El avance del conteo electoral en Perú ha dado un giro significativo en las últimas horas. Con cerca del 90% de las actas procesadas, el candidato de izquierda Roberto Sánchez ha superado por un estrecho margen al ultraconservador Rafael López Aliaga, colocándose en la segunda posición y encaminándose hacia una probable segunda vuelta frente a Keiko Fujimori.
Fujimori lidera el escrutinio con algo menos del 17% de los votos, mientras que Sánchez y López Aliaga mantienen una pugna ajustadísima por el segundo lugar, separados por apenas unas décimas. El sorpresivo ascenso del candidato progresista se ha producido a medida que se incorporaban al recuento los votos de zonas rurales, tradicionalmente más favorables a su candidatura.
Este patrón ha vuelto a evidenciar la fractura territorial del país: mientras López Aliaga ha concentrado su respaldo en Lima y las principales ciudades —cuyos resultados se conocen primero—, Sánchez ha construido su avance en áreas rurales y andinas, donde su discurso ligado al legado de Pedro Castillo mantiene una fuerte resonancia.
Tensiones y acusaciones sin pruebas
Ante la posibilidad de quedar fuera de la segunda vuelta, López Aliaga ha denunciado un supuesto fraude electoral sin aportar evidencias. El exalcalde de Lima ha vinculado su retroceso a retrasos en la apertura de centros de votación en la capital y ha elevado el tono político llamando a la “insurgencia civil” en concentraciones con sus seguidores.
Además, ha exigido la detención de Piero Corvetto, responsable de la autoridad electoral, en un contexto marcado por la tensión y la desconfianza en el proceso.
Un resultado aún abierto
Pese al avance del escrutinio, el resultado definitivo aún no está cerrado. Quedan por contabilizar votos del extranjero —donde López Aliaga podría recuperar terreno— y resolver miles de actas impugnadas.
De confirmarse la tendencia actual, Fujimori disputaría su cuarta segunda vuelta consecutiva, tras haber sido derrotada previamente por Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y el propio Castillo. El país afrontaría así un nuevo episodio de polarización en un sistema político marcado por la inestabilidad, con ocho presidentes en apenas una década.
La incertidumbre, lejos de disiparse, se mantiene a la espera de los últimos votos.