Quién es Keiko Fujimori, la candidata conservadora que lidera el escrutinio en Perú

La candidata de Fuerza Popular centra su propuesta en seguridad, economía de mercado y fortalecimiento del Estado en un contexto de alta inestabilidad política en Perú

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Keiko Fujimori, candidata presidencial. Europa Press/Contacto/El Comercio

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Keiko Fujimori se ha consolidado nuevamente como la principal figura de las elecciones presidenciales en Perú, al encabezar el recuento provisional en una contienda marcada por la fragmentación del voto y la incertidumbre política.

Hija del expresidente Alberto Fujimori, la candidata de Fuerza Popular vuelve a situarse en el centro del tablero político peruano en un proceso electoral que podría llevarla por cuarta vez a disputar una segunda vuelta presidencial.

Perfil político y trayectoria

Fujimori irrumpió en la política peruana a mediados de la década de 2000, construyendo su liderazgo a partir del legado de su padre, el exmandatario Alberto Fujimori, una figura que marcó profundamente la política del país en los años noventa.

Desde entonces, ha sido candidata presidencial en varias ocasiones y ha ejercido como una de las principales líderes de la oposición, especialmente en el Congreso, donde su partido ha tenido una presencia constante.

¿Qué propone?

 

El programa electoral de Fujimori se articula en torno a tres grandes ejes: seguridad ciudadana, economía de mercado y fortalecimiento institucional.

En materia de seguridad, su propuesta pone el acento en el endurecimiento de las penas contra la delincuencia, el refuerzo de las fuerzas policiales y el combate al crimen organizado, especialmente en un contexto en el que la inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la población peruana.

En el plano económico, su programa defiende un modelo de libre mercado basado en la atracción de inversión privada, la reducción de trabas burocráticas y la estabilidad fiscal, con el objetivo de favorecer el crecimiento económico y la generación de empleo.

Y en el ámbito institucional, Fujimori plantea medidas orientadas a la modernización del Estado, la mejora de la gestión pública y el fortalecimiento de la gobernabilidad, en un país marcado por una prolongada inestabilidad política en los últimos años.

Un liderazgo marcado por la polarización

Su figura genera fuertes divisiones en el electorado peruano. Para sus seguidores, representa una apuesta por el orden institucional y la estabilidad económica. Para sus detractores, encarna la continuidad de un modelo político asociado al fujimorismo y a sus controversias históricas.

En cada campaña, su candidatura ha estado acompañada de un alto nivel de polarización, reflejo de las tensiones políticas que atraviesa el país andino.

Fujimori se ha presentado en tres ocasiones a las elecciones presidenciales de Perú, consolidándose como una de las figuras más recurrentes de la política del país en las últimas décadas.

Su primera candidatura tuvo lugar en 2011, cuando logró pasar a segunda vuelta pero fue derrotada por Ollanta Humala. Cinco años después, en 2016, volvió a disputar la presidencia y perdió en una contienda extremadamente ajustada frente a Pedro Pablo Kuczynski. En 2021 repitió escenario electoral, alcanzando nuevamente la segunda vuelta, en la que fue superada por Pedro Castillo.

En todas sus candidaturas, Fujimori ha llegado a la fase decisiva del balotaje, aunque sin conseguir finalmente la presidencia, lo que refleja tanto su capacidad de movilización electoral como la fuerte polarización del sistema político peruano.

Una presencia recurrente en el balotaje

De confirmarse las tendencias actuales del escrutinio, Fujimori volvería a disputar una segunda vuelta presidencial, como ya ocurrió en procesos anteriores, en los que no logró alcanzar la presidencia pese a quedar en primera posición en la primera ronda.

El sistema electoral peruano, que exige mayoría absoluta para ganar en primera vuelta, ha convertido a la líder de Fuerza Popular en una figura recurrente en las fases decisivas de las elecciones.

La controversia en torno a su figura está directamente vinculada al legado de su padre, quien gobernó Perú en la década de 1990 con un estilo marcado por medidas de choque económico, la lucha contra la insurgencia y un fuerte control del aparato estatal.

Aunque su gobierno es recordado por parte del electorado por la estabilización económica y la derrota de grupos armados, también está asociado a graves denuncias de violaciones de derechos humanos y corrupción, por las que Alberto Fujimori fue posteriormente condenado y encarcelado.

Ese pasado ha hecho que el apellido Fujimori sea un símbolo profundamente polarizador en la política peruana: para algunos representa orden y eficacia; para otros, autoritarismo y abuso de poder.

Una figura de alta polarización

Fujimori combina un importante respaldo electoral con un elevado rechazo social. Sus defensores la consideran una opción de estabilidad institucional, mientras que sus críticos la asocian con la continuidad del fujimorismo histórico y sus controversias.

Esta división ha sido constante en sus campañas presidenciales, donde el debate sobre su figura suele trascender lo programático para centrarse en el legado político de su apellido.

La polémica en torno a Keiko Fujimori no se explica solo por su trayectoria política, sino también por el peso simbólico de su apellido en la historia reciente del Perú, que sigue marcando profundamente la percepción pública de su candidatura.