La SEN reclama implantar el Código Crisis en toda España para reforzar la atención urgente de las crisis epilépticas

La SEN reclama extender el Código Crisis a todo el país para unificar la atención urgente de las crisis epilépticas y reducir complicaciones y mortalidad.

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La Sociedad Española de Neurología (SEN) ha solicitado que el Código Crisis para la atención de las crisis epilépticas urgentes se aplique de forma homogénea en todo el país, con el fin de activar circuitos asistenciales específicos y asegurar que los pacientes reciban valoración neurológica urgente en el menor tiempo posible.

El neurólogo y coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología, Manuel Toledo, insiste en que las crisis epilépticas que requieren atención inmediata deben considerarse una patología tiempo-dependiente, puesto que la rapidez en la intervención puede ser determinante entre “una recuperación sin secuelas y la aparición de complicaciones graves”.

El Código Crisis persigue optimizar la detección, el traslado, la evaluación y el abordaje terapéutico de los pacientes con crisis epilépticas urgentes. Su correcta implantación permitiría un acceso más rápido a tratamientos agudos y fármacos anticrisis, disminuir la repetición de episodios, acortar estancias hospitalarias y mejorar el pronóstico, reduciendo de forma muy significativa el riesgo de mortalidad desde el 5,3 por ciento actual hasta menos de un 0,4 por ciento. No obstante, su despliegue sigue siendo irregular en España y la SEN insiste en que se extienda a todas las comunidades autónomas.

Coincidiendo con el Día Nacional de la Epilepsia, que se conmemora el 24 de mayo, la SEN recuerda que esta patología afecta a unas 500.000 personas en España y continúa siendo una de las enfermedades neurológicas con mayor repercusión sanitaria y social. Cada año se diagnostican alrededor de 20.000 nuevos casos, sobre todo en la infancia y en mayores de 65 años; se calcula que unos 100.000 niños conviven con epilepsia en nuestro país.

La epilepsia se define por la presencia de crisis epilépticas recurrentes, originadas por una alteración de la actividad eléctrica de las neuronas de la corteza cerebral. Aunque en el imaginario colectivo se asocia principalmente con convulsiones y pérdida de conciencia, estas formas solo representan una parte de las presentaciones clínicas. Tal y como señalan los especialistas, muchas crisis se manifiestan como ausencias, desconexión del entorno, sensaciones anómalas, alteraciones visuales, hormigueos, movimientos automáticos repetitivos o episodios breves en los que el paciente deja de responder.

Las convulsiones no son la forma más frecuente de crisis

Toledo subraya que la epilepsia no siempre se presenta con un cuadro llamativo y que únicamente entre el 20 y el 30 por ciento de las crisis epilépticas cursan con convulsiones, lo que provoca que numerosos pacientes, familiares e incluso profesionales sanitarios “no las identifiquen inicialmente como crisis epilépticas”.

Este hecho contribuye a que el diagnóstico se retrase, en algunos casos, hasta 10 años. Además, se calcula que en torno a un 18 por ciento de los diagnósticos podrían ser falsos positivos. Por ello, la SEN incide en la necesidad de una valoración neurológica exhaustiva y de pruebas específicas, en especial la monitorización video-EEG prolongada, en todos los pacientes con sospecha de epilepsia.

La enfermedad puede debutar en cualquier etapa de la vida, aunque su incidencia es mayor en la infancia y en las personas de edad avanzada. En los niños suele relacionarse con alteraciones del desarrollo cerebral o con causas genéticas, mientras que en edades avanzadas se asocia con más frecuencia a patologías cerebrovasculares, ictus, tumores, traumatismos, enfermedades neurodegenerativas u otros procesos vinculados al envejecimiento. El incremento de la esperanza de vida está favoreciendo, además, un aumento de casos en mayores de 65 años.

“El envejecimiento de la población española tendrá un impacto directo en la carga asistencial de muchas enfermedades neurológicas, incluida la epilepsia. Por ello, es previsible que la atención a la epilepsia en edades avanzadas sea un reto creciente para el sistema sanitario en los próximos años”, señala el neurólogo.

Aunque en los últimos años se han producido avances en las herramientas diagnósticas y en las opciones terapéuticas, la epilepsia mantiene un “elevado impacto” sobre la calidad de vida de quienes la padecen.

Alta carga de discapacidad, mortalidad y comorbilidades

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la epilepsia una de las patologías neurológicas con mayor carga de discapacidad y mortalidad. En Europa, las personas con epilepsia presentan una mortalidad entre 2 y 3 veces superior a la de la población general, una reducción de la esperanza de vida de entre 2 y 10 años y, aproximadamente, un 60 por ciento de los pacientes sufre además comorbilidades psiquiátricas, neurológicas o intelectuales.

“La calidad de vida de las personas con epilepsia depende en gran medida de la frecuencia y gravedad de las crisis, pero también de la rapidez con la que se alcanza un diagnóstico correcto y se pauta el tratamiento más adecuado”, recuerda Manuel Toledo.

El especialista añade que alrededor del 70 por ciento de los pacientes puede mantener controladas sus crisis con los fármacos disponibles y que cerca de un 5 por ciento es candidato a tratamiento quirúrgico.

La SEN recalca que hasta un 30 por ciento de los casos de epilepsia serían evitables actuando sobre factores de riesgo modificables. La prevención de traumatismos craneoencefálicos, el control de los factores de riesgo vascular, la vacunación y la prevención de infecciones del sistema nervioso, junto con un seguimiento adecuado del embarazo y el parto, son medidas clave para disminuir la incidencia de esta enfermedad.

Las crisis epilépticas constituyen, además, un motivo habitual de consulta urgente. En España suponen entre el 1 y el 3 por ciento de todos los ingresos anuales en los servicios de Urgencias y hasta el 20 por ciento de las atenciones neurológicas urgentes en los hospitales.

Entre las complicaciones, la más grave es el estatus epiléptico, definido como una crisis prolongada o una sucesión de crisis en la que el paciente no llega a recuperar por completo la conciencia. Representa alrededor del 10 por ciento de las crisis epilépticas urgentes y se asocia a una mortalidad cercana al 20 por ciento a corto plazo.

En un escenario en el que cerca de un 10 por ciento de la población sufrirá alguna crisis epiléptica a lo largo de su vida y alrededor de un 3 por ciento desarrollará epilepsia, Toledo insiste en la necesidad de seguir avanzando “tanto en prevención y diagnóstico como en atención urgente”.