Sanidad

Un estudio revela cómo dudar de las propias dudas refuerza los grandes objetivos vitales

Un estudio de la Universidad Estatal de Ohio muestra que aprender a dudar de las propias dudas puede reforzar el compromiso con los grandes objetivos vitales.

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Cumplir objetivos, año nuevo, 2026 BAONA

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Inducir dudas sobre las propias dudas puede reforzar el compromiso con los objetivos personales a largo plazo y, en consecuencia, facilitar su consecución, según una investigación de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos). El trabajo plantea que poner en tela de juicio la validez de las inseguridades internas puede consolidar la determinación para lograr metas de identidad, especialmente aquellas ligadas a lo que una persona desea llegar a ser en su vida.

El estudio, publicado en la revista “Self and Identity”, está encabezado por el profesor de Psicología Patrick Carroll. Su interés se centraba en averiguar qué ocurre cuando las personas atraviesan lo que se conoce como “crisis de acción” al avanzar hacia un objetivo de identidad, es decir, una meta a largo plazo enfocada en quién se quiere llegar a ser.

Qué es una crisis de acción

Una “crisis de acción” describe un conflicto interno en el que la persona no tiene claro si desea continuar persiguiendo una meta. Por ejemplo, querer convertirse en médico puede ser un objetivo de identidad que, debido a las exigencias y el esfuerzo necesarios, desencadene una crisis de acción.

El trabajo muestra que, cuando a quienes estaban inquietos por alcanzar una meta de identidad se les inducía a experimentar lo que se denomina duda metacognitiva, terminaban implicándose más con su objetivo.

“Lo que encontró es que inducir dudas en las propias dudas puede proporcionar una fórmula para la confianza. Cuando se persiguen objetivos de identidad, inevitablemente surgen obstáculos. Puede llegar un punto en que el obstáculo sea lo suficientemente grande como para generar dudas sobre si se debe continuar”, señala Carroll.

Hasta ahora, la mayor parte de los estudios sobre este tema se habían centrado en esas dudas iniciales y en cómo influyen en la decisión de seguir adelante o abandonar una meta. Sin embargo, apoyándose en trabajos previos de otros autores, Carroll decidió fijarse en la duda metacognitiva, entendida como el grado de certeza que una persona siente respecto a la validez de sus propios pensamientos.

En el contexto de esta investigación, alguien puede albergar dudas sobre si será capaz de lograr su objetivo. Pero la cuestión clave es qué ocurre cuando se le invita a preguntarse si esas dudas están realmente justificadas.

Un experimento con casi 300 participantes

Carroll llevó a cabo dos estudios. En el primero participaron 267 personas de forma online. En una primera fase, completaron una escala de crisis de acción relativa a su objetivo personal más importante. Esta escala incluía ítems como “Dudo si debería seguir luchando por mi objetivo o desvincularme de él”, que los participantes valoraban en una escala que iba de “totalmente en desacuerdo” a “totalmente de acuerdo”.

Después se les indicó que iban a tomar parte en un segundo experimento, supuestamente independiente, sobre el impacto de ejercicios de escritura memorística. A la mitad se les pidió que redactaran un texto sobre un momento en el que se sintieron seguros de su forma de pensar. La otra mitad debía escribir sobre una ocasión en la que experimentaron dudas respecto a su propio pensamiento.

Una vez terminado el ejercicio de escritura, todos los participantes evaluaron hasta qué punto se sentían comprometidos con la consecución de su objetivo personal más importante, usando una escala que iba de “nada comprometido” a “muy comprometido”.

Duda más duda, menos duda

Los resultados mostraron que el ejercicio de escritura logró modificar el nivel de seguridad o de duda que las personas sentían sobre sus pensamientos en relación con su objetivo de identidad, pese a que la tarea de escritura no guardaba una conexión explícita con sus metas.

El patrón fue el siguiente: quienes ya dudaban de su objetivo de identidad y escribieron sobre una experiencia en la que se sintieron seguros terminaron mostrando menor compromiso con su meta. Dicho de otro modo, el ejercicio les dio más confianza en sus dudas sobre la posibilidad de alcanzar el objetivo.

En cambio, las personas que dudaban de su meta y escribieron sobre una vivencia en la que sintieron incertidumbre respecto a su pensamiento acabaron demostrando un mayor grado de compromiso. Reflexionar por escrito sobre la duda les llevó a cuestionar sus propias dudas sobre el logro de su objetivo.

En apariencia, podría esperarse que la duda se acumule: más duda genere todavía más duda. Sin embargo, este estudio puso de manifiesto el efecto contrario: combinar duda con duda puede reducir la duda.

Carroll replicó estos resultados en una segunda investigación, con 130 estudiantes universitarios, utilizando un método distinto para provocar la duda. En este caso, aplicó una técnica desarrollada por investigadores de la propia Universidad Estatal de Ohio, en la que los participantes rellenaban la escala de crisis de acción con la mano no dominante.

“Investigaciones anteriores mostraron que el uso de la mano no dominante lleva a los participantes a tener dudas sobre sus propios pensamientos porque usan su escritura temblorosa como una señal de que sus pensamientos deben ser inválidos”, afirma Carroll. Y eso es exactamente lo que descubríon este estudio.

En ambos trabajos, el equipo constató que inducir duda metacognitiva puede llevar a las personas a poner en cuestión sus propias dudas. En la vida cotidiana, sin embargo, no siempre es sencillo generar este tipo de dudas sobre las propias inseguridades. Una de las razones por las que funcionó en el laboratorio es que los participantes no eran conscientes de que la manipulación de la duda estaba vinculada a sus vacilaciones sobre el objetivo.

Este enfoque podría ser más eficaz si es otra persona (un terapeuta, un docente, un amigo o un progenitor) quien ayude a alguien a revisar críticamente sus pensamientos y dudas. “No quieres que la persona sea consciente de que estás obligándola a cuestionar sus dudas sobre sus objetivos”, explica Carroll, quien subraya que esta técnica debe aplicarse con prudencia, ya que un uso excesivo o inadecuado podría minar el buen juicio.