Jaque al sector de bebidas espirituosas: jóvenes que consumen menos y un horizonte regulatorio más restrictivo

La industria advierte que el cóctel “tendencia a la baja” y “horizonte restrictivo” impactarían en una economía que trasciende la mera comercialización de alcohol. Diputados de la Comisión de Sanidad admiten que el texto está encallado

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Ilustración Demócrata.

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El sector de las bebidas espirituosas afronta un exigente reto: transformarse o resignarse a una pérdida progresiva de relevancia en un mercado con nuevas pautas de consumo entre los jóvenes y un horizonte regulatorio nada halagüeño para sus intereses, por ser más restrictivo. El paisaje del consumo de alcohol en España está cambiando significativamente. Las nuevas generaciones presentan mayor sensibilidad ante los efectos nocivos para su salud, lo que a su vez, impactando en una industria con un peso en el PIB del 0,17%.

Qué son

Las bebidas espirituosas son aquellas bebidas alcohólicas obtenidas mediante la destilación de productos de origen agrícola y que cuentan con una graduación mínima del 15% de volumen alcohólico. Se consideran de origen agrícola aquellas que proceden de la destilación —previa fermentación— de uno o varios productos como la uva, los cereales, la remolacha, la patata o la caña de azúcar, entre otros.

 

Los jóvenes consumen menos alcohol

Los datos más recientes sugieren que el consumo de alcohol entre los adolescentes españoles está registrando una caída generalizada. La Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025), elaborada por el Ministerio de Sanidad, muestra que las cifras de consumo entre estudiantes de 14 a 18 años se sitúan en niveles históricamente bajos.

El porcentaje de alumnos que declara haber bebido alcohol al menos alguna vez ha disminuido, al igual que las prácticas de consumo de riesgo como las borracheras o el llamado binge drinking.

Aunque el 70,6% de los encuestados en 2025 afirma haber consumido alcohol alguna vez en su vida, y el 66,8% en el año anterior a la encuesta, estos porcentajes suponen un descenso significativo frente al 74,8% y el 72,4%, respectivamente, de 2023.

ESTUDES 2025 señala que el alcohol (66,8%), los cigarrillos electrónicos (38,2%), el tabaco (19,1%) y el cannabis (14,1%) siguen siendo las drogas más utilizadas, por delante de los hipnosedantes (tranquilizantes y/o somníferos), con un 13,1%, y de la cocaína, que se sitúa en el 2,5%.

Los indicadores apuntan a un cambio de hábitos entre los adolescentes, en línea con los objetivos de prevención y salud pública impulsados en los últimos años.

Un horizonte más restrictivo

En marzo de 2025 el Gobierno aprobó en Consejo de Ministros el Proyecto de Ley de prevención del consumo de alcohol y de sus efectos en las personas menores de edad. El texto fue remitido al Congreso y, a pesar de que la ministra de Sanidad, Mónica García, pretendía una tramitación relativamente ágil, hasta el sol de hoy no solo no ha habido cambios, sino que hay voces que apuntan a posibles discrepancias con el socio mayoritario, el PSOE.

La propuesta dormita al calor de sucesivas ampliaciones del plazo de enmiendas y, según varios diputados de la Comisión de Sanidad consultados por Demócrata, la situación no prevé cambiar en el corto plazo.

De prosperar, la iniciativa impondría nuevas restricciones a la publicidad de bebidas alcohólicas y limitaría la venta en algunos entornos y espacios. En concreto, se prohibiría el emplazamiento de cualquier tipo de comunicación comercial en la vía pública en un radio de 150 metros de centros educativos, sanitarios, sociosanitarios, parques y lugares de ocio infantil.

No se permitiría la publicidad de bebidas alcohólicas, incluyendo el nombre comercial o símbolos de la empresa productora en la vía pública o en lugares visibles desde la misma. Podría permitirse el nombre comercial o la marca identificativa de empresas productoras en un perímetro que diste de 150 metros lineales de los accesos a zonas frecuentadas por personas menores de edad; lo que forzaría a muchos bares y cafeterías a cambiar el mobiliario de sus terrazas por contener publicidad de bebidas alcohólicas. Este punto cercenaría la posibilidad, incluso, de que marcas de bebidas espirituosas publicitasen sus 0,0.

El objetivo es fomentar un cambio cultural que modifique la percepción del bajo riesgo de las bebidas alcohólicas que tiene la población en general, y los menores en particular; a fin y efecto de reducir su consumo.

Para ello, además de lo antecitado, se prevé exigir que las máquinas automáticas que suministren alcohol incorporen mecanismos técnicos eficaces, con vigilancia y custodia directa; y se delegaría en las comunidades autónomas y en las administraciones locales la posibilidad de restringir el horario de venta, preferentemente, desde las 22:00 horas y hasta las 08:00 del día siguiente.

El sector advierte que el cóctel “tendencia a la baja” y “horizonte restrictivo” impactarían en la economía de una industria que trasciende la mera comercialización de alcohol

Quedaría prohibida cualquier forma de publicidad de bebidas alcohólicas dirigida a menores de edad; y toda comunicación comercial debería informar expresamente de la prohibición del consumo mediante mensajes o imágenes claras.

Además, no podrían participar en publicidades personas con menos de 21 años o mayores caracterizados; como tampoco personajes reales o ficticios cuya popularidad esté vinculada a la población menor de edad. Tampoco podrían emplearse términos ambiguos como “consumo responsable” o “moderado”.

La industria muta

El descenso del consumo juvenil plantea un desafío para un sector que, tradicionalmente, ha orientado parte de su estrategia comercial hacia el ocio social. Si bien los indicadores muestran una reducción clara, expertos señalan que el alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más consumida en España y que la mitad de los estudiantes encuestados declara haber probado alcohol en el último mes, una cifra que sigue reflejando una “amplia normalización” cultural pese a la tendencia a la baja.

El sector advierte que el cóctel “tendencia a la baja” y “horizonte restrictivo” impactarían en la economía de una industria que trasciende la mera comercialización de alcohol.

Supone un 0,17% del PIB, según datos de la Federación Española de Espirituosos, entidad que aglutina al 100% del sector productor y distribuidor de las bebidas espirituosas y productos derivados en nuestro país. Anualmente, la industria utiliza más de 200.000 toneladas de seis materias primas: cebada, maíz, endrinas, bagazo, hierbas aromáticas y uvas. En definitiva, Espirituosos insiste en que su actividad económica genera riqueza y empleo, tanto de forma directa mediante su producción y distribución (cadena de suministro), como de forma indirecta mediante el consumo (hostelería).