La ambiciosa política de paz total con la que el presidente colombiano, Gustavo Petro, buscaba cerrar el conflicto armado que azota al país desde hace más de medio siglo ha sufrido en los últimos días un golpe que puede ser definitivo, tras las concesiones realizadas por el mandatario durante su visita a la Casa Blanca para entrevistarse con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Mientras se confirmaban las promesas que hizo al presidente estadounidense de que acabaría en el plazo de dos meses con la vida de “objetivos de alto valor” de los grupos con los que el Gobierno ha negociado y sigue negociando, las posiciones del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la región de Catatumbo fueron bombardeadas por primera vez desde que Petro llegó al poder.
En el ataque murieron al menos ocho miembros del ELN, la histórica guerrilla con la que Petro inició sus primeros diálogos de paz, suspendidos más tarde tras una cadena de atentados del grupo armado. Esos ataques alcanzaron su punto álgido en la dura pugna con el Frente 33 de las disidencias de las FARC en Catatumbo, zona limítrofe con Venezuela y estratégica para el cultivo y el tráfico de coca.
La opción de retomar las conversaciones podría haberse quebrado de forma irreversible después de que el nombre de Gustavo Aníbal Giraldo, alias ‘Pablito’, tercero en la cúpula del ELN y señalado como uno de los responsables del repunte de la violencia en Catatumbo, irrumpiera en la reunión en la Casa Blanca.
El colapso del diálogo con el ELN evidencia las dificultades que arrastró siempre este proceso. Tras un par de años marcados por reproches mutuos, avances puntuales y treguas temporales, todo quedó sepultado por las propias dinámicas del conflicto, las fracturas internas en las organizaciones armadas, el peso de las economías ilícitas y la descoordinación del propio Ejecutivo.
Con su llegada a Casa Nariño en agosto de 2022, Petro lanzó un plan de paz total para intentar pactar tanto con organizaciones armadas de carácter político, como las guerrillas, como con estructuras puramente criminales, entre ellas el llamado Cartel del Golfo.
No obstante, la evolución reciente del conflicto, con actores armados cada vez más fragmentados, con mandos menos verticales y centrados en disputarse el control de los negocios ilegales con otros grupos, reducía el margen de maniobra del Gobierno y también la capacidad de decisión de las propias organizaciones.
A estos desafíos se suma que la estrategia de paz no ha logrado traducirse en mejoras tangibles de seguridad y ha tenido que lidiar con la deficiente, cuando no inexistente, implementación por parte del anterior gobierno de Iván Duque de los acuerdos firmados en 2016 con las FARC.
El triunvirato del narcotráfico
‘Pablito’ integra un triunvirato de “capos invisibles” --como definió el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez, a quienes manejan las operaciones en la sombra-- en el que también figura Néstor Vera Fernández, alias ‘Iván Mordisco’, jefe del Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las antiguas FARC.
“La primera línea del narcotráfico vive en Dubái, en Madrid, en Miami. Le pasé una lista al presidente Trump. Sus capos no están en Colombia y hay que perseguirlos”, afirmó Petro el martes tras salir de la reunión en el Despacho Oval.
‘Mordisco’ encabezó la segunda mesa de diálogo con el Gobierno en 2023, pero, tras varios atentados, unos meses después las autoridades colombianas dieron por rotas las conversaciones y lanzaron una ofensiva total en su contra.
Hace apenas un mes, Petro, que siempre ha exigido capturar con vida a ‘Mordisco’, lo denunció ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) después de que éste llamara al ELN y a otros grupos armados a conformar un frente común contra posibles intervenciones estadounidenses como la que terminó con la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
El Ejecutivo sí mantuvo abiertos los contactos con quien hasta entonces había sido su subordinado, Alexander Díaz Mendoza, alias ‘Calarcá’, que pasó a encabezar el Estado Mayor de los Bloques y Frente (EMBF), una escisión del EMC, y sobre el que Washington ha ofrecido una recompensa de cinco millones de dólares.
Si las promesas de Petro quizá no sorprendieron al ELN ni a las disidencias de ‘Mordisco’, dadas las negociaciones fallidas, el hecho de que el tercer nombre fuera el de Jesús Ávila Villadiego, alias ‘Chiquito Malo’, máximo jefe del Clan del Golfo, llevó a que la mayor organización narcotraficante del país anunciara poco después del encuentro en Washington que abandonaba la mesa de diálogo.
‘Chiquito Malo’, al igual que otros mandos del Clan del Golfo, tiene una orden de extradición emitida por Estados Unidos, uno de los principales motivos por los que el grupo aceptó sentarse a negociar con el Gobierno.
Desde septiembre de 2025, las delegaciones se han reunido en un par de ocasiones en Doha, donde acordaron la creación de zonas de ubicación temporal desde las que se gestionaría el desarme, la desmovilización y el tránsito a la vida civil de quienes decidieran sumarse al proceso.
Nuevo escenario tras la cumbre en Washington
El cara a cara entre Trump y Petro ha servido, por ahora, para rebajar la tensión entre Washington y Bogotá, después de que el presidente estadounidense, envalentonado por el éxito de la operación militar en Caracas que terminó con la captura de Maduro, advirtiera a otros líderes latinoamericanos de que podrían convertirse en objetivo de su supuesta cruzada antidrogas.
Petro, a quien Trump aún no ha retirado de su lista de colaboradores del narcotráfico, ha presumido del encuentro en la Casa Blanca --“para mí fue un 9”, dijo-- y podría haber asumido ya el agotamiento de un proceso que se desangra entre treguas incumplidas y choques constantes con las Fuerzas Armadas.
Sin embargo, las exigencias de Trump pueden desencadenar una escalada del conflicto armado en Colombia, especialmente en las regiones donde operan las organizaciones de estos líderes, que ahora pueden sentirse directamente amenazados.