Las principales sociedades de pediatría han respaldado el anuncio del ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años y limitarla en el caso de los menores de 18. Consideran que se trata de una medida “necesaria y coherente” con la evidencia científica disponible.
Este posicionamiento ha sido expresado por la Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de su Comité de Salud Mental (CSM-AEP), la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP).
Los especialistas recuerdan que el consumo habitual de estas bebidas entre adolescentes se relaciona con insomnio, ansiedad, irritabilidad, cefaleas y alteraciones cardiovasculares y metabólicas. Añaden que su ingesta frecuente puede generar dependencia a la cafeína y favorecer el sobrepeso, la aparición de caries y el desarrollo de diabetes tipo 2. Cuando se combinan con alcohol, aumenta el riesgo de intoxicaciones y de conductas peligrosas.
De acuerdo con la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025, el 38 por ciento de los alumnos de 14 a 18 años declaró haber tomado bebidas energéticas en el último mes. Además, cerca del 20 por ciento reconoció haberlas consumido mezcladas con alcohol en ese mismo periodo.
La coordinadora del Comité de Salud Mental de la AEP, Paula Armero, subraya que limitar el acceso de los menores constituye una “medida de protección” frente a un “problema de salud pública que preocupa a los pediatras”, ya que estos productos concentran altas cantidades de cafeína, azúcares y otros estimulantes con efectos “especialmente perjudiciales en cerebros aún en desarrollo”.
Investigaciones recientes apuntan, además, a que los adolescentes que consumen bebidas energéticas de forma habitual tienen mayor probabilidad de implicarse en conductas de riesgo y de iniciar el consumo de alcohol u otras sustancias en el futuro. “La facilidad de acceso y la normalización de su consumo han contribuido a que muchos jóvenes subestimen sus riesgos”, ha señalado Armero.
Respecto a la mezcla con alcohol, la coordinadora del grupo de trabajo de Intoxicaciones de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), Lidia Martínez, indica que desde los servicios de Urgencias lo observan “con preocupación”. “La percepción de que estas bebidas 'compensan' los efectos del alcohol es errónea y puede retrasar la identificación de una intoxicación grave”, ha advertido.
Además de la regulación, los pediatras recalcan la necesidad de reforzar la información sobre los riesgos asociados y destacan la labor preventiva que llevan a cabo en las consultas, tanto de Atención Primaria como hospitalarias, para sensibilizar a menores y familias acerca de sus efectos nocivos.
REGULAR LA VENTA DE VAPEADORES
Los profesionales recuerdan que al consumo de bebidas energéticas se suma el auge de los vapeadores, en ambos casos con una edad de inicio cada vez más temprana. El estudio piloto de la encuesta ESTUDES 2023, realizado entre estudiantes de 12 y 13 años, refleja que cerca del 40 por ciento consume bebidas energéticas y que el 25 por ciento ha vapeado alguna vez.
“Estamos observando un inicio cada vez más precoz en el consumo de estas sustancias estimulantes”, ha advertido la doctora Ana Rodríguez, del grupo de Intoxicaciones de la SEUP. “Cuanto antes se inicia el consumo, mayor es el riesgo de que se consoliden patrones problemáticos en la adolescencia”, ha apuntado.
En la encuesta ESTUDES 2025, más del 27 por ciento de los estudiantes de 14 a 18 años afirmó haber utilizado vapeadores. En este sentido, los pediatras recuerdan que la evidencia científica indica que el uso de estos dispositivos en edades tempranas incrementa la probabilidad de iniciarse posteriormente en el tabaco convencional y en otras adicciones.
Detallan que los vapeadores contienen nicotina y otras sustancias potencialmente tóxicas que dañan pulmones, corazón y cerebro. La nicotina posee un fuerte poder adictivo y repercute directamente en el desarrollo cerebral del adolescente, con impacto sobre la atención, el aprendizaje y el control de las emociones.
A corto plazo, sus efectos sobre las vías respiratorias se asemejan a los del humo del tabaco. Paralelamente, diversos análisis han puesto de manifiesto que algunos dispositivos comercializados como “libres de nicotina” incluyen nicotina u otros compuestos potencialmente tóxicos, lo que aumenta el riesgo de adicción y contribuye a infravalorar el peligro real.
Desde Urgencias Pediátricas, la doctora Lidia Martínez ha alertado del uso de vapeadores con cannabis o cannabinoides sintéticos o semisintéticos, un fenómeno en expansión, incluso en el ámbito escolar, favorecido por una “falsa sensación de inocuidad”. En realidad, ha explicado, su consumo puede desencadenar brotes psicóticos, alteraciones neurológicas y arritmias cardíacas que requieren atención urgente.
Los pediatras también advierten del riesgo de intoxicación por la ingestión accidental de los líquidos de los vapeadores, capaces de provocar desde taquicardia y vómitos hasta convulsiones, insuficiencia respiratoria e incluso la muerte en los casos más graves. Asimismo, recalcan que el llamado “vapeo pasivo” no es inocuo y puede afectar a menores y personas especialmente vulnerables.
En conclusión, los expertos insisten en que la exposición temprana a la cafeína y a la nicotina puede ser “la puerta de acceso a otras sustancias”, por lo que reclaman seguir reforzando las políticas de prevención y protección “para evitar que estos hábitos se consoliden como parte del ocio juvenil”.