Las UCI españolas, preparadas para casos de hantavirus sin aislamientos especiales, según la SEMICYUC

La SEMICYUC afirma que las UCI españolas pueden manejar casos de hantavirus sin aislamientos especiales, con soporte vital intensivo como base del tratamiento.

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El coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas y Sepsis de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), el doctor Borja Suberviola, ha explicado, tras el brote de hantavirus detectado en el crucero de lujo 'MV Hondius' con destino final en Canarias, que los Servicios de Medicina Intensiva en España “están preparados” para atender a posibles pacientes, quienes no requerirían un aislamiento específico.

“En general, no es necesario aislar zonas completas de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), ya que la transmisión persona-persona es extremadamente rara”, ha indicado, señalando además que “en la mayoría de los casos, basta con aplicar precauciones estándar y de contacto”. También ha recalcado que “no se requieren medidas de aislamiento de alto nivel como en el caso de otras patologías altamente contagiosas como, por ejemplo, la fiebre hemorrágica generada por la infección por el virus del Ébola”.

No obstante, ha puntualizado que el personal sanitario debe mantener una serie de medidas de protección, “incluyendo higiene de manos, uso de guantes y protección respiratoria en procedimientos que generen aerosoles”, unas pautas que “son suficientes para prevenir la transmisión en el entorno hospitalario”. Según ha añadido, estas actuaciones “no suelen implicar restricciones relevantes para otros pacientes o familiares más allá de las normas habituales de control de infecciones plenamente instauradas en las UCI”.

Suberviola ha recordado que las infecciones por hantavirus “son poco comunes y no se transmiten con facilidad”, aunque su potencial gravedad hace necesaria una vigilancia estrecha y cuidados avanzados, motivo por el que los afectados ingresan en UCI y son los médicos intensivistas quienes asumen su manejo. Ha detallado que “suelen presentar dos cuadros principales: el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), de mayor gravedad y peor pronóstico, predominante en América; y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), más frecuente en Europa y Asia”.

Sin tratamiento farmacológico eficaz y con soporte vital como base

En relación con las opciones terapéuticas, el especialista ha señalado que actualmente “no existe un tratamiento farmacológico efectivo”. Ha precisado que “la ribavirina ha mostrado cierto beneficio en la FHSR, si se administra precozmente, pero no ha demostrado eficacia clara en el SCPH, en el que el tratamiento se fundamenta en el soporte vital del paciente”, y ha remarcado que “no existe indicación para el uso de antibióticos de forma rutinaria, ya que se trata de una infección viral”.

Según ha descrito, “este soporte incluye el tratamiento del 'shock' mediante fluidoterapia y fármacos vasopresores, el soporte respiratorio mediante el empleo de ventilación mecánica y de la disfunción renal con el uso de técnicas de sustitución renal”. Ha añadido que, “en casos de especial gravedad, puede llegar a ser necesario el empleo de soporte mediante membrana de oxigenación extracorpórea (ECMO)”.

El intensivista ha advertido asimismo de que “la mortalidad puede llegar a ser significativamente elevada, pero depende de diversos factores, como el tipo de infección que presente el enfermo”. En este sentido, ha señalado que “el SCPH presenta una mortalidad que puede llegar a alcanzar el 30-40 por ciento, mientras que la FHSR suele ser menor”.

Al comparar el abordaje de estos cuadros con el de la Covid-19, ha comentado que existen similitudes “en el sentido de que ambas pueden cursar una insuficiencia respiratoria grave y requerir, en algunos casos, soporte con ventilación mecánica e incluso ECMO”. Sin embargo, ha subrayado que el hantavirus “no presenta transmisión comunitaria sostenida ni se han desarrollado para su tratamiento fármacos antivirales eficaces”.

Por último, ha insistido en que “la detección precoz es crucial porque no existe un tratamiento eficaz y este se basa en el soporte vital en UCI”. Esta identificación temprana “permite anticipar el deterioro clínico y trasladar al paciente a la UCI antes de que presente la fase de insuficiencia respiratoria grave”, ha concluido, destacando que “el inicio temprano de soporte hemodinámico y respiratorio ha demostrado mejorar la supervivencia en estos casos”.