetros, la Hungría de Viktor Orbán ha bloqueado en la reunión de los Veintisiete representantes europeos en Bruselas la aprobación del vigésimo paquete de sanciones contra el Kremlin. "Hungría es un submarino de Rusia dentro de la Unión", afirma Borrell, que añade "otros dos países" que se suman a esta retórica ultranacionalista que llevan tiempo "defendiendo que esta guerra no la podemos ganar y por ello más vale que Ucrania se rinda".
Josep Borrell: “Estados Unidos ha dejado de ayudar. No estamos en la mesa pero somos los que mantenemos a la resistencia ucraniana”
Ante esta situación, los diplomáticos en Bruselas discuten en sus cafés, coloquios y tertulias cómo la Unión puede esquivar los constantes bloqueos de Budapest, que ahora se ven intensificados por la proximidad de sus comicios legislativos. Algunos plantean la propia reforma de los Tratados de Funcionamiento de la Unión para eliminar la unanimidad requerida para sacar adelante la Acción Exterior de los Veintisiete, como ocurre en materia comercial. Borrell esboza una sonrisa contenida al ser preguntado por esta posibilidad. Es partidario de reformar las normas que rigen la política comunitaria, pero conoce bien la paradoja: "para quitar la unanimidad hace falta unanimidad".
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En los tiempos en los que el escepticismo europeo crece en los discursos de buena parte del arco del Parlamento Europeo y en las portadas de algunos altavoces mediáticos, Borrell se opone al pesimismo. "Europa puede no ser perfecta", confiesa, "pero en ninguna parte del mundo el ser humano disfruta de la libertad y la prosperidad que encuentra en esta tierra".
Tras la conversación, ya con la grabadora apagada, entrevistado y entrevistador coinciden en una anécdota entre ambos que resulta en una complicidad que el resto de acompañantes parece no llegar a comprender del todo. No es tarea fácil para quien no lo ha experimentado. A Borrell, que ha pisado los despachos de la Moncloa hasta la Comisión Europea pasando por las Cortes y el Parlamento Europeo, la sonrisa se le despierta al recordar su tiempo en el Colegio Mayor Diego de Covarrubias, perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid. Allí se alojó durante cinco años, como recuerda, y se alegra al constatar que el joven a su lado vivió la misma experiencia que antes los de su generación. Pocas cosas han cambiado. También en Europa. "La Unión es la mejor combinación de libertad política que el ser humano ha sido capaz de construir", le dice un covarrubio a otro.
Josep Borrell
I Premio Demócrata Europa
Josep Borrell (La Pobla de Segur, 1947) es uno de los nombres propios de la política española y europea de las últimas décadas: ingeniero aeronáutico y economista de formación, profesor universitario, ministro en los gobiernos de Felipe González, presidente del Parlamento Europeo y Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Borrell ha hecho de la palabra una herramienta diplomática y del europeísmo una convicción vital.

Forjado entre despachos, aulas y cumbres internacionales, su trayectoria combina técnica y pasión política, siempre con una defensa firme de la integración europea como el mayor proyecto de paz y libertad del continente. De verbo directo y mirada estratégica, ha sido una de las voces más reconocibles de la Europa que aspira no solo a existir, sino a influir.