Un sondeo interno encargado por el PP para medir el impacto político de la llamada “prioridad nacional”, y recogido por El País, detectaría apoyo a ese concepto incluso entre votantes socialistas. De acuerdo con esa información, alrededor del 40% de los electores del PSOE respaldaría ese planteamiento incluido en los acuerdos de gobierno firmados por PP y Vox en Aragón y Extremadura.
Siempre según la información adelantada por El País, el estudio habría sido impulsado por Génova para evaluar si esa medida genera costes políticos para el PP o, por el contrario, conecta con una sensibilidad más amplia. Al tratarse de un sondeo interno no difundido públicamente con ficha técnica accesible, lo conocido hasta ahora procede de esa información periodística.
El debate gira en torno a la denominada “prioridad nacional”, una fórmula que, según Vox, implica que los españoles tengan preferencia para acceder a determinadas ayudas públicas y vivienda protegida. La publicación del sondeo añade una nueva dimensión política a una medida que ya había generado controversia jurídica y social.
Vox contra los obispos
Ese debate se ha extendido además al choque abierto entre Vox y varios obispos por ese concepto. El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, instó este lunes a los obispos que rechazan la “prioridad nacional” a desplazarse con sotana al barrio de Molenbeek, en Bruselas, al tiempo que reivindicó la cultura cristiana como símbolo de la identidad española.
La controversia llega después de días de pulso público entre la formación de Santiago Abascal y representantes de la Iglesia por los acuerdos alcanzados en Aragón y Extremadura. Distintos obispos habían reclamado empatía hacia los inmigrantes y rechazado la idea de la prioridad nacional, mientras Vox ha defendido que se trata de priorizar a los españoles en acceso a determinados recursos públicos.
En una rueda de prensa, Fúster sostuvo que sus críticas no se dirigen a la Iglesia en su conjunto, sino a “determinados obispos”, y calificó de “descabellada” la “desprotección de las fronteras, favorecer el efecto llamada y el avance del proceso de islamización de España y Europa”. En ese contexto enmarcó su emplazamiento a esos obispos a “ponerse una sotana y meterse en Molenbeek”.