El diagnóstico prenatal anticipa el abordaje y eleva la calidad de vida en cardiopatías congénitas

El diagnóstico prenatal de cardiopatías congénitas permite anticipar el tratamiento y mejorar el pronóstico, con más pacientes que llegan a la edad adulta.

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El diagnóstico prenatal de las cardiopatías congénitas hace posible modificar su evolución antes del parto y organizar con antelación el abordaje terapéutico, lo que repercute en una mejor calidad de vida de estos pacientes, tal y como destacan los cardiólogos de Hospiten Carlos Rubio-Iglesias y Javier Fernández Sarabia.

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, el próximo 14 de febrero, recuerdan que estas cardiopatías constituyen la malformación congénita más habitual, con una incidencia estimada de ocho casos por cada 1.000 recién nacidos vivos. Se trata de alteraciones del corazón o de los grandes vasos que están presentes desde el nacimiento.

Los especialistas subrayan que, gracias al progreso en el diagnóstico prenatal, la neonatología, la cirugía cardíaca y el seguimiento específico, el pronóstico de estas patologías ha cambiado de “manera extraordinaria”, de forma que en la actualidad la mayoría de los menores con cardiopatías congénitas en países desarrollados “alcanza la edad adulta”.

El especialista en Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario Hospiten Rambla, el doctor Carlos Rubio-Iglesias, precisa que estas alteraciones se originan durante las primeras ocho semanas de embarazo, en pleno desarrollo embrionario. “Su espectro es muy amplio: va desde defectos leves, que se resuelven espontáneamente y sin trascendencia para la salud, hasta malformaciones complejas que requieren cirugía en los primeros días de vida”, ha añadido.

Por su parte, el especialista en Cardiología Pediátrica de los Hospitales Universitarios Hospiten Bellevue y Hospiten Sur, el doctor Javier Fernández Sarabia, ha puesto el foco en la “calidad de vida, integración social y envejecimiento” de quienes viven con una cardiopatía congénita.

Los avances terapéuticos han propiciado que, en estos momentos, el número de personas adultas con cardiopatías congénitas sea superior al de pacientes pediátricos. “Son personas que estudian, trabajan, forman familias y envejecen, pero con necesidades médicas específicas y seguimiento especializado de por vida”, ha continuado.

Apoyo emocional y nuevas tecnologías

Rubio-Iglesias incide también en que el diagnóstico de esta patología repercute tanto en el paciente como en su núcleo familiar, y que “el impacto emocional, la incertidumbre y, en ocasiones, la sobreprotección” forman parte del proceso. En este contexto, recalca que las asociaciones de pacientes y familiares cumplen “un papel esencial” como red de apoyo, impulso de la divulgación e investigación y defensa de los derechos.

Además, tecnologías como los procedimientos percutáneos mínimamente invasivos, la impresión 3D de modelos de corazón para preparar las intervenciones o la inteligencia artificial aplicada a la imagen cardíaca apuntan a “mejorar aún más los resultados”, ha explicado.

Los especialistas coinciden en que el gran desafío no es únicamente técnico, sino también “humano y organizativo”, ya que todas las personas con esta enfermedad, con independencia de su lugar de nacimiento o de su edad, deberían “tener acceso a una atención especializada, equitativa y continuada”.