Santiago Niño Becerra avisa sobre las pensiones: “Quien no tenga ahorros sufrirá una caída muy significativa de poder adquisitivo”

El economista Santiago Niño Becerra advierte de que las expectativas de ingresos no parecen suficientes para sostener el actual sistema de pensiones y señala tres grandes problemas: salarios bajos, escasa capacidad de ahorro y una esperanza de vida cada vez más elevada

4 minutos

El patrimonio de los planes de pensiones individuales alcanza los 94.740 millones en marzo, según Inverco. EUROPA PRESS
Añadir DEMÓCRATA en Google

Publicado

Última actualización

4 minutos

El economista Santiago Niño Becerra ha vuelto a poner el foco sobre una de las grandes preocupaciones económicas de España: la sostenibilidad del sistema público de pensiones. En un momento en el que la jubilación de la generación del ‘baby boom’ empieza a presionar con más fuerza las cuentas públicas, el experto advierte de que el modelo actual se enfrenta a una tensión cada vez más difícil de absorber.

Niño Becerra sostiene que “las expectativas de ingresos no parece que vayan a poder sostener el sistema de pensiones con el que convivimos”. Su diagnóstico no apunta a una desaparición del sistema, pero sí a un escenario de menor capacidad de cobertura y de pérdida de poder adquisitivo para quienes lleguen a la jubilación sin ahorro acumulado.

La advertencia llega en un contexto en el que las pensiones se han convertido en una cuestión central para millones de trabajadores. No solo para quienes están cerca de retirarse, sino también para generaciones más jóvenes que miran con incertidumbre qué pensión podrán cobrar después de décadas de cotización.

Santiago Niño Becerra señala la presión del ‘baby boom’ sobre las pensiones

Uno de los elementos que más preocupa al economista es el impacto de la jubilación de la generación del ‘baby boom’. La entrada masiva en edad de retiro de estos trabajadores aumenta el número de perceptores del sistema y obliga a sostener durante más años un volumen creciente de prestaciones.

A esa presión demográfica, Niño Becerra suma otro factor laboral: el peso de los contratos fijos discontinuos y a tiempo parcial, que reducen el tiempo efectivo de cotización. Es decir, aunque haya trabajadores dados de alta, no todos aportan al sistema con la misma intensidad ni durante el mismo número de horas o meses.

El economista también vincula el problema a la evolución de los salarios. Según su análisis, unas condiciones salariales medias cada vez más ajustadas reducen la capacidad de generar cotizaciones suficientes en proporción al gasto que debe asumir el sistema.

Un modelo diseñado para una economía que ya no existe

La tesis de Niño Becerra parte de una idea de fondo: el sistema de pensiones se diseñó bajo unas condiciones económicas y laborales que ya no se cumplen. El modelo descansaba sobre varios supuestos que, según el economista, han quedado superados por la realidad.

Entre ellos, cita la expectativa de pleno empleo, salarios que crecerían en línea con la inflación, una demanda de trabajo en expansión continua y una esperanza de vida más reducida que la actual. Bajo ese marco, el sistema podía sostenerse con una base amplia de cotizantes y un periodo de percepción de pensión más limitado.

El problema, según su diagnóstico, es que España ya no funciona bajo esas coordenadas. Hay más longevidad, carreras laborales más fragmentadas, salarios medios más bajos y una capacidad de ahorro muy desigual entre trabajadores.

Los tres grandes problemas de las pensiones en España

Niño Becerra resume el desafío de las pensiones españolas en tres grandes bloques. El primero es el nivel de los salarios, que considera bajo tanto en términos medios como en la distribución más frecuente. Para el economista, esta debilidad salarial está relacionada con una productividad reducida y con un peso elevado del empleo estacional.

El segundo problema es la escasa capacidad de ahorro individual. Muchos trabajadores no pueden reservar dinero suficiente durante su vida laboral para complementar la pensión pública cuando llegue la jubilación. Y ese punto es clave en su advertencia: quien no tenga ahorro previo estará mucho más expuesto a una caída de ingresos.

El tercer factor es la elevada esperanza de vida. Niño Becerra recuerda que España cuenta con una esperanza de vida media de 84 años y con casi 22 años de vida tras la jubilación, lo que implica un periodo muy largo de percepción de la pensión.

El sistema no desaparecerá, pero puede pagar menos

El economista no plantea que el sistema de pensiones vaya a desaparecer. De hecho, sostiene que eso supondría condenar a la miseria a quienes no pudieran seguir trabajando ni tuvieran otros ingresos. 

Pero sí advierte de que la estructura actual tendrá que adaptarse a una realidad más dura. Los supuestos con los que se diseñó el sistema ya no se cumplen y no volverán a cumplirse. Por eso, considera probable que el gasto total en pensiones tienda a reducirse y que parte de los jubilados pierdan poder adquisitivo si no cuentan con ahorro adicional.

La frase más relevante de su análisis apunta precisamente ahí: quienes no hayan podido ahorrar de cara a su jubilación podrían sufrir “caídas muy significativas” en su nivel de vida. Un aviso especialmente incómodo porque no depende solo de la voluntad individual de ahorrar, sino también de salarios, estabilidad laboral y capacidad real para reservar ingresos durante la vida activa.

El aviso de Niño Becerra abre de nuevo el debate sobre jubilación y ahorro

La reflexión de Santiago Niño Becerra vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión de fondo: qué pensiones podrá pagar España en las próximas décadas y con qué nivel de suficiencia. El debate no es únicamente contable. Afecta al contrato social entre generaciones, al mercado laboral y a la capacidad de los trabajadores para planificar su futuro.

El mensaje del economista no es que los pensionistas vayan a quedarse sin prestación, sino que el sistema puede ofrecer una cobertura más limitada que la actual. Y eso convierte el ahorro previo, para quienes puedan permitírselo, en un elemento cada vez más importante para proteger el nivel de vida en la jubilación.

La advertencia es especialmente sensible porque afecta a dos generaciones a la vez: a quienes están a punto de jubilarse y a quienes todavía tienen décadas de trabajo por delante. Los primeros miran cuánto cobrarán. Los segundos empiezan a preguntarse si cotizar será suficiente. Ahí está el corazón del problema.