Lavar los huevos antes de guardarlos elimina su protección natural y aumenta el riesgo de contaminación

Una experta en Nutrición advierte de que lavar los huevos antes de guardarlos elimina su barrera natural y detalla cómo manipularlos con seguridad.

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La profesora de Nutrición de la Universidad Europea de Madrid, Luisa Solano, ha alertado de que enjuagar los huevos antes de meterlos en la nevera es un hábito muy extendido pero contraproducente. Al hacerlo, se elimina la cutícula, una fina capa protectora que sella los poros de la cáscara y bloquea la entrada de microorganismos, dejando el interior del huevo más expuesto a posibles contaminaciones.

Solano ha subrayado la importancia del huevo en la dieta, "fuente de proteínas de alto valor biológico que aporta todos los aminoácidos esenciales". Por esta razón, su proteína se ha utilizado tradicionalmente como "patrón de referencia" para comparar la calidad proteica de otros alimentos. Además de su aporte proteico, el huevo se considera un alimento de gran calidad por su contenido en vitaminas y carotenoides, así como otros nutrientes clave para el organismo.

En este escenario, la especialista ha incidido en que determinados errores cotidianos pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria. Ha recordado que los huevos deben limpiarse en seco o, si es necesario, lavarse justo antes de utilizarlos. Asimismo, recomienda conservarlos siempre en el frigorífico, de modo que dejarlos a temperatura ambiente constituye otro fallo habitual en su manipulación.

La experta también ha advertido de que cascar el huevo directamente sobre otros alimentos "puede favorecer la contaminación cruzada". Por ello, aconseja romperlo primero en un recipiente limpio y, solo después, incorporarlo a la receta. Del mismo modo, insiste en mantener una higiene rigurosa de manos y utensilios de cocina, y en guardar los huevos en su envase original, ya que "facilita la absorción de olores" y permite conservar los datos de trazabilidad y la fecha de consumo preferente.

Aunque la fecha de consumo orienta sobre su vida útil, Solano ha recalcado que conviene comprobar siempre su estado con los sentidos. "Un olor desagradable, una clara excesivamente líquida o una yema que se rompe con demasiada facilidad son señales inequívocas de que el huevo ya no es apto para el consumo y debe desecharse", ha explicado.

Según Solano, incorporar estas pautas sencillas a la rutina diaria en la cocina ayuda no solo a minimizar riesgos innecesarios para la salud, sino también a garantizar que se aprovechen plenamente los beneficios nutricionales de uno de los alimentos más completos.