La OMS concluye que 22 millones de personas murieron por covid, tres veces más que la cifra oficial

Entre el impacto real de la pandemia y las desigualdades globales, la OMS revela un balance sanitario que cuestiona las cifras oficiales y la preparación del mundo ante futuras crisis.

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El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una imagen de archivo Europa Press/Contacto/Lian Yi

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha concluido que el covid-19 habría causado alrededor de 22,1 millones de muertes en todo el mundo, un dato que triplica ampliamente los recuentos oficiales de los países, que sitúan el balance en unos 7 millones.

Según su informe estadístico anual, solo en 2021 la pandemia pudo haber provocado hasta 10,4 millones de muertes adicionales, no solo por el virus en sí, sino por el colapso de sistemas sanitarios, retrasos en la atención médica y las consecuencias sociales y económicas de la crisis global.

Es decir, no solo murió quien no sobrevivió al virus, sino también quien no pudo ser atendido a tiempo, quien vio interrumpidos sus tratamientos o quien quedó atrapado en sistemas sanitarios desbordados.

Un retroceso histórico en salud global

El informe de la OMS también confirma otro golpe silencioso. El retroceso en la esperanza de vida mundial. Tras décadas de mejora sostenida, la media global cayó de 73 años en 2019 a 71 en apenas dos años, regresando a niveles de hace más de una década.

La llamada “esperanza de vida saludable” también descendió, reflejando no solo más muertes, sino más años vividos con enfermedad o discapacidad.

Aunque algunos indicadores se han recuperado, el impacto sigue marcando una cicatriz estadística que tardará años en cerrarse.

Luces y sombras

El informe no solo dibuja un escenario de pérdida. También señala avances significativos en la última década. Por ejemplo, menos infecciones de VIH a nivel global, una educción del consumo de alcohol y tabaco y la expansión del acceso a agua potable, saneamiento e higiene para miles de millones de personas.

Pero estos progresos conviven con problemas estructurales que no desaparecen, como el aumento de la malaria en varias regiones, la persistencia de la anemia en mujeres en edad fértil, violencia machista que afecta a una de cada cuatro mujeres u obesidad infantil en ascenso en menores de cinco años.

El propio director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha resumido el diagnóstico con una frase que no deja lugar a ambigüedades: Es una historia de progresos y de desigualdad”.

La falta de datos

Más allá de los resultados sanitarios, el informe lanza otra advertencia estructural: el mundo sigue midiendo mal su propia salud.

A finales de 2025, solo una cuarta parte de los países había reportado datos completos de mortalidad al organismo. Y apenas un tercio de las muertes registradas incluía causa de fallecimiento.

Sin datos fiables, advierte la OMS, no hay política sanitaria eficaz. Y sin política eficaz, las crisis futuras —pandemias incluidas— se gestionan a ciegas.