Perú se asoma a una segunda vuelta con Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, que se impone por la mínima a López Aliaga

Keiko Fujimori lidera una elección fragmentada mientras Roberto Sánchez se abre paso desde el voto rural en medio de acusaciones sin pruebas y una crisis de confianza institucional.

5 minutos

Elecciones presidenciales en Perú, imagen de archivo Europa Press/Contacto/Carlos Garcia Granthon

Publicado

Última actualización

5 minutos

Perú sigue atravesando este miércoles unas elecciones generales, todavía sin resultados definitivos, donde la fragmentación del voto y el lento avance de su recuento están prolongando la incertidumbre política en todo el país. Con más del 90% del escrutinio completado, Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, se ha consolidado como la candidata más votada del pasado domingo, con alrededor del 17% de los apoyos, muy lejos, sin embargo, de la mayoría absoluta necesaria para evitar una segunda vuelta.

La gran incógnita ha sido durante días quién la acompañará en esa segunda ronda. Con los resultados todavía en el aire, el izquierdista Roberto Sánchez ha logrado imponerse por un estrecho margen al conservador Rafael López Aliaga gracias al voto rural, que llega más tarde al recuento oficial.

Unas elecciones atravesadas por la fragentación

El primer rasgo definitorio de estas elecciones ha sido su extrema fragmentación. Hasta 35 candidatos han concurrido a los comicios, reflejo de un sistema político profundamente debilitado. Ninguno ha logrado superar el 20% de los votos, escenario que obliga a una segunda vuelta prevista para junio.

A esa cita concurrirá con total certeza Fujimori, heredera del pensamiento de su padre, con un programa centrado en la seguridad.  Para sus seguidores, representa una apuesta por el orden institucional y la estabilidad económica. Para sus detractores, encarna la continuidad de un modelo político asociado al fujimorismo y a sus controversias históricas.

Y si los resultados avanzan en este sentido, enfrente estaría Roberto Sánchez, exministro, izquierdista y cercano al expresidente Pedro Castillo. El candidato de la coalición Juntos por el Perú ha ganado terreno a medida que avanza el conteo oficial, consolidándose como la principal referencia de la izquierda en esta fase del proceso electoral y poniendo en cuestión la ventaja inicial de otros aspirantes conservadores.

Entre sus propuestas, destaca la mayor representación del llamado “Perú profundo”, con especial énfasis en las zonas rurales y andinas, que considera históricamente marginadas por el sistema político centralista. En la jornada de este miércoles, el aspirante presidencial ha instado a que se acaten sin cuestionamientos los resultados de las elecciones.

Caos logístico, mesas sin abrir y voto extendido

Y es que la misión de observación de la Unión Europea en Perú ha concluido que las elecciones del pasado domingo fueron transparentes, descartando la existencia de fraude han sugerido algunos candidatos.

En la presentación del informe preliminar, la jefa de la misión, la eurodiputada Annalisa Corrado, ha asegurado que no existen “elementos objetivos” que respalden las denuncias de irregularidades en el proceso electoral. Aunque ha reconcido “graves problemas” en la distribución del material, ha subrayado que estos no afectan a la integridad del resultado.

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), a través de su jefe Piero Corvetto, reconoció durante la jornada electoral de este domingo 12 de abril que no se llegaron a instalar 211 mesas de votación, lo que afectó directamente a 63.300 electores que no pudieron acudir a votar con normalidad hasta este lunes, motivo por el que el escrutinio se está alargando. 

El fantasma del fraude

En este contexto, el candidato ultraconservador de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, que roza el tercer puesto tras haber sido rebasado por Roberto Sánchez, ha denunciado un supuesto fraude electoral, llegando a convocar movilizaciones y a exigir la anulación de los comicios.

Así, ha liderado en las últimas horas una concentración frente a la sede del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en Lima. Desde allí ha dado a las autoridades un plazo de 24 horas para invalidar los comicios y convocar una nueva cita con las urnas, en el contexto de sus denuncias de supuesto fraude electoral.

Entre Sánchez y López Aliaga apenas median 26.000 votos de diferencia, margen que decidirá quién se clasifica para la segunda vuelta del 7 de junio, en la que se enfrentará a la candidata de Fuerza Popular, que concurre por cuarta ocasión a la Presidencia.

En su último intento, en 2021, Fujimori perdió por un estrecho resultado frente a Pedro Castillo. Este lunes, tras el cierre de los colegios electorales, Sánchez acudió a visitarle a la prisión de Barbadillo, donde el exmandatario cumple una condena de once años por el intento de autogolpe de 2022.

La ONPE sitúa por su parte a Sánchez con el 12,05% y por López Aliaga con el 11,8%.

El papel del voto rural y el vuelco del escrutinio

Uno de los factores determinantes en estas elecciones ha sido el peso creciente del llamado “Perú profundo”, que ha reconfigurado el mapa electoral a medida que avanzaba el escrutinio. La consolidación de Roberto Sánchez en los primeros puestos se explica, en gran medida, por el desfase temporal del recuento en las zonas rurales, donde el voto suele procesarse con mayor lentitud, pero también por su arraigo en sectores populares y regiones periféricas del país, tradicionalmente menos visibles en los grandes centros urbanos.

Ese avance progresivo ha ido alterando el equilibrio inicial de la contienda, que en las primeras horas del escrutinio estaba dominado por candidaturas con mayor fortaleza en ciudades como Lima. A medida que se incorporaba el voto del interior, el panorama se ha ido desplazando hacia una fotografía mucho más fragmentada y volátil, donde las diferencias se estrechan y los liderazgos se reordenan.

El resultado final apunta a un escenario políticamente muy tensionado, en el que conviven una derecha competitiva pero profundamente dividida, una izquierda que recupera impulso desde las regiones del interior, y un electorado que vuelve a evidenciar una fractura territorial y social persistente.

En este contexto, la eventual segunda vuelta trasciende la simple elección de un presidente. Lo que está en juego es la definición del rumbo institucional del país en un momento de elevada desconfianza y desgaste político acumulado.

Más allá de los nombres propios, la cuestión central es si Perú logrará cerrar el proceso electoral con una percepción suficiente de legitimidad o si, por el contrario, las tensiones, retrasos y acusaciones cruzadas terminarán profundizando una crisis que ya se arrastra desde hace años y que amenaza con volverse estructural.

Históricos que se quedan fuera del nuevo Congreso

Además de la elección presidencial, los peruanos han decidido la composición del nuevo Congreso, que recupera la bicameralidad, así como cinco escaños en el Parlamento Andino. Con el recuento aún en marcha, los datos provisionales apuntan a que varias figuras y partidos tradicionales se quedarán sin asiento.

Diversas formaciones no han alcanzado el umbral mínimo del 5% de los votos y, por tanto, perderán toda representación parlamentaria. Entre ellas se encuentran históricos como Alianza para el Progreso, Podemos Perú o Somos Perú, que sumaban en conjunto hasta 39 diputados en la legislatura saliente.

Acción Popular, que contaba con diez congresistas, también quedará fuera del próximo periodo legislativo, al igual que Perú Libre, que no ha logrado superar la barrera exigida para mantener presencia en la nueva Cámara.