La invasión rusa de Ucrania y el progresivo alejamiento de Estados Unidos, socio tradicional de la UE, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, han reactivado el debate sobre la necesidad de que los Veintisiete asuman por sí mismos su seguridad y defensa. En este marco, distintos actores, con el Gobierno español a la cabeza, han vuelto a poner sobre la mesa la idea de un ejército europeo.
La cuestión de fondo es qué tipo de fuerza armada se está planteando realmente. A día de hoy, ni España ni el resto de socios han concretado este extremo, según coinciden Rafael Martínez, investigador sénior asociado del CIDOB, y Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano.
“¿Qué se entiende por ejército europeo? ¿De la UE? ¿De países europeos?”, se pregunta Arteaga en declaraciones a Europa Press. A su juicio, cuando los grandes Estados, entre ellos España, abordan este asunto lo hacen pensando más en una “coalición de los que quieren y pueden”.
Si se apostara por una concepción más amplia de ejército europeo, habría que incorporar a Reino Unido y Noruega, mientras que si se limitara estrictamente al marco comunitario habría que tener presente la existencia de “muchos neutrales” reacios a dar un paso de este calado, apunta.
La clave, según Martínez, reside en aclarar si se pretende un único ejército que sustituya a los 27 actuales o si, por el contrario, se mantendrían las fuerzas armadas nacionales y “se crearía un ejército común para hacer frente a las amenazas comunes”, algo que obliga a consensuar previamente qué se considera una amenaza. “¿Vendrían los finlandeses a defender Ceuta y Melilla?”, plantea.
Otro interrogante central es el mando. Habría que determinar si lo dirigiría una jefatura de Estado rotatoria por periodos, fórmula que el experto del CIDOB ve poco operativa, un comisario europeo o el militar mejor posicionado. En este último escenario, Martínez duda de que países como Francia, única potencia nuclear de la UE, acepten sin más estar bajo las órdenes de un alto mando extranjero.
Cuatro modelos posibles para un ejército europeo
En este contexto, Martínez distingue cuatro esquemas teóricos. El primero, que califica como “el peor”, sería un ejército europeo único de carácter intergubernamental, en el que, pese a la fusión formal de los ejércitos nacionales, muchos resortes seguirían bajo el control directo de los gobiernos.
El segundo modelo sería un “ejército europeo único y común”, sometido al control de las instituciones de la UE. Para el investigador, esta sería la opción “más deseable aunque difícil de conseguir”, ya que implicaría una cesión de soberanía especialmente sensible.
La tercera alternativa pasaría por “un ejército no único e intergubernamental”, basado en que los Estados miembro pongan voluntariamente tropas y medios a disposición, asumiendo además los costes. En la práctica, esto se asemeja a los ‘battlegroups’ ya existentes, que nunca se han llegado a activar, ni siquiera ante crisis como las de Ucrania o más recientemente Groenlandia, subraya.
Por último, se plantea la fórmula de un “ejército no único y común” creado desde cero y dependiente de las instituciones europeas. Martínez lo considera la segunda opción más adecuada, aunque igualmente compleja.
Frenos estructurales y dudas sobre su eficacia
Los obstáculos para avanzar son numerosos, pese a los intentos previos. Ya en 1956, los seis Estados fundadores de la actual UE acordaron la Comunidad Europea de la Defensa (CED), que finalmente fracasó al no ser ratificada por la Asamblea Nacional francesa.
El peso de la soberanía nacional en materia de defensa sigue siendo uno de los principales frenos, junto con el argumento de que la OTAN ya garantiza la protección del continente. Este último razonamiento, no obstante, se ha debilitado a la luz de las declaraciones y amenazas de Trump. También se pone en duda la capacidad de los Veintisiete para alcanzar consensos, a la vista de las posiciones divergentes de varios líderes europeos.
Otro de los recelos es la operatividad real de una fuerza militar comunitaria, teniendo en cuenta la lentitud habitual en la toma de decisiones en Bruselas. “Un ejército necesita celeridad”, incide Martínez. A ello se suma la dificultad de justificar ante la opinión pública que “se envía a nacionales a defender intereses que no se perciben como propios”, en un contexto de culturas de defensa muy dispares.
Además, los Estados parten de equipamientos, doctrinas, estructuras y sistemas de formación muy diferentes, lo que puede generar incompatibilidades. Aunque los socios de la OTAN comparten ciertos estándares, en el ámbito armamentístico sería imprescindible una amplia armonización, ya que hoy se utilizan distintos tipos de armas. “Esto supone un desafío económico que no está claro que todos quieran asumir”, recuerda el investigador del CIDOB.
La política como condición necesaria
En última instancia, los dos expertos consultados coinciden en que todo depende de la voluntad política. Consideran que el renovado interés por el ejército europeo responde también al intento de trasladar el debate a la esfera de la UE y rebajar el coste político a nivel interno.
“Hay operaciones militares o necesidades de defensa que tienen mala venta electoral, son gastos, riesgos...”, resume Arteaga. Durante décadas, “Estados Unidos ha ejercido de ‘poli malo’” en Europa al asumir buena parte de su seguridad, pero ahora “ya no quiere representar ese papel” y los dirigentes europeos tampoco, de ahí que “se lo atribuyen a la UE”.
Martínez sostiene que se trata de “una quimera” y avisa de que no es una solución “de hoy para mañana”. Si los ‘battlegroups’ no se han utilizado hasta ahora, se pregunta: “¿qué ha cambiado para que pueda ser factible un ejército europeo?”. “No lo veo”, afirma, aunque reconoce que la ciudadanía europea muestra una preocupación creciente por su seguridad.
El último Eurobarómetro, presentado esta semana, revela que un 84% de los españoles se declara inquieto por los conflictos y guerras en las proximidades de las fronteras europeas, doce puntos por encima de la media comunitaria (72%). Asimismo, un 80% expresa temor al terrorismo, frente al 67% en el conjunto de la UE.
Por su parte, el investigador de Elcano considera que “el ejército europeo sería probable por defecto si Estados Unidos se marchara de Europa, pero eso no va a ocurrir”. La presencia estadounidense a través de la OTAN es un instrumento clave de influencia sobre los países europeos y, según advierte, dejarles solos podría implicar que “el día de mañana no les acompañe frente a Rusia o China y eso no se lo pueden permitir”.
En cualquier caso, alerta de que, si Washington retirara sus tropas y capacidades militares del continente, habría que reaccionar “deprisa” para levantar un ejército europeo, con todos los retos y costes asociados. Por ello, ve poco realista que la propuesta llegue a concretarse y entiende que, en buena medida, hablar de ella es “una forma de desviar la respuesta”. “¿Si no se ponen de acuerdo para una fuerza de reacción rápida de 5.000 hombres cómo se van a poner de acuerdo para un ejército europeo, que es una estructura más amplia?”, concluye Arteaga.