Internacional

De Noriega a Maduro: la Doctrina Monroe se escribe ahora en digital

La detención de Maduro evidencia cómo la influencia de Estados Unidos se proyecta hoy en el ecosistema digital tanto como en el plano político. De los comunicados oficiales a los memes virales, el ejercicio del poder se desplaza hacia el control del relato y la percepción pública.

3 minutos

Donald Trump, presidente de EEUU. Europa Press/Contacto/PRESIDENT OF UKRAINE

Donald Trump, presidente de EEUU. Europa Press/Contacto/PRESIDENT OF UKRAINE

Comenta

Publicado

Última actualización

3 minutos

Dos siglos después de su formulación, la Doctrina Monroe vuelve a ocupar el centro del tablero geopolítico. Lo hace de la mano de Donald Trump, que ha invocado explícitamente este principio histórico para justificar su ofensiva política, diplomática y judicial contra Venezuela.
 

El mensaje es claro: Estados Unidos vuelve a marcar límites en el hemisferio occidental. Sin embargo, la forma de hacerlo ya no responde a los códigos clásicos del poder.

La Doctrina Monroe en la era digital

Así, la Doctrina Monroe parece haber mutado. Ya no se limita a marcar fronteras geopolíticas ni a enunciar advertencias solemnes, sino que actúa sobre la reputación, la imagen y la percepción pública. El control no se ejerce solo sobre territorios, sino sobre narrativas, símbolos y marcos de interpretación que circulan en tiempo real.

Formulada en 1823 por James Monroe, la doctrina nació como una advertencia directa a las potencias europeas para que no intervinieran en América. Era un mensaje defensivo, propio de un mundo de imperios y comunicaciones lentas. Hoy, su significado se reinterpreta en clave contemporánea: el escenario ya no es únicamente militar o diplomático. El verdadero campo de batalla es el ecosistema digital.

Maduro y los memes

En la detencion de Nicolás Maduro, el poder no se ejerce únicamente con comunicados oficiales, sino con circulación, repetición y desgaste simbólico. Los memes ridiculizando a Maduro, los vídeos generados por inteligencia artificial y los reels que convierten la política en sátira se propagan a velocidad de crucero por redes sociales. El castigo ya no es solo jurídico: es narrativo.

La figura del líder se fragmenta y se reinterpreta en múltiples formatos. Maduro aparece convertido en personaje, caricatura o elemento de humor viral. Cada meme no actúa de forma aislada, sino que contribuye a una erosión constante de la autoridad, donde la solemnidad del poder se diluye entre pantallas, bromas y algoritmos. La política se transforma en contenido y el contenido en arma.

El poder entiende el cambio

La Casa Blanca difundió un vídeo donde aparece Donald Trump en actitud triunfante tras el arresto de Maduro. No es un comunicado oficial tradicional, sino una pieza pensada para circular, ser compartida y reforzar un clima de victoria simbólica.

Más que un simple arresto, la detención de Maduro se presenta como un mensaje geopolítico: la Doctrina Monroe no es un vestigio del pasado, sino una herramienta que Washington está dispuesto a reactivar cuando considera que su influencia en el continente está en juego.

El poder de las Redes sociales 

La Doctrina Monroe, en esta versión contemporánea, ya no necesita proclamarse en discursos solemnes ni imponerse únicamente desde despachos o cuarteles. Hoy se despliega en timelines, se reproduce en formatos virales y se consolida en la repetición constante de imágenes que fijan una idea en la opinión pública.
Xx

El poder no solo actúa: se narra, se comparte y se normaliza a través de la saturación digital. En ese terreno, la política deja de ser un asunto lejano y se convierte en espectáculo cotidiano.

El resultado es una transformación profunda del ejercicio de la influencia. La detención de Maduro, amplificada por memes, vídeos y gestos simbólicos, funciona como advertencia y como demostración de fuerza en un mismo movimiento. La Doctrina Monroe, lejos de desaparecer, sobrevive adaptándose a un mundo donde el control del imaginario puede ser tan decisivo como el control del territorio.