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Los bailes de Maduro, la gota que colmó el vaso de Trump: cómo sus gestos públicos dinamitaron la relación con Estados Unidos

La escalada entre Estados Unidos y Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro no se explica solo por sanciones, petróleo o geopolítica clásica. Según ha revelado The New York Times citando fuentes próximas a la Administración estadounidense, los gestos públicos del presidente venezolano, en especial sus vídeos bailando y su tono festivo en actos oficiales, contribuyeron a deteriorar de forma personal la relación con Donald Trump en los meses previos a la operación

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro PRESIDENCIA VENEZUELA

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro PRESIDENCIA VENEZUELA

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No se trata de una causa única ni determinante, pero sí de un elemento que, en un contexto ya extremadamente tenso, reforzó en la Casa Blanca la percepción de desafío y burla institucional por parte de Maduro.

Maduro responde a las amenazas con música y baile

A finales de 2025, en plena escalada de advertencias desde Washington, Maduro protagonizó varios actos públicos en el Palacio de Miraflores y en marchas oficiales en los que bailó al ritmo de remixes construidos con fragmentos de sus propios discursos, acompañados de consignas como “No a la guerra, sí a la paz” o “peace, peace, peace”.

Los vídeos, difundidos por medios estatales y redes sociales, buscaban proyectar una imagen de resistencia, calma y desafío simbólico ante lo que el Gobierno venezolano describía como amenazas militares de Estados Unidos. En uno de esos actos, Maduro llegó a asegurar que Venezuela no se dejaría intimidar y que respondería con “alegría, música y paz”.

La lectura en Washington: gesto de desdén y provocación

Según fuentes citadas por The New York Times, en el entorno de Trump estos gestos fueron interpretados de manera muy distinta. El baile fue visto como una muestra de desprecio hacia las advertencias estadounidenses, especialmente en un momento en el que Washington acusaba al régimen venezolano de narcotráfico, desestabilización regional y amenazas directas a la seguridad hemisférica.

En el círculo del presidente estadounidense, donde la política exterior se gestiona también en clave personal, el contraste entre la gravedad del discurso oficial y la imagen festiva de Maduro alimentó la idea de que el líder venezolano no tomaba en serio las advertencias ni el pulso militar de Estados Unidos.

Un antecedente conocido: Trump y la política del gesto

No es la primera vez que Trump reacciona con dureza ante gestos simbólicos de líderes extranjeros. Durante su primera presidencia, el republicano mostró una sensibilidad especial hacia actos que interpretaba como humillaciones públicas, burlas o desafíos directos, incluso cuando estos no tenían un impacto material inmediato.

En el caso venezolano, los vídeos de Maduro bailando se sumaron a otros factores: sanciones incumplidas, contactos con potencias rivales y el uso del petróleo como herramienta política. El baile no fue la causa, pero sí “la gota que colmó el vaso” en el plano personal, según fuentes recogidas por el diario estadounidense.

Maduro y la estrategia comunicativa del espectáculo

Desde hace años, el chavismo ha utilizado la música, los actos multitudinarios y la teatralización política como parte de su estrategia comunicativa. En un entorno de crisis económica y aislamiento internacional, el baile y la puesta en escena buscaban transmitir control, normalidad y desafío, especialmente hacia su base interna.

Sin embargo, esa estrategia, pensada para el consumo doméstico y regional, tuvo un efecto contrario en Washington, donde fue interpretada como una provocación innecesaria en un contexto de alta tensión militar. Una capital la estadounidense donde también tiene un líder al que le gusta bailar, por cierto.