El socialista "de toda la vida" que ahora vota a Vox: ¿existe o es un mito?

La extrema derecha vive su particular luna de miel en Europa y Vox se suma a este fenómeno, pero, ¿hasta qué punto puede presumir de atraer al electorado socialista?

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El líder de Vox, Santiago Abascal, y el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

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El viento sopla a favor de Vox. Los de Santiago Abascal agitan su bandera con ímpetu y las encuestas hablan a su favor. En su serie histórica, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) proyecta sobre este partido una tendencia al alza prácticamente ininterrumpida desde 2024: si hoy hubiera elecciones, cerca del 19% de los electores votarían al partido de extrema derecha. Para el barómetro de febrero, elaborado por 40db, la formación rondaría una estimación de voto de en torno al 18%.

Pero no es solo la proyección de los sondeos, los frutos de su trabajo se cosechan sobre todo en las urnas. Vox se disparó de siete a 14 escaños en las elecciones aragonesas del pasado 8 de febrero: obtuvo un 60% más de votos respecto a los anteriores comicios y logró consolidarse como tercera fuerza en la región. Por encima, solo la amarga victoria del PP y un PSOE en caída libre que perdió por el camino cerca del 18% de su electorado.

¿Ese camino de baldosas rojas deja algo para los de Abascal? Ellos presumen de que sí. Yo he votado socialista toda mi vida, pero ahora me voy a afiliar a Vox”, le dijo una mujer catalana al secretario general de la formación, Ignacio Garriga, en una publicación que se hizo especialmente viral el año pasado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Existen decenas de declaraciones en redes de ese socialista desencantado. Vox es consciente, se jacta de ello y aspira, con el ojo puesto en las recetas de su familia europea, a seguir creciendo a expensas del voto tradicional socialista. Con este telón de fondo, es necesario descifrar si ese trasvase de voto se está produciendo o si, por el contrario, es una suerte de quimera que enarbolan los partidos a la derecha de la democracia cristiana.

La receta del éxito de la extrema derecha europea: chovinismo de bienestar 

Es mayo de 2020. Una caravana de vehículos circula por Madrid para protestar contra el estado de alarma. Detrás de esa movilización hay un actor político: Vox.

La formación intenta barrer el descontento generado por la crisis del coronavirus, que golpea especialmente a las clases más vulnerables. En esa “caravana por la libertad”, Vox lanza un video a redes que lleva por nombre “Obrero y español”.

En él, varios ciudadanos que dicen ser “clase trabajadora” o ex votantes del PSOE reniegan de su pasado izquierdista para abrazar a Vox. La realidad es que, detrás de este video, hay una idea más profunda. Una idea que resuena desde Europa hace décadas y que los académicos bautizaron como chovinismo del bienestar, algo así como un Estado de bienestar fuerte, pero solo para los nacionales.

La extrema derecha europea nace muy a la derecha económica y luego se ha ido moderando hacia una defensa del Estado bienestar que ha cosechado mayores resultados entre la clase trabajadora”. Fidel Oliván es sociólogo, politólogo y autor de 'El toro por los cuernos', un estudio que revela diferencias programáticas entre Vox y algunos partidos de su familia europea, y que podrían traducirse en resultados electorales desfavorables para los de Abascal.

Ese chovinismo del bienestar se reduce a una concepción "nativista" -que abraza al nacional y rechaza al extranjero- del sistema de la redistribución de la riqueza, alejada del liberalismo, que plantea reducir la intervención del Estado, pero también lejos de postulados universalistas.

Una retórica, recuerda a Demócrata por su parte Tarek Jaziri, investigador de ‘More in Commons’, que logró catapultar al Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia. La hija del ultraderechista Jean-Marie Le Pen cosechó siete millones de votos en las presidenciales de 2017. Cuatro años después, la que se erigió como una “femme d'etat pour la France” (mujer de Estado para Francia) obtuvo más de un 40% de los votos en la segunda vuelta de los comicios de abril 2022 frente a Emmanuel Macron.

Los trabajadores tienen preferencias por un Estado de bienestar fuerte y es ahí donde la extrema derecha intenta, a veces con este tipo de discursos en Europa, atraer a este electorado”, explica a Demócrata Jaziri.

El húngaro Fidesz de Víctor Orbán, Fratelli d’Italia, con Georgia Meloni, la AfD alemana, el austriaco FPÖ… Todos cosechan excelentes resultados, en torno al 30% del voto nacional, algunos gobiernan y la mayoría se redefinieron en los términos antes mencionados: un viraje desde posiciones neoliberales hacia la defensa de un Estado que proteja a la clase trabajadora nacional frente a los retos que presenta una economía globalizada: chovinismo del bienestar.

Esa fue su receta del éxito, cocinada a fuego muy lento y condimentada con un último ingrediente: la crisis de los refugiados en 2015. Así, la familia de los Patriotas, Conservadores y Reformistas europeos alcanzó su mejor momento.

La gran evasión del electorado socialdemócrata: Verdes, izquierda radical y la abstención

Su auge coincide con otro punto: la crisis de los partidos socialdemócratas en Europa, que elección tras elección pierden simpatizantes. Por ello, llegados a este punto, lo apropiado es diseccionar esas fugas para comprobar si existe realmente un trasvase electoral con vuelo de salida en partidos socialdemócratas y de llegada en la extrema derecha.

Para ello, nos apoyamos en el trabajo de Abou-Chadi y Wagner: Losing the Middle Ground: El declive electoral de los partidos socialdemócratas desde el 2000. Una investigación que explora la crisis de estos partidos en las primeras dos décadas de este siglo y extrae algunas conclusiones sobre el rumbo que han tomado sus electores en Europa.

Utilizando datos de estudios electorales nacionales de Austria, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Noruega, Suecia y Suiza, ambos académicos extraen la siguiente conclusión: Solo una pequeña proporción de antiguos votantes socialdemócratas desertaron directamente a partidos de la extrema derecha”.

Fugas de partidos socialdemócratas a otras formaciones en Europa |Tarik Abou-Chadi y Markus Wagner
 

Un alto porcentaje de esas fugas se agrupan en torno a partidos verdes, izquierda radical o liberales, en torno al 50%, y casi el 30% se dirigen a partidos de derecha mayoritaria. Por el contrario, los partidos de derecha radical se embolsan resultados marginales de esas transferencias, poco más del 10%.

La respuesta, por tanto, es que ese trasvase no existe en Europa, y así lo confirman los expertos consultados. Preguntado por esta cuestión, Tarek Jaziri habla a Demócrata de un “mito” bien extendido. “Los trasvases de la socialdemocracia a la extrema derecha suelen ser residuales”, afirma.

Para ilustrarlo, el politólogo de desplaza hasta Alemania. El SPD de Saskia Esken y Lars Klingbeil vive momentos críticos en términos electorales. En las elecciones federales de 2025, Olaf Scholz obtuvo el 16% de votos y perdió 87 escaños, el peor resultado de la socialdemocracia alemana desde la República de Weimar. La gran ganadora de la noche fue Alice Weidel, al frente de la ultraderechista Afd, que sumó 76 asientos a su bancada en el Bundestag y superó los diez millones de votos alemanes.

¿Fueron esos votos antiguos socialdemócratas? La respuesta es que no. En línea con el estudio de Abou-Chadi y Wagner, Jaziri apunta a que el electorado del SPD se decantó principalmente por los Verdes, Die Linke (La Izquierda), la CDU o directamente por la abstención.

Al otro lado del tablero político, la extrema derecha es beneficiaria de esos trabajadores manuales, cualificados y no cualificados, atraídos por discursos en defensa del Estado del bienestar. Eso sí, matiza Jaziri, un perfil derechista, ex votantes de partidos conservadores o de corte liberal. Ocurrió así con Le Pen, en Francia. Sí, su mayor victoria fue engrosar su base electoral de obreros. Pero obreros republicanos, antiguos simpatizantes del partido de Nicolas Sarkozy.

Vox, a la caza del electorado socialista 

Volvamos a España. Aunque su irrupción es tardía respecto a sus homólogos europeos, la formación de Santiago Abascal sorprendió en abril de 2019 con más de dos millones y medio de votos y 24 escaños.

Y pese a que su apoyo creció en los siguientes comicios, en las generales de 2023 se estancó en los tres millones de votos, marcando distancia con el triunfo electoral de la extrema derecha europea. En Aragón, la derecha radical española saltó de los 75.000 a los 117.000 votos y el PSOE de Pilar Alegría perdió 38.000 electores socialistas.

¿Cómo se desplazan los votantes? La encuesta preelectoral del CIS nos ofrece algunas pistas. El 70% del electorado que votó a Vox en las anteriores autonómicas en la región aseguró que volvería a hacerlo el pasado 18 de febrero. Del total de jóvenes aragoneses que no tenían edad para votar, el 23% reveló que elegirían la papeleta de Santiago Abascal. Más del 18% de los abstencionistas, aquellos que no votaron en las autonómicas de 2023, también votaría a Vox.

El trasvase de voto del PSOE a Vox es a penas del 1%. En el barómetro de febrero, la cifra aumenta unos puntos, pero solo el 3,5% de los encuestados que aseguran votaron al Partido Socialista en las pasadas elecciones generales votarían a Vox si hoy fueran llamados a las urnas.

La cifra, también en esta ocasión, resulta muy residual. Vox retiene el 76,5% de su electorado, el partido nacional con mayor fidelidad de voto. Del electorado que no podía votar, Vox cosecha el 27,1% de esos jóvenes electores. Muy por detrás, el PSOE, con el 12%. Y de los que no votaron, el 15% dice que votaría a Vox. El 10% de estos votantes se los lleva el PSOE. Por contraparte, Vox recoge el 16% del electorado de los ‘populares’, el triple del número de votantes de derecha radical que votaría a los de Feijóo en unas supuestas elecciones generales.

Fuentes socialistas consultadas por Demócrata suscriben la hipótesis de que su electorado no huye hacia Vox, sino al PP. Aseguran que, los datos que amasan, indican que su votante está desmovilizado, pero admiten que existe cierto flujo hacia los 'populares', no así hacia la formación liderada por Abascal.

La derecha, activada, la izquierda, desmovilizada

En Europa, la crisis de los refugiados de 2015 marcó un punto de inflexión para los partidos de extrema derecha. En España, lo fue el referéndum de autodeterminación catalán del 1 de octubre de 2017, coinciden los expertos. Sin embargo, Vox vive ahora un repunte gracias a una cuestión ajena a la división territorial: la inmigración se ha colado como uno de los principales problemas de los españoles.

El partido que en 2019 irrumpió en el tablero político español como el actor político más atractivo para clases altas, medias y pequeños propietarios, subraya Oliván, que estudió de cerca ese primer Vox, penetra ahora en zonas de rentas más bajas en consonancia con el aumento de la inmigración como el primer problema percibido”, apunta el politólogo a Demócrata.

¿Eso significa que en esos barrios hay trasvase electoral? La respuesta es que no, al menos no de forma significativa. Lo que ocurre es que, de forma paralela, “se han desactivado sectores de la izquierda” que pasan a la abstención, y hay otra parte de ese electorado abstencionista o que, por edad, no podía votar, que gana peso en Vox.

Si repasamos el barómetro de febrero del CIS el 12% del electorado socialista no sabe todavía a quién votará en las próximas elecciones. En Vox, la cifra baja a la mitad y en Sumar roza el 13%. Y con una izquierda desmovilizada y fragmentada, y una derecha que coge impulso activando a nuevos electores, hay respuesta al dilema.

Recuerda Oliván que, en el campo del comportamiento electoral, las leyes de hierro no existen. Todo está sujeto a cambios de ciclo, a derivadas invisibles que solo despejan las urnas. Su estudio sobre la extrema derecha española sugiere que Vox es un partido profundamente neoliberal, a mucha distancia de ese chovinismo del bienestar al que rezan sus aliados en Europa, y que le va a resultar difícil ampliar su base electoral en ese sentido.

Pero en política, esas leyes de hierro son más bien de cristal, y basta que el viento siga soplando a favor para que Vox tome el cuerpo que necesita y entre en el Palacio de la Moncloa por la puerta grande.