Portugal se vuelca con el centro y encumbra a Seguro como el político más votado de su democracia

António José Seguro logra un apoyo histórico en Portugal con un amplio consenso de centro frente a la ultraderecha de André Ventura.

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António José Seguro, presidente de Portugal. Europa Press/Contacto/Henrique Casinhas

António José Seguro, presidente de Portugal. Europa Press/Contacto/Henrique Casinhas

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El recién elegido presidente de Portugal, António José Seguro, ha batido este domingo todos los registros al convertirse en el político con más apoyos de la historia democrática del país. Su victoria en la segunda vuelta de las presidenciales, con 3,4 millones de papeletas, se ha cimentado en un amplio consenso entre la izquierda y la derecha frente al avance de la ultraderecha de Chega.

El logro de Seguro resulta aún más llamativo si se recuerda que partía como un aspirante secundario. Alejado de la primera línea desde 2014, cuando perdió las primarias socialistas frente al ex primer ministro António Costa, el dirigente de 64 años regresa ahora al primer plano institucional para asumir la jefatura del Estado, el puesto de mayor relevancia constitucional en Portugal.

A falta de que una veintena de municipios cierren el recuento la próxima semana, en unas elecciones condicionadas por el fuerte temporal que ha azotado el país, Seguro ha dejado atrás las marcas históricas de los expresidentes António Ramalho Eanes y Mário Soares. Ha logrado convencer a 3.482.481 votantes, el 66,8% del total, gracias a un discurso moderado y centrado en la estabilidad institucional, imponiéndose en todos los distritos y regiones, salvo entre el electorado portugués residente en el extranjero.

De estos comicios, Seguro sale con una legitimidad política inédita en las últimas décadas. Aunque en la noche electoral reiteró que no ejercerá de oposición ni pretende forzar un adelanto de la legislatura, también subrayó que, como presidente de “todos los portugueses”, será “exigente con los resultados”.

“Prometí lealtad y cooperación institucional con el Gobierno. Cumpliré mi palabra. Nunca seré un contrapoder, sino un presidente que exige soluciones y resultados”, dijo Seguro durante la pasada noche electoral

El dirigente socialista ha tenido además que superar las dudas y resistencias de una parte importante de su propio partido, que volverá a colocar a uno de los suyos en el Palacio de Belém por primera vez en casi veinte años.

Durante la campaña, el nuevo jefe del Estado consiguió desplazar el debate más allá del clásico pulso entre izquierda y derecha y colocar en el centro la defensa de la institucionalidad presidencial, que consideraba amenazada por el tono de confrontación y las tácticas de su adversario, el ultraderechista André Ventura.

Mientras la derecha tradicional observa cómo surgen competidores dentro de su mismo espacio, el Partido Socialista, por ahora, no ve a su izquierda fuerzas capaces de disputarle la primacía. Seguro supo apoyarse en ese respaldo progresista sin cerrar la puerta a un electorado más centrado e incluso conservador.

En el otro lado, el líder de Chega se quedó sin el ansiado vuelco electoral y tampoco logró el que parecía su objetivo más realista: superar los resultados del primer ministro, Luís Montenegro, en las legislativas y consolidarse como referente indiscutible de la derecha portuguesa.

Pese a ello, Ventura compareció la noche electoral con un tono mucho menos agresivo que el mostrado durante la campaña, para festejar el mejor resultado de Chega hasta la fecha e intentar transformar la derrota en un triunfo partidista que le permita presentarse como la voz principal del bloque conservador.

Ventura alcanzó el 33,2% de los sufragios en estas presidenciales, por encima del 31,8% que obtuvo Alianza Democrática en las legislativas de 2025, aunque se quedó en 1,7 millones de votos, lejos de los dos millones que los portugueses otorgaron entonces a la coalición conservadora encabezada por Luís Montenegro.