La OMS alerta de que casi un tercio de los 43 indicadores de salud de los ODS sufre una grave falta de datos

La OMS alerta de graves lagunas de datos en los indicadores de salud de los ODS, lo que dificulta medir el progreso y combatir las desigualdades.

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La OMS asegura que casi un tercio de los 43 indicadores de los ODS vinculados a la salud tienen "grave escasez de datos" GENNA PRINT/OMS

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La Región Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha realizado un análisis en el que concluye que cerca de un tercio de los 43 indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 vinculados a la salud se enfrentan a una “grave escasez de datos”. Esta carencia es especialmente acusada en determinados ámbitos, donde en más del 90 por ciento de los aspectos definidos no existe información disponible.

“Cuando nos falta el tipo correcto de datos, las comunidades más vulnerables se vuelven invisibles para los responsables de las políticas”, ha explicado la directora de Sistemas de Salud en la Región Europea de este organismo, la doctora Natasha Azzopardi Muscat. Ha recordado que los ODS “se basaron en la promesa de no dejar a nadie atrás”, algo que, ha recalcado, no puede cumplirse “sin datos precisos”.

En este escenario, la OMS habla de “lagunas de datos” para describir la situación, advirtiendo de que estas “socavan los objetivos clave relacionados con la salud”. “Esperamos que este estudio sirva como un llamado a la acción para que los Gobiernos y los socios traten los sistemas de información sanitaria como la infraestructura esencial que son”, ha añadido Azzopardi Muscat.

Cofinanciado por la Unión Europea (UE), el estudio ha analizado la distribución de los datos ausentes en los 194 Estados miembro de la OMS entre 2015 y 2024. A lo largo de este periodo, el volumen de información faltante ha variado: en 2024, 41 de los 43 indicadores registraban más del 90 por ciento de datos inexistentes, frente a los 11 indicadores que presentaban esta situación en 2019.

El informe detalla además que casi la mitad de los indicadores descansan principalmente en estimaciones modeladas, el 35 por ciento en datos comunicados por los países y el 16 por ciento en una combinación de ambos. Los indicadores construidos sobre estimaciones cubren un mayor número de Estados, lo que pone de relieve las dificultades de muchos de ellos para recopilar y reportar de forma periódica datos primarios.

Obstáculos para obtener información fiable

En relación con los factores que explican las diferencias en la disponibilidad de datos, el documento apunta que algunos indicadores abordan cuestiones sociales o políticas especialmente sensibles, como la violencia y el abuso infantil, donde la recogida y el intercambio de información se enfrentan a resistencias y limitaciones. Otros indicadores, por su parte, son conceptualmente complejos y dependen de grandes encuestas poblacionales que solo se realizan de forma esporádica.

Ante este contexto, “tenemos el mandato de los Estados miembro de recopilar y difundir estadísticas sanitarias”, ha recordado el asesor regional para datos, Inteligencia Artificial (IA) y salud digital de la Región Europea de la OMS, el doctor David Novillo Ortiz. “Sin embargo, las brechas en los datos reportados hacen que esto sea un desafío y debilita la efectividad de las decisiones políticas de los países”, ha advertido.

En su opinión, si se pretende “hacer realidad las ambiciones de los ODS y del 14º Programa General de Trabajo de la OMS”, resulta “imprescindible” una “inversión sostenida en datos oportunos y de alta calidad”. “De esta manera, se puede medir el progreso y las desigualdades no pasan desapercibidas”, ha subrayado.

Datos de calidad para decidir y rendir cuentas

La OMS incide en que los datos “precisos y oportunos” constituyen “una piedra angular de la gobernanza sanitaria mundial eficaz”. Estos “ayudan a los Gobiernos y las organizaciones internacionales a fijar objetivos claros, identificar prioridades, hacer un seguimiento de los avances y abordar las desigualdades”, destaca el organismo.

Por el contrario, “cuando los datos de salud son incompletos, desactualizados o inconsistentes, es más probable que las decisiones se basen en suposiciones más que en evidencia”, advierte el estudio, lo que “puede llevar a que los recursos sean mal dirigidos, al lento reconocimiento de las amenazas emergentes para la salud y a una débil supervisión de si las políticas están funcionando”.

El informe añade que los datos “deficientes” también “socavan la rendición de cuentas”, ya que “los Gobiernos y las instituciones no pueden demostrar claramente el progreso o explicar los contratiempos si la base de evidencia es escasa”. “Para los ciudadanos, las lagunas de datos pueden significar que se pasan por alto las necesidades sanitarias de ciertos grupos, como las mujeres, las personas mayores, los niños, las personas con discapacidad o quienes viven en la pobreza o en zonas remotas”, señala.

Como respuesta, los autores reclaman “una mayor coordinación de los datos, en particular entre los Ministerios de Salud y las oficinas nacionales de estadística”, así como “mejorar la puntualidad de los datos y abordar las persistentes deficiencias en el desglose”. Asimismo, proponen incorporar de forma rutinaria evaluaciones de los sistemas de información sanitaria “para identificar barreras políticas, técnicas y de infraestructura a la disponibilidad de datos”.