Vivir en entornos donde el ruido procedente del transporte es especialmente intenso se asocia con un mayor riesgo de padecer eventos cardíacos adversos graves. Así lo indica una investigación dirigida por el doctor Jad Ardakani, miembro del Hospital Metodista de Houston (Estados Unidos).
Este tipo de contaminación acústica "suele pasarse por alto, pero puede representar una exposición modificable con importantes implicaciones para la salud pública", ha puesto de manifiesto Ardakani, quien ha añadido que los "hallazgos" obtenidos "sugieren que el ruido ambiental debe considerarse junto con los factores de riesgo cardiovascular más tradicionales".
El especialista ha defendido este planteamiento durante la reciente Sesión Científica Anual del Colegio Estadounidense de Cardiología (ACC, por sus siglas en inglés), celebrada en Nueva Orleans, donde ha subrayado que es "fundamental" analizar la exposición individual al ruido "y buscar maneras de reducirla".
El equipo investigador propone aplicar medidas específicas para disminuir la exposición al ruido generado por el tráfico rodado, ferroviario y aéreo. Estas actuaciones podrían convertirse en una nueva prioridad tanto para la planificación urbana como para la mejora de la salud cardiovascular de la población. Trabajos anteriores ya habían demostrado que este tipo de ruido puede activar una respuesta de estrés en el organismo que, a largo plazo, deriva en efectos perjudiciales para la salud.
En esta línea, un estudio reciente publicado en la revista especializada 'JACC: Advances' concluye que la exposición continuada al ruido del tráfico rodado se vincula con un incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad por cualquier causa. El estudio liderado por Ardakani se apoya, además, en una de las cohortes más amplias y diversas analizadas en Estados Unidos hasta el momento.
Para ello, se revisaron los historiales médicos de más de 1,2 millones de personas adultas residentes en el área metropolitana de Houston entre 2016 y 2023. Paralelamente, se utilizó el Mapa Nacional de Ruido del Transporte, elaborado por el Departamento de Transporte estadounidense, con el fin de estimar el nivel de exposición al ruido según la dirección del domicilio.
La exposición al ruido en el hogar inferior a 45 decibelios se consideró baja; entre 45 y 54 decibelios, moderada; y a partir de 55 decibelios, alta. Aunque un nivel de 55 decibelios —similar al de una conversación normal o música ambiental— no provoca daño auditivo, sí puede generar otros efectos fisiológicos y alterar el sueño, especialmente cuando es constante o escapa al control de la persona afectada.
Tráfico rodado, ferrocarril y aviación
Los resultados muestran que quienes residen en zonas con elevados niveles de ruido de transporte presentan un 17 por ciento más de probabilidades de fallecer por cualquier causa, sufrir un infarto o un ictus, o precisar una revascularización coronaria. El ruido intenso del tráfico rodado se asocia con un aumento del riesgo del 17 por ciento; la combinación de ruido elevado de carretera y aviación, con un incremento del 16 por ciento; y el ruido ferroviario, con un 10 por ciento más de riesgo.
Asimismo, los autores han detectado que, aunque el ruido del tráfico rodado mantiene la relación global más marcada con los eventos cardiovasculares adversos, el riesgo adicional no se comporta de la misma manera en todos los tipos de transporte. Cada subida de 10 decibelios en el ruido del ferrocarril se vincula con un aumento del 14 por ciento en el riesgo, frente al 3 por ciento asociado a un incremento similar en el ruido del tráfico rodado.
"El ruido del ferrocarril es particular porque es fuerte e intermitente", ha asegurado Ardakani, que ha agregado que "esos ruidos repentinos, sobre todo de noche, pueden ser perjudiciales para el organismo, aunque la gente los perciba como ruido de fondo". "La vibración asociada al ruido ferroviario también podría tener efectos biológicos que no se observan con el ruido de la carretera", ha finalizado.