Por qué triunfa Bad Bunny en EEUU y por qué su éxito se ha convertido en un pulso cultural al trumpismo con derivadas políticas

El artista puertorriqueño es un fenómeno cultural de masas con derivadas políticas: domina las listas, bate récords históricos en 'streaming' y ventas y se instala en el centro del debate político en Estados Unidos por su marcado discurso anti Trump durante su actuación en la Super Bowl y su éxito en los Grammy

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Momento de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl | Europapress

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Por Demócrata

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El éxito de Bad Bunny en Estados Unidos ya no es solo una cuestión musical. Es un fenómeno cultural de masas con derivadas políticas. Mientras el país vuelve a tensar el debate sobre inmigración e identidad bajo el liderazgo de Donald Trump, el artista latino más escuchado del planeta canta en español, llena estadios, lidera el mercado musical y ocupa los escenarios más simbólicos del país. Los números explican el fenómeno; el contexto lo convierte en algo más y lo encumbra como una de las pocas figuras a nivel mundial capaz de echar un pulso al mismísimo presidente de los Estados Unidos con opciones de ganarlo.

El suelo demográfico del fenómeno: el español como lengua de masas

Estados Unidos es hoy el segundo país con más hispanohablantes del mundo. Más de 45 millones de personas usan el español en su vida cotidiana dentro del país, una cifra que convierte a esta comunidad en un mercado cultural propio, transversal y cada vez más influyente.

No es una minoría marginal: es un bloque demográfico estable, joven y con enorme capacidad de consumo cultural.

Bad Bunny no “irrumpe” en ese espacio, lo lidera. Y lo hace sin renunciar al idioma ni diluir referencias culturales, algo que explica por qué su éxito no depende de modas pasajeras, sino de una base social sólida.

Récords de ventas, semanas en el número uno y dominio absoluto del streaming

El puertorriqueño ha construido una hegemonía poco habitual en la industria musical estadounidense:

  • Ha sido el artista más escuchado del mundo en Spotify en varios años consecutivos, con decenas de miles de millones de reproducciones acumuladas.

  • Sus álbumes han debutado en el número uno del Billboard 200, algo excepcional para discos íntegramente en español.

  • Un Verano Sin Ti se mantuvo más de una decena de semanas como número uno en Estados Unidos, marcando un récord histórico para un álbum latino.

  • Sus giras han batido récords de recaudación, trasladando el éxito digital a la economía real: entradas, estadios y consumo masivo.

No es solo popularidad: es liderazgo estructural del mercado musical.

El contexto político: Trump, inmigración y guerra cultural

Con el regreso de Trump a la presidencia de EEUU la política migratoria y la identidad nacional han vuelto a ser ejes del debate público. Deportaciones, fronteras y lengua se han convertido otra vez en campos de batalla simbólicos.

En ese contexto, el éxito de Bad Bunny adquiere una dimensión política aunque no se articule como un discurso partidista. Cantar en español en prime time, dominar el mercado cultural y representar con orgullo la identidad latina funciona como un contrarrelato cultural frente al marco del trumpismo.

Letras, discurso y reivindicación

Bad Bunny no es un artista neutral. Sus letras y posicionamientos públicos han abordado cuestiones como la desigualdad, la gentrificación, la identidad puertorriqueña o el abandono institucional. No lo hace desde el mitin, sino desde la cultura popular, donde el impacto es mayor y más duradero.

Ese mensaje conecta con una generación joven, latina y politizada que no se siente representada por el discurso dominante sobre inmigración y nación.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La NFL y el regreso de la política al gran escenario

La NFL ya fue escenario de reivindicación política en los últimos años, especialmente con el movimiento Black Lives Matter. Tras un periodo de repliegue simbólico, la presencia de Bad Bunny en el mayor escaparate del deporte estadounidense reabre el debate: idioma, identidad y cultura vuelven al centro del espectáculo más visto del país.

No es un gesto menor. Es cultura latina ocupando el espacio más mainstream posible.

¿Quién más puede disputar ese terreno cultural?

Pocos nombres tienen hoy la capacidad de disputar el relato cultural a Trump desde fuera de la política institucional. Artistas como Taylor Swift o Beyoncé influyen en audiencias masivas, pero el caso de Bad Bunny es singular ya que combina idioma, demografía, mercado y mensaje en un mismo fenómeno. No es solo una estrella global. Es la expresión cultural de un cambio profundo en Estados Unidos.

Más que música

Bad Bunny triunfa porque vende discos, lidera listas y llena estadios, pero también porque simboliza algo mayor: un país que ya no es monolingüe, una cultura que no se esconde y una generación que disputa el relato nacional desde la música. Todo ello en el Estados Unidos de Trump, polarizado en lo migratorio por la administración del presidente. 

Sus palabras durante la Super Bowl: “Soy Benito Antonio Martínez Ocasio y si hoy estoy aquí fue porque nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que tú piensas" son un pulso cultural y político de primer nivel a Trump.

El presidente de Estados Unidos ha respondido que “nadie entiende ni una palabra de lo que dice” Bad Bunny, pero puede que 45 millones de hispanohablantes en su país no opinen lo mismo