El tratado Nuevo START, suscrito entre Estados Unidos y Rusia para avanzar en la reducción de sus arsenales nucleares, ha llegado a su fin este jueves sin que las dos potencias hayan cerrado una prórroga ni un nuevo marco que lo sustituya. Con su expiración desaparece el último gran acuerdo de limitación de armas atómicas que también actuaba como instrumento de confianza y supervisión recíproca entre Washington y Moscú.
El acuerdo fue firmado en abril de 2010 en Praga por los entonces mandatarios de Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Dimitri Medvedev, y entró en vigor en febrero de 2011, tras la ratificación por parte de ambos países. Su horizonte inicial era de diez años de control sobre los arsenales de las dos mayores potencias nucleares del planeta.
El Nuevo START sustituyó al Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas (SORT), conocido como Tratado de Moscú y rubricado en 2003, y se inscribía en la misma línea que el START I, firmado en 1991 y en vigor desde 1994, así como del fallido START II, que nunca llegó a materializarse por el bloqueo de las conversaciones.
En virtud de este marco, Estados Unidos y Rusia quedaban limitados a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas cada uno, lo que implicaba recortar en torno a dos tercios el techo fijado en el START I y alrededor de un 10% respecto a las cifras acordadas en el Tratado de Moscú.
El texto también fijaba un tope de 700 para el número de misiles balísticos intercontinentales desplegados y no desplegados, de misiles balísticos lanzados desde submarinos y de bombarderos pesados preparados para portar y lanzar armamento nuclear, con un máximo adicional de 700 sistemas no desplegados, además de establecer un régimen de supervisión destinado a garantizar el cumplimiento de estas obligaciones.
Uno de los pilares del tratado eran sus disposiciones de verificación, que contemplaban inspecciones “in situ”, con hasta 18 visitas anuales a instalaciones con sistemas estratégicos, así como el intercambio regular de datos sobre la ubicación de cabezas nucleares y lanzadores. Además, se preveían comisiones consultivas conjuntas que debían reunirse al menos dos veces al año.
El acuerdo incluía también avisos previos sobre el lanzamiento de misiles balísticos sujetos a sus normas y establecía que su vigencia “será de diez años, a menos que sea supersedido por otro acuerdo”. “Las partes podrían acordar extender el tratado durante un periodo de más de cinco años” --como pasó en 2021--, apunta.
SUSPENSIÓN POR PARTE DE RUSIA
El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció en febrero de 2023 la suspensión de la participación de Moscú en el tratado, en plena escalada de tensiones por la invasión de Ucrania, iniciada un año antes.
Putin sugirió en septiembre de 2025 una extensión de un año y, aunque el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que este movimiento “parece una buena idea”, ninguna de las partes dio pasos concretos para materializarla. En ese contexto, Medvedev avisó de que la expiración del Nuevo START “debería alertar a todo el mundo”, mientras que Obama alertó de que su desaparición podría desencadenar una nueva carrera armamentística y convertir el planeta en un lugar “menos seguro”.
Aunque jurídicamente el tratado solo admitía una única prórroga, Washington y Moscú tenían capacidad para consensuar un nuevo esquema que entrara en vigor tras el vencimiento del Nuevo START y evitara un vacío normativo. Rusia defendía que ese eventual marco se apoyara en compromisos voluntarios, mientras que Estados Unidos abogaba por que cualquier futuro acuerdo incluyera también a China.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha calificado el escenario como “un momento grave para la paz y la seguridad internacional”, al tratarse de la primera vez en más de cincuenta años en que “no hay límites vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos” de estas potencias. Al mismo tiempo, ha reclamado que esta coyuntura sirva para relanzar las negociaciones y diseñar un régimen de control de armamento acorde con la realidad actual.
DESAPARICIÓN DEL MARCO QUE “MANTENÍA UN TECHO NUCLEAR”
Pablo Aguiar, director de FundiPau --integrada en la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares--, ha subrayado en declaraciones a Europa Press que la concentración en manos de Estados Unidos y Rusia de “la gran mayoría del arsenal nuclear mundial”, con “el 80%” del total, es lo que convierte el final del Nuevo START en un hecho “tan grave”.
“Incluso antes de llegar a la situación actual, el tratado estaba ya debilitado”, ha señalado, aludiendo a la decisión rusa de 2023, que supuso la “paralización” de las inspecciones, “reduciendo la capacidad de verificación mutua y aumentando la opacidad”. No obstante, ha recalcado que “con su caducidad, desaparece el último marco que, con todas sus limitaciones, mantenía un techo nuclear entre Washington y Moscú”.
En su opinión, “la señal política es devastadora”. “Si para las dos mayores potencias militares del planeta los acuerdos de control de armas tienen tan poco valor que se dejan morir, ¿qué incentivo real queda para frenar una nueva carrera armamentística o para contener la proliferación?”, se ha preguntado.
Aguiar ha aludido a la idea planteada por Trump de sumar a China a un futuro pacto y ha argumentado que “en teoría, incorporar más actores sería una buena noticia”, pero que “en la práctica, convertirlo en condición previa puede bloquear cualquier avance inmediato, porque Pekín ha reiterado que no negociará en igualdad mientras su arsenal sea mucho menor que el de Estados Unidos y Rusia”.
“Hoy hay nueve países con armas nucleares. Cada paso que erosiona los tratados existentes alimenta el mensaje de que la bomba es útil y que la disuasión es el único idioma”, ha advertido. “Ese camino nos acerca a un mundo más inestable, más hostil y con un mayor riesgo de que una crisis regional, una cadena de incidentes o el cálculo irresponsable de un líder desemboquen en lo irreparable”, ha añadido.
“TODAS LAS ARMAS NUCLEARES SON UN SINSENTIDO”
Asimismo, ha remarcado que “todas las armas nucleares son un sinsentido: no protegen, sino que colocan a la humanidad al borde de una catástrofe irreversible”. “Su mera existencia crea un riesgo permanente. Lo más inquietante es que, en 2026, ese riesgo crece justo cuando se debilita el último marco que ponía límites y reglas entre las dos mayores potencias nucleares”, ha lamentado.
Por ello, ha reiterado que la reacción ante esta “arbitrariedad irresponsable” por parte de Washington y Moscú “no puede ser la resignación”. “Si la lógica de los países nuclearmente armados es el unilateralismo, la ciudadanía y la comunidad internacional debemos redoblar la apuesta por la multilateralidad”, ha defendido, antes de subrayar que “la única vía coherente con la supervivencia” es el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), “que coloca en el centro el enfoque humanitario y la protección de la vida.”
En esta misma línea, la coalición global Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, galardonada con el premio Nobel de la Paz en 2017, sostiene que el fin del tratado incrementa el riesgo de empleo de armas atómicas, “debido a la posibilidad de una carrera armamentista nuclear intensificada”.
“No es del interés de ningún país aumentar los arsenales nucleares globales. En su lugar, todos los Estados poseedores de armas nucleares deberían respetar y aplicar los acuerdos internacionales existentes sobre desarme nuclear”, indica la organización.
Con todo, recalca que la obligación legal de Rusia, Estados Unidos y el resto de potencias nucleares de avanzar hacia el desarme trasciende al Nuevo START y que su compromiso “no ha desaparecido”, al poner el foco en la responsabilidad de cumplir el TPAN, adoptado en 1968 y prorrogado sin límite temporal en 1995.