El comisario europeo de Defensa, el democristiano lituano Andrius Kubilius, ha reclamado este jueves en el Congreso de los Diputados que los Estados dediquen un 3,5% del PIB a seguridad y defensa, advirtiendo de que, si no se alcanza esa meta, la protección conjunta se verá mermada. “Si no somos capaces, la defensa colectiva será mucho más débil”, ha subrayado.
En la cumbre de La Haya celebrada en junio, los socios de la OTAN acordaron fijar como referencia para 2035 un esfuerzo de hasta el 5% del PIB, con un 3,5% reservado a gasto militar directo y un 1,5% adicional para inversiones vinculadas a seguridad. España, sin embargo, rechazó ese listón por considerarlo “arbitrario”.
Finalmente, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, concedió a Madrid margen para definir su propia trayectoria de gasto, siempre que cumpla los objetivos de capacidades “en tiempo y forma, independientemente del porcentaje del PIB que ello suponga”.
El Gobierno español sostiene que destinar el 2,1% del PIB al presupuesto de Defensa, cifra ya alcanzada, proporciona una cantidad “suficiente” para atender las exigencias de capacidades militares. España suele recalcar metas concretas y no tanto los porcentajes globales, alegando que la industria nacional tendría problemas para absorber un volumen de inversión tan elevado.
Las necesidades militares de España se concentran en buena medida en el ámbito naval, la logística, las infraestructuras y la movilidad militar. No obstante, la Alianza Atlántica recalca que los nuevos requerimientos no se podrán cubrir si no se llega, al menos, al 3% del PIB, por lo que insta a España a mantener una senda de incremento sostenido del gasto en este campo.
Un acuerdo que Kubilius califica de hito
Durante su intervención ante la Comisión Mixta de la Unión Europea (Congreso-Senado), Kubilius ha puesto en valor el compromiso de alcanzar el 3,5% del PIB y lo ha descrito como “un hito”, aunque ha admitido que “evidentemente no será fácil” para los Estados llegar a esa cifra, sin aludir de forma expresa a España.
El comisario ha insistido en la necesidad de “comprender” una realidad que considera “básica”. “Nuestra seguridad depende de principios de defensa colectiva”, ha remarcado. “Si no somos capaces de garantizar que se invierten cantidades sustanciales en la defensa para mejorar estas capacidades esta defensa colectiva será mucho más débil”, ha añadido.
Para ilustrar su mensaje, Kubilius ha recordado un ejercicio realizado por Lituania hace dos años junto a fuerzas estadounidenses. “Hicieron una simulación de guerra y concluyeron que en los primeros diez días, hasta que llegara la OTAN, tenemos que invertir más del 5% en nuestra defensa para tener las suficientes capacidades para defender el país mientras se espera a que entre en vigor el principio de defensa colectiva”, ha explicado.
En declaraciones posteriores a los medios, el comisario ha lamentado que el Ejecutivo español no tenga intención de aumentar más el gasto, algo que ha calificado de “una pena”, aunque ha admitido que está en “su derecho”. Aun así, ha recordado que cada socio se comprometió en el marco de la OTAN a aportar unas capacidades determinadas y se ha preguntado “cómo se pueden alcanzar nuevos objetivos en capacidades si no se gasta dinero en ello”.
Ha recalcado igualmente que “si algún país no invierte suficiente en su propia defensa, debilita no solo sus propias capacidades defensivas sino que debilita toda la capacidad defensiva colectiva”. Por este motivo, ha expresado su confianza en que “todos los estados miembro de la UE encuentren el modo de incrementar su gasto en defensa hasta los niveles que fueron acordados en la OTAN”.
Rusia, drones y el impacto en Europa
En su análisis de los desafíos de seguridad, Kubilius ha situado en primer lugar a Rusia, que “posiblemente está sopesando una agresión contra la UE, ya sea en Polonia, los Países Bálticos o Finlandia, según los datos de Inteligencia que manejamos”. Ha instado a tomarse esta amenaza “muy en serio”.
El comisario ha pedido además “no pensar que una agresión rusa contra la parte oriental de Europa no va a llegar a España”, advirtiendo de que un ataque de este tipo podría “destruir” la economía y los mercados financieros europeos. También ha aludido al uso de drones en el contexto de las intrusiones hostiles, violaciones del espacio aéreo y alteraciones en aeropuertos asociadas a drones y globos sonda que los Veintisiete atribuyen a Rusia.
“Recientemente hemos visto que ha habido incursiones de drones en Bruselas y cerca de Copenhague, incursiones de drones cerca de un aeropuerto militar de Alemania también”, ha señalado, antes de advertir de que no se puede descartar que la denominada flota fantasma rusa utilice drones que operen cerca de España. “Es algo que tenemos que tener muy presente”, ha recalcado.
Asimismo, ha pedido analizar la experiencia que Moscú está acumulando en el campo de batalla en Ucrania y el volumen de recursos que Vladimir Putin destina a fines militares, que sitúa en un 85% más que Europa en defensa. “Así que no pensemos que Rusia es pequeño, débil, y nosotros somos muy fuertes y muy grandes, y vamos a derrotar a Rusia”, ha precisado.
El papel de Estados Unidos y la necesidad de relevo europeo
El segundo gran reto, a medio plazo, es el papel de Estados Unidos dentro de la Alianza Atlántica. Washington ya ha reclamado a sus socios europeos que asuman más responsabilidades en el marco de la “defensa convencional” en el continente. Kubilius ha explicado que, según los cálculos estadounidenses, necesitan redirigir buena parte de sus recursos hacia la región del Indo-Pacífico y el hemisferio occidental.
“Tenemos que estar dispuestos a asumir responsabilidades y salir de esta era en la que estábamos contentos y cómodos porque Estados Unidos asumiera la responsabilidad o llevara sobre sus hombros, y sobre los de sus contribuyentes, nuestra defensa”, ha expuesto.
En esta línea, el comisario ha hablado de la “sustitución” de determinados “elementos” y de la “participación” estadounidense, en referencia a efectivos y capacidades clave. “Necesitamos facilitadores estratégicos porque hasta ahora hemos dependido mucho de determinados servicios estadounidenses”, ha indicado, citando servicios esenciales en el ámbito espacial, las comunicaciones satelitales seguras y el intercambio de datos.
Ha recordado igualmente que alrededor de 100.000 militares desplegados en territorio europeo son estadounidenses y que, si se redujera su presencia, tendrían que ser reemplazados. Kubilius ha mencionado también la necesidad de decidir “cómo suplementar las fuerzas de reacción rápida”, situándolo como una “prioridad” para los Veintisiete.
En este contexto, ha aludido a la idea de un posible ejército europeo, aunque ha matizado que, antes de avanzar en esa dirección, la prioridad debe ser compensar la retirada de capacidades y la menor implicación de Estados Unidos.
Financiación, unidad y herramientas europeas
Con este escenario de fondo, Kubilius ha esbozado tres pilares para reforzar la seguridad y la defensa en Europa, advirtiendo de que, a su juicio, el bloque muestra “poca unidad” en este terreno, lo que considera un “desafío”.
Los tres ejes que ha señalado son: la preparación de las capacidades materiales; la preparación institucional, es decir, cómo organizarse ante una eventual “retirada” estadounidense; y la preparación política, que implica contar con una voluntad clara de reforzar la defensa europea.
En el plano económico, ha repasado algunas de las herramientas impulsadas por la UE para estimular el gasto en defensa, como los préstamos SAFE o el Programa para la Industria Europea de Defensa (EDIP), concebidos para reforzar la preparación militar y consolidar la base industrial europea ante un entorno de seguridad cada vez más complejo.
Según los datos que ha aportado, en 2024 el gasto de los Estados miembro se situó en 343.000 millones de euros, de los cuales 106.000 millones se destinaron a inversiones. En 2025, la cifra total ascendió a unos 381.000 millones de euros, en línea con la tendencia al alza que reclama Bruselas.