Las elecciones presidenciales en Perú se asoman a su recta final. Con el 90% de los votos contabilizados, el conteo preliminar de los comiciones del pasado domingo ha registrado un cambio relevante en la pugna por la segunda posición, consolidando a la candidata conservadora Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, como líder del proceso y situando al izquierdista Roberto Sánchez en segundo lugar.
Según los datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori encabeza en estos momentos la votación con cerca del 17% de los sufragios, seguida de Sánchez, que ha logrado consolidar su avance en las últimas horas del escrutinio.
El exalcalde de Lima, el ultraderechista Rafael López Aliaga, ha caído al tercer puesto en un desenlace muy ajustado, separado por apenas unas décimas del segundo lugar en una de las contiendas más fragmentadas de los últimos años.
Ascenso de Sánchez en el voto rural y reconfiguración del mapa electoral
El avance de Sánchez se ha producido en paralelo a la incorporación del voto procedente de zonas rurales y del interior del país, donde su candidatura ha logrado un mayor respaldo frente a sus rivales urbanos.
Este patrón ha vuelto a evidenciar la fuerte división territorial del electorado peruano entre las grandes ciudades y el llamado “Perú profundo”, un factor clave en el resultado de estos comicios.
Denuncias de fraude y llamado a la calma institucional
La recta final del escrutinio ha estado acompañada por un clima político tenso. López Aliaga ha cuestionado el proceso electoral y ha insinuado irregularidades sin aportar pruebas concluyentes, mientras sectores políticos han advertido del riesgo de polarización.
En contraste, una misión de observación de la Unión Europea ha descartado indicios de fraude, subrayando que el proceso ha sido transparente pese a incidencias logísticas durante la jornada electoral. Por su parte, otras voces dentro del espectro político han reclamado respeto a los resultados y han pedido evitar acusaciones sin fundamento que puedan aumentar la tensión social.
Al margen de irregularidades en el proceso, la misión europea señala algunos incidentes en varios distritos, donde el material electoral llegó con retraso, lo que impidió la apertura de 13 centros de votación y dejó temporalmente sin votar a decenas de miles de ciudadanos. Esta situación obligó a extender la jornada electoral hasta el lunes en algunos puntos del país.
Según la misión europea, estos contratiempos “comprometieron unas elecciones, por lo demás bien organizadas”, diferenciando claramente entre errores logísticos y una posible manipulación del voto.
Un país en busca de estabilidad política
El resultado se produce en un contexto de fuerte inestabilidad institucional, con múltiples cambios de gobierno en la última década y un aumento sostenido de la inseguridad ciudadana, que se ha convertido en la principal preocupación de los votantes.
Con el escrutinio aún sin cerrar oficialmente, Perú se encamina a una segunda vuelta que volverá a enfrentar a dos proyectos políticos profundamente polarizados en un escenario de alta incertidumbre.