Este 12 de marzo se han cumplido 40 años del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN. Cuatro décadas de la jugada que pudo poner en riesgo la integración de España en el bloque occidental en pleno final de la Guerra Fría.
La salida de la Alianza habría supuesto una gran crisis de credibilidad y habría echado por tierra la labor de la última década, en paralelo a la Transición, por convertir a España en un socio fiable y respetable tras la dictadura. El nuevo orden mundial que emergía no aceptaba titubeos y tras su aterrizaje en la Moncloa, Felipe González advirtió los riesgos de su apuesta.
La pregunta del millón
La entrada de España en la OTAN se había producido cuatro años atrás, en 1982, bajo el Ejecutivo de Leopoldo Calvo-Sotelo. El presidente más efímero de la democracia, pero que acumula en su mandato importantes hitos como este o capear el juicio del 23-F, continuó con el mandato y las negociaciones iniciadas por Adolfo Suárez en materia de política exterior.
A su paso por las Cortes, el tratado de adhesión contó con el rechazo de buena parte de la sociedad civil y del mundo de la política, con el PSOE como abanderado del antimilitarismo. España se convirtió en miembro de pleno derecho en marzo de 1982.
Meses después, tuvieron lugar las elecciones generales que tiñeron el mapa de rojo. El PSOE arrasó y logró el mejor resultado que ha tenido un partido. Cerrando su programa de campaña, una promesa: "Se mantendrá el compromiso contraído por el PSOE de convосar un referéndum para que sea el pueblo español el que decida acerca de nuestra pertenencia a la OTAN".
Ya con el Estado en la cabeza, González y su guardia moderaron las soflamas antiAlianza. Pero el candidato del pueblo, el abogado sevillano, el rostro del cambio, no podía dar una patada hacia adelante: tenía que convocar un referéndum y tenía que convencer a la misma ciudadanía que le había abierto las puertas de la Moncloa de que no era buena idea dar un portazo a la OTAN.
Con estas cartas sobre la mesa, el Gobierno entero se volcó en la campaña del sí, estrategia que se vio reflejada en la cobertura que hizo TVE. Una apuesta que suscitó críticas entre la oposición por un supuesto uso imparcial de los recursos públicos.
La jornada del 12 de marzo de 1986, más de 17 millones de españoles (alrededor del 59% del censo) acudieron a las urnas, incluidos los Reyes Juan Carlos I y Sofía. El "sí" logró el 56,85 % de los votos válidos y el Ejecutivo salvó los muebles.
ficha técnica
El referéndum de la OTAN no solo fue objeto de polémica por el fondo, también por la forma. La pregunta que figuró en las papeletas:"¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica, en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?”, fue acusada de tendenciosa. También se criticó su extensión.
Las condiciones acordadas eran las siguientes:
- No incorporación a la estructura militar integrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
- Prohibición de armas nucleares en territorio español.
- Reducción de la presencia militar estadounidense en España
Una derrota previa
La apuesta decidida del PSOE y otras formaciones progresistas porque el pueblo tuviera voz y voto sobre la permanencia en la OTAN vino precedida de una derrota previa. Durante la tramitación parlamentaria del acuerdo de adhesión, socialistas y comunistas registraron dos iniciativas en el Congreso para instar al Gobierno de la UCD a someter a referéndum la entrada en la Alianza.
Noticia destacada
40 años de la disolución de la UCD: cuando el Gobierno del que usted me habla había sido el suyo
8 minutos
En el texto del PCE registrado en marzo de 1981, se alude a las "implicaciones políticas nacionales e internacionales" que iba a tener para España la adhesión y que para ellos justificaba la consulta ciudadana. El PSOE lo motivaba ante "la importancia y las consecuencias objetivas" de esta decisión.
Este debate iba más allá de si España tenía que sumarse al bloque occidental. En plena consolidación de la democracia, recuperación de las libertades y educación política, ponía sobre la mesa la idoneidad de que la ciudadanía fuera partícipe en la toma de decisiones con especial trascendencia.
Si bien, también se reconocía en el escrito comunista que "la Constitución no define el alcance exacto del concepto de 'decisiones políticas de especial trascendencia".
Sin embargo, estas proposiciones fueron rechazadas, como refleja el diario de sesiones: "Efectuada la votación por el sistema de levantados y sentados, por filas, dio el siguiente resultado: 326 votos emitidos; 144 favorables; 172 negativos; 10 abstenciones".
Este 40º aniversario coincide con la escalada de tensión en Oriente Medio que ha devuelto a la OTAN un papel clave dentro del orden mundial. Más de cuatro décadas después de la proclama "OTAN, no", que derivó en "OTAN de entrada, no", la izquierda anti-OTAN presiona al PSOE para que cambie su posición.
Habla, pueblo habla
Décadas después, el propio González reconoció que no correspondía a la ciudadanía decidir sobre la presencia del país en una organización militar. La figura del referéndum prevista en el art. 93 de la Constitución solo tenía un precedente y, tras la consulta sobre la OTAN, solo se ha vuelto a emplear en otra ocasión.
El referéndum celebrado el 28 de febrero de 1980 sobre la vía de acceso a la autonomía de Andalucía fue el estreno de este mecanismo de participación ciudadana directa tras la aprobación de la Carta Magna.
Celebrado en un momento de gran tensión como consecuencia de la construcción del incipiente mapa de las autonomías, el sí triunfó con un 87’5% en el conjunto del territorio andaluz pero no se alcanzó la mayoría absoluta exigida en todas las provincias, lo que impedía que fuese ratificado. En Almería solo un 42% votó a favor y se produjo un terremoto político de gran magnitud.
El acuerdo al que se llegó fue reformar la Ley Orgánica 2/1980, dando por válida una “mayoría absoluta del censo de electores en el conjunto del ámbito territorial que pretenda acceder al autogobierno”.
Tras este antecedente autonómico, en 1986 llegaría el primer referéndum de ámbito nacional: la permanencia de España en la OTAN.
El tercer y último ejemplo tuvo lugar en febrero de 2005 y versó sobre el Tratado que establecía una Constitución para la Unión Europa. Aunque el referéndum no era legalmente vinculante para el Gobierno sí allanaba el camino para la ratificación parlamentaria.
La victoria del sí fue clara con el 77% de los votos, sin embargo, la participación fue mínima. No obstante, la negativa de Francia y los Países Bajos frenó la materialización de una Carta Magna comunitaria.