El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha llegado este miércoles a Pekín en el marco de una visita oficial a China considerada histórica, para participar en una cumbre con el mandatario chino, Xi Jinping, en la que las cuestiones comerciales serán el eje central, con la tregua arancelaria como asunto clave y, como contexto, la situación en Taiwán y la guerra aún abierta en Irán.
Poco después de las 20.00 horas en China, las 14.00 horas en España, ha tomado tierra el avión presidencial, “Air Force One”, con Trump y una amplia comitiva a bordo, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Defensa, Pete Hehseth, además de cerca de una veintena de altos ejecutivos de grandes multinacionales estadounidenses.
A su llegada a la capital china, Trump ha sido recibido en la pista por el vicepresidente Han Zheng, nada más descender por la escalerilla del aparato, mientras decenas de hombres y mujeres vestidos en blanco y azul agitaban pequeñas banderas de Estados Unidos y de China, acompañados por fanfarrias que han arrancado una sonrisa al líder estadounidense.
Para mañana está programado que los dirigentes de las dos principales potencias se reúnan por la mañana en el Gran Salón del Pueblo, en la plaza de Tiananmen, encuentro al que seguirá una cena oficial. El viernes tendrá lugar otra cita entre Trump y Xi en Zhongnanhai, sede del Gobierno chino, donde compartirán un almuerzo antes de que el presidente norteamericano ponga fin a su estancia de dos días.
El desplazamiento reviste un carácter especialmente relevante al tratarse de la primera visita oficial en nueve años de un presidente de Estados Unidos a China —el propio Trump fue el último en verse con Xi en territorio chino en noviembre de 2017, durante su primera etapa en la Casa Blanca—. Antes de volar al gigante asiático, Trump ya había adelantado que su prioridad en la cumbre de Pekín será que China abra más su mercado a las empresas estadounidenses.