Bulgaria gana Eurovisión 2026 y evita la victoria de Israel en la final más política, sin España y con Rusia en el debate

Dara ha dado a Bulgaria su primera victoria en Eurovisión con ‘Bangaranga’, tras imponerse con 516 puntos en una final marcada por el segundo puesto de Israel, la ausencia inédita de España, el mensaje de RTVE por Palestina y la polémica por las palabras del director del festival sobre un eventual regreso de Rusia

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Manifestación contra la presencia de Israel en Eurovisión en Viena Roland Schlager/APA/dpa
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Bulgaria ha ganado Eurovisión 2026 en una de las finales más tensas y políticas de la historia reciente del festival. La cantante Dara se impuso en Viena con Bangaranga, un tema urbano con raíz folclórica búlgara, y logró 516 puntos, suficientes para dar a su país la primera victoria de su historia en el certamen. Israel, representada por Noam Bettan con Michelle, quedó en segunda posición con 343 puntos.  

La victoria búlgara evitó un desenlace que habría elevado todavía más la crisis del festival: una victoria de Israel en una edición marcada por el boicot de cinco países, entre ellos España, por la presencia israelí en el concurso en plena guerra en Gaza. RTVE no participó ni emitió la final, algo inédito desde 1961, y lanzó a la hora de inicio del festival un mensaje en apoyo a Palestina: “Eurovisión es un concurso, los derechos humanos no lo son”.  

La final también dejó otra bomba política: el debate sobre un posible regreso de Rusia. Martin Green, director de Eurovisión, afirmó en una entrevista que la invasión de otro país no es, por sí misma, motivo automático de exclusión del certamen, lo que provocó una dura reacción de RTVE. Después, Green matizó que no hay conversaciones en marcha para la vuelta rusa.  

Bulgaria gana Eurovisión por primera vez con Dara y ‘Bangaranga’

La gran sorpresa de la noche fue Bulgaria. Dara, de 27 años, se llevó el Micrófono de Cristal con Bangaranga, una canción de energía urbana y base pop que conectó tanto con el jurado profesional como con el televoto. La victoria tiene un valor histórico: Bulgaria nunca había ganado Eurovisión desde su debut en el certamen.  

El triunfo llega además tras varios años de participación intermitente del país. Bulgaria había estado ausente en las ediciones de 2023, 2024 y 2025, alegando dificultades económicas, y regresó este año con un resultado que cambia por completo su posición dentro del festival.

Ahora se abre una pregunta importante: si Bulgaria podrá organizar Eurovisión 2027. Ganar implica también asumir los enormes costes de producción, seguridad, sede, retransmisión y logística. El éxito musical es indiscutible; el desafío económico empieza ahora.

Israel queda segundo y vuelve a apoyarse en el televoto

Israel fue la otra gran protagonista de la noche. Noam Bettan, con Michelle, terminó segundo con 343 puntos, impulsado de forma decisiva por el voto popular. El resultado confirma que Israel mantiene una enorme capacidad de movilización en el televoto, incluso en una edición marcada por el rechazo de varias televisiones públicas europeas.  

Según la crónica de El País, Israel recibió 220 puntos del televoto, una cifra muy alta aunque inferior al nivel de arrastre popular de otras ediciones recientes. La presencia israelí volvió a concentrar buena parte de la atención política de la final y mantuvo al festival en una posición incómoda: formalmente musical, pero atravesado de lleno por la geopolítica.  

La tensión venía de antes. La organización había advertido a Israel por anuncios en redes sociales en varios idiomas, incluidos mensajes en español, en los que se pedía concentrar los votos del público en su candidatura, según informó El País. El caso reabrió las dudas sobre el televoto, la promoción digital y los límites de la campaña en un concurso que intenta vender neutralidad, pero que vive cada vez más bajo presión política.  

España, fuera de Eurovisión por primera vez desde 1961

La ausencia de España fue una de las grandes claves de Eurovisión 2026. RTVE decidió no participar ni emitir el festival por la presencia de Israel, una decisión inédita desde 1961. La cadena pública se sumó así a otros países que se apartaron del certamen en protesta por la participación israelí.  

La decisión española tuvo además una traducción televisiva muy clara: RTVE no emitió la final y programó una alternativa musical. Pero el gesto más potente llegó justo a las 21.00 horas, coincidiendo con el arranque de Eurovisión, cuando difundió un mensaje en español e inglés con fondo negro y letras blancas.

El texto decía: “Eurovisión es un concurso, los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina”. Fue una frase breve, diseñada para circular, y con una carga política enorme.  

RTVE eleva el choque con la UER

El mensaje de RTVE no fue un gesto aislado. La cadena pública española ya había lanzado en 2025 un vídeo similar antes de la final de Basilea, pero este año la diferencia es mayor: España ya estaba fuera del concurso.

RTVE ha convertido Eurovisión 2026 en un pulso institucional con la Unión Europea de Radiodifusión. La cadena defiende que no puede normalizar la participación de Israel mientras continúe la ofensiva en Gaza, y el presidente de RTVE, José Pablo López, ha sido especialmente crítico con la dirección del festival.

Ese choque puede marcar el futuro de España en Eurovisión. Martin Green ha dicho que el festival hará lo posible por recuperar a RTVE, pero el regreso español parece depender de algo más que una invitación: depende de cómo gestione la UER el caso Israel y de si logra recomponer la confianza con las televisiones que han abandonado el certamen.  

Rusia vuelve al debate y enfada a RTVE

La polémica no se limitó a Israel. En las horas previas a la final, Martin Green abrió otro frente al referirse a Rusia, expulsada del festival tras la invasión de Ucrania. Según recogieron varios medios, Green sostuvo que “invadir otro país no es motivo de expulsión” automática en Eurovisión y explicó que la suspensión rusa se basó en la falta de independencia de su televisión pública respecto al Gobierno.  

Las palabras provocaron una reacción inmediata de José Pablo López, presidente de RTVE, que acusó a la dirección de Eurovisión de alimentar un doble rasero entre Rusia e Israel y de dificultar el regreso de España al certamen.  

Green matizó después que no hay planes ni conversaciones en marcha para un retorno ruso. Pero el daño político ya estaba hecho: Eurovisión 2026 no solo terminó con una ganadora, sino con la sensación de que el festival tiene pendiente una crisis de coherencia sobre sus criterios de participación.  

Rumanía, Australia y Finlandia completan la zona alta

Más allá del pulso Bulgaria-Israel, la clasificación dejó varias sorpresas. Rumanía terminó tercera con Alexandra Căpitănescu y Choke Me, un tema que mezcló rock y electrónica y que recibió un fuerte empuje del público. Australia, con Delta Goodrem y Eclipse, quedó cuarta.  

Finlandia, que llegaba como una de las grandes favoritas en las apuestas, acabó sexta, un resultado por debajo de las expectativas. También llamó la atención el mal puesto de Suecia, una de las grandes potencias eurovisivas, que terminó lejos de la zona alta.  

El resultado confirma una constante de Eurovisión: las apuestas marcan conversación, pero no siempre anticipan el voto real. En esta edición, el jurado estuvo muy repartido y el televoto terminó inclinando la balanza de forma clara hacia Bulgaria.

Una final con menos países y más tensión política

Eurovisión 2026 fue la edición con menos países participantes desde 2004, con 35 delegaciones, según RTVE. La caída se explica por el boicot de varios países a la presencia de Israel.  

Esa reducción tiene consecuencias económicas y simbólicas. Cada televisión participante paga tasas por competir y emitir el festival. Perder países significa perder ingresos, audiencia, legitimidad y músculo diplomático dentro del sistema eurovisivo.

Por eso la dirección del festival está intentando ampliar horizontes. El debate no es solo cómo recuperar a España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia o Islandia. Es también cómo crecer fuera del mapa tradicional europeo.

Canadá y Eurovisión Asia: el festival busca nuevos territorios

En paralelo a la crisis europea, Eurovisión mira fuera. Martin Green ha señalado que Canadá está invitada a explorar su entrada, aunque todavía no haya una solicitud formal. La idea encaja con una estrategia más amplia: convertir Eurovisión en una marca global, no solo europea.

El paso más concreto ya está dado: Eurovision Song Contest Asia debutará el 14 de noviembre de 2026 en Bangkok. La propia organización ha confirmado que será la primera gran expansión multinacional del formato y que ya hay países asiáticos confirmados para participar.  

El movimiento es importante porque llega en plena crisis de legitimidad del festival clásico. Mientras algunas televisiones europeas se marchan por motivos políticos, la marca Eurovisión intenta abrir una nueva vía de crecimiento en Asia.