Un grupo de científicos de la Universidad de Granada (UGR) ha encabezado una investigación que demuestra que las cenas con un alto aporte de energía, grasa, colesterol, proteína, alcohol, carne roja y patatas fritas se vinculan con una peor calidad del sueño esa misma noche en adultos con obesidad. A su vez, este peor descanso se asocia con elecciones menos saludables en el desayuno del día siguiente en estas personas.
El estudio, difundido en la revista especializada “European Journal of Nutrition”, ha examinado cómo se conectan la alimentación y el sueño en la rutina diaria de este colectivo. Los resultados también muestran que las cenas con un mayor consumo de hidratos de carbono, pescado azul y aceite de oliva se relacionan con una mejor calidad de sueño posterior.
La investigación se ha desarrollado en el seno del grupo “PROFITH CTS-977”, perteneciente al Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) y dirigido por el catedrático Jonatan Ruiz Ruiz, en colaboración con el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), el ibs.Granada y los hospitales universitarios Clínico San Cecilio y Virgen de las Nieves de Granada.
“Analizar estas relaciones en condiciones de vida libre, fuera del laboratorio, permite acercarse mejor a la realidad cotidiana de las personas, donde intervienen múltiples factores simultáneamente”, han señalado el investigador de la UGR y primer firmante del trabajo, Juan José Martín Olmedo, y el también investigador y autor sénior, Lucas Jurado Fasoli.
Relación bidireccional entre dieta y descanso
Según ambos expertos, “este enfoque aporta una visión potencialmente más generalizable del vínculo existente entre dieta y sueño”. La investigación concluye que levantarse más tarde se asocia con una mayor ingesta energética en el desayuno, mientras que un sueño más fragmentado se relaciona con una tendencia a consumir más azúcares y menos fibra en esa primera comida del día, lo que confirma una relación bidireccional entre alimentación y calidad del descanso.
Para obtener estos datos y medir el sueño de forma objetiva, los participantes llevaron durante 14 días consecutivos un monitor de sueño (acelerómetro), periodo en el que también se registró detalladamente su ingesta de alimentos, con especial atención a la cena y al desayuno. De este modo, los autores señalan que los hallazgos podrían servir de base para diseñar futuras estrategias frente a la obesidad que integren no solo la composición de la dieta, sino también la calidad del sueño y la organización de los horarios de descanso y comidas.