Las enfermedades pueden pasar entre pisos por la ventilación compartida de los edificios

Un estudio en un edificio de Santander demuestra que la ventilación compartida entre baños puede propagar COVID-19 entre pisos sin contacto directo.

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Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Colorado Boulder (Estados Unidos), la Universidad de Cantabria, la Universidad de Valencia y la Universidad Concordia de Canadá concluye que las enfermedades pueden transmitirse entre diferentes apartamentos cuando comparten sistemas de ventilación.

El trabajo, publicado en la revista “Plos One”, examinó un brote de COVID-19 registrado en un edificio de Santander tras la entrada en vigor del confinamiento parcial en España el 14 de marzo de 2020. En esas fechas, los contagios en la ciudad eran casi inexistentes y seguían vigentes las normas de uso de mascarilla y mantenimiento de la distancia social. No obstante, en cuestión de días se infectaron 15 residentes de cuatro viviendas alineadas verticalmente, sin que hubiera contacto directo entre ellos.

Los investigadores determinaron que el aire que circulaba por los conductos de ventilación de los baños, compartidos entre esas viviendas, expuso a sus ocupantes al SARS-CoV-2, incluso en un contexto de baja transmisión comunitaria. En cambio, las viviendas cuyas rejillas de extracción estaban selladas o contaban con extractores individuales no registraron contagios, del mismo modo que las que no disponían de estos conductos de baño comunes.

El equipo combinó mediciones reales y modelos de simulación para analizar cómo se desplazan los aerosoles infecciosos dentro de las viviendas y entre ellas en este edificio residencial de Santander. Los resultados indican que confiar únicamente en la convección natural, o efecto chimenea, en los conductos de ventilación de los baños no evita que los contaminantes se desplacen de un piso a otro.

En particular, las personas que se encuentran en espacios cerrados con ventilación insuficiente pueden quedar expuestas a patógenos respiratorios que se transmiten por el aire a través de sistemas de ventilación interconectados.

El ingeniero David Higuera, coautor del trabajo, residía en el inmueble con su pareja y sus dos hijos pequeños. Desde el inicio sospechó que los conductos de ventilación que unían los baños eran el origen del problema. “Sabía que si lo que mi esposa y yo sospechábamos estaba sucediendo era cierto, podría tener importantes implicaciones científicas para la salud pública”, explica Higuera, quien relata que contactó con las autoridades sanitarias regionales y con los medios de comunicación, aunque al principio se topó con “muy poco interés”.

“Solemos pensar que si cerramos la puerta de nuestro apartamento, estamos a salvo y no podemos contagiarnos. Pero nuestro estudio demuestra que, dependiendo del sistema de ventilación instalado, esto podría no ser así”, señaló la autora principal, Shelly Miller, profesora emérita del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Colorado Boulder.

El análisis también mostró que las variaciones meteorológicas pueden modificar la presión del aire en el conducto de ventilación: las temperaturas más elevadas pueden invertir el sentido del flujo y hacer que el aire regrese al interior a través de las rejillas. Además, el uso de la campana extractora de la cocina podría intensificar la propagación, al succionar en pocos minutos casi todo el aire procedente de un baño vecino hacia otro apartamento.

“La vía de transmisión más plausible para este brote fue el sistema de conductos de ventilación vertical del baño”, concluyen los autores.