Dos siglos después de su formulación, la Doctrina Monroe vuelve a ocupar el centro del tablero geopolítico. Lo hace de la mano de Donald Trump, que ha invocado explícitamente este principio histórico para justificar su ofensiva política, diplomática y judicial contra Venezuela.
De Noriega a Maduro: la Doctrina Monroe en clave digital
— demócrata (@democrata_info) January 4, 2026
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El mensaje es claro: Estados Unidos vuelve a marcar límites en el hemisferio occidental. Sin embargo, la forma de hacerlo ya no responde a los códigos clásicos del poder.
La Doctrina Monroe en la era digital
Así, la Doctrina Monroe parece haber mutado. Ya no se limita a marcar fronteras geopolíticas ni a enunciar advertencias solemnes, sino que actúa sobre la reputación, la imagen y la percepción pública. El control no se ejerce solo sobre territorios, sino sobre narrativas, símbolos y marcos de interpretación que circulan en tiempo real.
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— jShiz (@jShizOfficial) January 4, 2026
Formulada en 1823 por James Monroe, la doctrina nació como una advertencia directa a las potencias europeas para que no intervinieran en América. Era un mensaje defensivo, propio de un mundo de imperios y comunicaciones lentas. Hoy, su significado se reinterpreta en clave contemporánea: el escenario ya no es únicamente militar o diplomático. El verdadero campo de batalla es el ecosistema digital.
Maduro y los memes
En la detencion de Nicolás Maduro, el poder no se ejerce únicamente con comunicados oficiales, sino con circulación, repetición y desgaste simbólico. Los memes ridiculizando a Maduro, los vídeos generados por inteligencia artificial y los reels que convierten la política en sátira se propagan a velocidad de crucero por redes sociales. El castigo ya no es solo jurídico: es narrativo.
This wins the internet today. 😂
— DogeDesigner (@cb_doge) January 3, 2026
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La figura del líder se fragmenta y se reinterpreta en múltiples formatos. Maduro aparece convertido en personaje, caricatura o elemento de humor viral. Cada meme no actúa de forma aislada, sino que contribuye a una erosión constante de la autoridad, donde la solemnidad del poder se diluye entre pantallas, bromas y algoritmos. La política se transforma en contenido y el contenido en arma.
DJ Maduro pic.twitter.com/Mq0Ru9T3GA
— LestaLad (@LestaLad2) January 3, 2026
El poder entiende el cambio
La Casa Blanca difundió un vídeo donde aparece Donald Trump en actitud triunfante tras el arresto de Maduro. No es un comunicado oficial tradicional, sino una pieza pensada para circular, ser compartida y reforzar un clima de victoria simbólica.
If you don’t know, now you know 🦅 pic.twitter.com/XrIps1OzY4
— The White House (@WhiteHouse) January 3, 2026
Más que un simple arresto, la detención de Maduro se presenta como un mensaje geopolítico: la Doctrina Monroe no es un vestigio del pasado, sino una herramienta que Washington está dispuesto a reactivar cuando considera que su influencia en el continente está en juego.
Trump after capturing Venezuela president Nicolas Maduro pic.twitter.com/yjHCpEdOwh
— Alexa (@alexa__meme) January 3, 2026
El poder de las Redes sociales
La Doctrina Monroe, en esta versión contemporánea, ya no necesita proclamarse en discursos solemnes ni imponerse únicamente desde despachos o cuarteles. Hoy se despliega en timelines, se reproduce en formatos virales y se consolida en la repetición constante de imágenes que fijan una idea en la opinión pública.
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El poder no solo actúa: se narra, se comparte y se normaliza a través de la saturación digital. En ese terreno, la política deja de ser un asunto lejano y se convierte en espectáculo cotidiano.
Yo dandole like a todos los memes de la captura de Maduro: pic.twitter.com/ykcV5OuOLs
— La Menta (@MentaeGuardia) January 3, 2026
El resultado es una transformación profunda del ejercicio de la influencia. La detención de Maduro, amplificada por memes, vídeos y gestos simbólicos, funciona como advertencia y como demostración de fuerza en un mismo movimiento. La Doctrina Monroe, lejos de desaparecer, sobrevive adaptándose a un mundo donde el control del imaginario puede ser tan decisivo como el control del territorio.