La juventud puede tomar las riendas de la política comunitaria, más allá de los afterwork de la Plaza Luxemburgo. Eso es lo que pretenden demostrar los casi mil jóvenes que se han sumado en los últimos meses al proyecto Youth Agenda, una iniciativa paneuropea que busca algo más que buenas intenciones, tarjetas de visita y promesas de networking entre copa y copa de vino blanco frente al Parlamento Europeo.
Optimismo juvenil, representación envejecida
Los servicios de investigación del Parlamento Europeo han detectado que el grupo de edad comprendido entre los 15 y los 30 años es el más optimista respecto al futuro del proyecto comunitario. Una constatación que, sobre el papel, debería ser una excelente noticia para Bruselas. Sin embargo, el entusiasmo juvenil convive con una realidad menos ilusionante: en la actual legislatura, la edad media de los eurodiputados se sitúa en torno a los 50 años.
Este desfase generacional no es únicamente una cuestión demográfica. Para muchos jóvenes europeos que trabajan, estudian o hacen prácticas en el corazón de la UE —desde el Parlamento hasta la Comisión, pasando por el ecosistema de think tanks y consultoras que orbitan la burbuja bruselense—, la sensación de falta de representación es persistente.
Las iniciativas que se diseñan desde la Plaza Luxemburgo para los Veintisiete no siempre reflejan las prioridades, preocupaciones o urgencias de una generación que afronta simultáneamente precariedad laboral, crisis de vivienda, ansiedad climática y un horizonte geopolítico cada vez más incierto.
De Barcelona a Bruselas: el salto paneuropeo
Un grupo de jóvenes españoles ha decidido poner fin a esta situación con la creación de una nueva plataforma paneuropea destinada a trasladar la voz de la juventud directamente a los textos legislativos europeos. La idea nace de los fundadores de Lideremos, una plataforma que en España ha funcionado como lanzadera del liderazgo juvenil y que ha llegado a participar activamente en la elaboración de proyectos como la ley de vivienda de la Junta de Andalucía o una iniciativa sobre salud mental recogida por el Gobierno de España.
Tras detectar un patrón común en la juventud europea —mismas inquietudes, mismos problemas, independientemente del pasaporte—, el equipo decidió apostar por un proyecto capaz de articular soluciones a escala comunitaria. La lógica es sencilla: si los desafíos son compartidos, las respuestas también deberían serlo.
Preguntados por sus objetivos, los impulsores de Youth Agenda responden con un entusiasmo que todavía no ha sido domesticado por la burocracia comunitaria: “aportar propuestas realistas a los desafíos comunes de toda una generación europea”. Una declaración de intenciones que, en Bruselas, suele ser recibida con una mezcla de simpatía y escepticismo.
Bruselas ya lo sabía (pero nadie lo empujaba)
Lo cierto es que las demandas de Youth Agenda no resultan ajenas a quienes frecuentan los pasillos de las instituciones europeas. Muchas de estas preocupaciones llevan tiempo circulando en informes, eventos paralelos y policy papers que rara vez logran saltar de la burbuja a la agenda política real.
Su presidente, Tomàs Güell, explica que el continente no puede permitirse perder más tiempo. Desde su punto de vista, Europa se encuentra en una encrucijada histórica que exige decisiones rápidas y valientes. Y ahí es donde entra la juventud. “Queremos aportar una voz joven, independiente y constructiva para contribuir e incidir en el debate europeo”, confiesa. No se trata de sustituir a nadie, sino de empujar a un entramado comunitario que, a menudo, avanza con la prudencia de quien teme mover demasiado el tablero.
Detrás de gran parte del proceso de consolidación de la iniciativa que han bautizado como Youth Agenda está Max Cánovas, con experiencia previa en el diseño de iniciativas comunitarias en la capital belga. En las distancias cortas se muestra confiado sobre el alcance que puede tener la plataforma una vez entre plenamente en funcionamiento.
En público, señala cuatro grandes prioridades a corto plazo: vivienda, empleo, salud y digitalización. Todo ello, matiza, “respetando al mismo tiempo las realidades de cada país”, una frase que en Bruselas funciona casi como salvoconducto político.
Tras constatar el éxito del “modelo Lideremos” en España, el objetivo ahora es trasladarlo al plano europeo. El método de trabajo parte de la organización de los jóvenes de la plataforma en comités temáticos, en los que también participarán profesionales técnicos y expertos sectoriales. A través de este mecanismo se pretende activar la escucha activa y recoger encuestas, ideas y propuestas directamente de la juventud europea.
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Del input juvenil al policy brief
Las inquietudes recopiladas en esta primera fase serán posteriormente transformadas en iniciativas con impacto. A partir de ahí, el equipo de incidencia se encarga de convertir las aportaciones en propuestas sólidas, estratégicas y accionables, diseñadas específicamente para influir en la toma de decisiones y generar cambios concretos en las políticas públicas.
En un ecosistema saturado de eventos, declaraciones y documentos que rara vez llegan al BOE comunitario, Youth Agenda aspira a hablar el idioma que entienden las instituciones: propuestas bien estructuradas, viables y alineadas con los tiempos legislativos europeos.
El último eslabón de la cadena es el equipo de “makers”, el brazo operativo del proyecto. Son quienes acompañan la puesta en marcha de las iniciativas y quienes asumen el reto de expandir Youth Agenda por todo el continente, “construyendo una red bajo el lema Make it happen”.
No se trata solo de pensar Europa, sino de hacerla funcionar. Una consigna que resuena especialmente entre una generación acostumbrada a escuchar grandes discursos sin traducción práctica.
Un debut con sello bruselense
Por ahora, el equipo fundador ya ha logrado uno de sus primeros objetivos: congregar a la juventud que trabaja en el corazón de Europa en un mismo evento. Durante su presentación oficial en Bruselas, ante centenares de asistentes —entre trainees, asistentes parlamentarios, funcionarios y algún que otro veterano curioso—, la juventud lanzó un llamamiento a “recuperar la ambición, el liderazgo y la capacidad de influencia global de Europa”.
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El acto sirvió también para poner en marcha los comités de actuación de la plataforma. Las distintas intervenciones funcionaron como una apertura de los marcos específicos de trabajo, con el objetivo de consolidar Youth Agenda como una red juvenil de carácter multisectorial y multidisciplinar.
Vivienda: el elefante en la sala
Como es previsible, uno de los principales problemas que atraviesa actualmente la juventud europea es la imposibilidad de acceder a una vivienda. Una cuestión que en Bruselas se menciona con frecuencia, pero que rara vez se traduce en soluciones concretas.
Por ello, el responsable de maximizar el compromiso de los miembros de la plataforma, Manuel Tamariz, quiso poner el énfasis en esta problemática. “Sin acceso a la vivienda, la emancipación se retrasa, las oportunidades desaparecen y toda una generación europea se ve obligada a esperar”, sentenció. Una frase que resonó con fuerza entre quienes, pese a trabajar en instituciones europeas, comparten piso a kilómetros del centro.
Una red verdaderamente europea
Desde las primeras conversaciones previas al lanzamiento, los fundadores compartían una obsesión: el proyecto debía apelar realmente a jóvenes de todas las capitales europeas, no convertirse en otra iniciativa dominada por perfiles del sur o del eje Bruselas-París.
Esta aspiración se ha trasladado a los grupos de trabajo. Así, una joven belga estará al frente del departamento de empleo, mientras que un francés asumirá la responsabilidad del área estratégica de tecnología e innovación. Un reparto que busca reflejar la diversidad europea más allá de los discursos.
Autonomía estratégica y ambición continental
Güell cree que se abre ahora una oportunidad para que Europa vuelva a competir, innovar y marcar agenda en los grandes debates económicos y tecnológicos. Su receta pasa por alcanzar una autonomía plena en energía, tecnología e industria. “Sin ella no hay soberanía ni estabilidad a largo plazo”, advierte, alineándose con uno de los mantras más repetidos en los últimos años en la Comisión Europea.
Demócrata ha podido constatar que, antes del evento de presentación, Youth Agenda mantuvo reuniones con representantes de las principales instituciones europeas, desde el Parlamento hasta el Consejo. Un trabajo discreto, pero fundamental para cualquier iniciativa que aspire a sobrevivir en Bruselas.
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El resultado de estas conversaciones habría sido satisfactorio para el equipo de Güell, que ha logrado atraer al proyecto a una parte significativa del arco parlamentario. Eurodiputados como el popular Adrián Vázquez o el socialista José Cepeda han respaldado públicamente la iniciativa, destacándola como una propuesta innovadora orientada a reforzar la participación juvenil.
En una ciudad donde abundan las ideas pero escasean los cambios, Youth Agenda intenta abrirse paso con una premisa sencilla: si Europa quiere futuro, tendrá que empezar a escuchar a quienes lo van a vivir.